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Monasterio de Santa María de Valbuena

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Monasterio de Santa María de Valbuena

El monasterio de Santa María de Valbuena se halla en plena ribera del Río Duero, dentro del término de Valbuena de Duero, cerca del poblado de San Bernardo, en la provincia de Valladolid, comunidad autónoma de Castilla y León, España. Es un monasterio cisterciense fundado en el siglo XII por Estefanía de Armengol, nieta del Conde Ansúrez‏‎, cuyos primeros monjes vinieron de la abadía francesa de Berdona (Berdoues en francés) que a la vez era filial de la Abadía de Morimond.

Tras muchos avatares a lo largo de su historia, pasando por la Desamortización de Mendizábal, sólo se mantuvo activa su iglesia, la cual fue parroquia del nuevo poblado de San Bernardo, por lo que se conserva en muy buen estado. En 1967, el Arzobispado de Valladolid compró a los propietarios del momento los edificios monacales y a finales de los años 1990 los cedió a la Fundación de Las Edades del Hombre para establecer en ellos la sede.

Historia

El 5 de Febrero de 1143, Estefanía de Ermengol,[1] nieta del conde Ansúrez (señor y repoblador de Valladolid) fundó un monasterio a orillas del río Duero, no muy lejos de la propia Valladolid, con voluntad de que lo gobernaran los monjes benedictinos, y al que dotó con la concesión del núcleo de Valbuena y Mombiedro.

Ego Stephania, humilis comitissa, bona memora, Armengoldi Comitis filia, quia iustium est xenodochia construere monasteri […] Facta carta in Vallebona. Era M.C.L.XXXI, mense februario XV kalendas, martis…

El monasterio fue consagrado a Santa María, como era costumbre en los monasterios del Císter, y como segundos titulares a, San Martín de Tours, San Silvestre y Todos los Santos.

En 1151 llegaron los monjes benedictinos cistercienses de la abadía francesa de Berdona para repoblar la zona y hacerse cargo del monasterio. Su primer abad se llamó Martín, a quien sucedió en 1151, Ebrardo, también monje francés y en 1163 bajo el reinado de Alfonso VIII, el abad Guillermo. Desde su fundación, el monasterio de Valbuena dependió siempre de esta abadía francesa, hasta que en 1430, con la reforma de la Congregación de Castilla[2] pasó a depender del monasterio de Poblet.

Fue una de las primeras fundaciones cistercienses que tuvieron lugar a lo largo de la geografía de Castilla y León y de ella saldrían monjes para regentar y repoblar nuevas fundaciones. Este monasterio tuvo como filiales y bajo su autoridad otros centros:

  • Monasterio de Santa María de Aguiar en Portugal.
  • Monasterio de Santa María de Palazuelos, en Corcos de Aguilarejo.
  • Monasterio de Santa María de Matallana (del cual sólo quedan se conservan ruinas, que se pueden visitar).
  • Monasterio de Santa María de Bonaval, en Toledo.
  • Monasterio de Santa María de Rioseco, en Burgos.

Desde su fundación y a lo largo de todo el siglo XII, el monasterio gozó de una serie de privilegios por parte del Papa, de los reyes y de muchos nobles, además de donaciones sustanciosas, todo lo cual contribuyó a su engrandecimiento y prosperidad, contando con la laboriosidad de los monjes y su buena administración de los bienes y propiedades. A partir del siglo XIII las donaciones continuaron, pero en menor medida, a la par que comenzó una lenta decadencia, que fue superada en el siglo XV, cuando en 1430, Martín de Vargas, clérigo jerezano maestro en Teología, fue nombrado abad del monasterio por Juan II y por Gutierre Álvarez de Toledo, obispo de Palencia. Martín de Vargas aplicó la reforma española de la Congregación de Castilla, que había sido fundada tres años antes en el Monasterio de Montesión, en las proximidades de Toledo. Desde este momento Valbuena dejó de depender del monasterio de Berdona y se hizo filial del monasterio de Poblet. Es en esta ocasión cuando cambió su nombre, pasando a llamarse monasterio de San Bernardo de Valbuena.[3]

En los siglos XVI y XVII se mantuvo con bastante actividad y en el XVIII entró en decadencia, hasta llegar al Siglo XIX, cuando desapareció como monasterio con la Desamortización de Mendizábal, poniéndose a la venta todas las dependencias, salvo la iglesia, que continuó funcionando como parroquia. El monasterio fue comprado por el barón Kessel, que lo vendió a otro particular llamado Juan Pardo, el cual mantuvo la finca y los edificios hasta que en 1950, el Instituto Nacional de Colonización lo compró para realizar el proyecto de instalar un poblado con 84 colonos de La Alcarria, procedentes del pueblo de Santa María de Poyos que había sido inundado por el Embalse de Buendía.

En 1954, la iglesia, que todavía dependía de la Diócesis de Palencia, pasó a manos de la Archidiócesis de Valladolid y años más tarde, en 1967, el arzobispado vallisoletano adquirió la propiedad de los edificios monacales. A finales de los años 1990, el arzobispado cedió estos edificios para que sirvieran como sede a la nueva Fundación de Las Edades del Hombre. Tras una gran obra de restauración y remodelación de los edificios, que duró dos años y que fue llevada a cabo bajo las trazas y dirección del arquitecto Pablo Puente, pudo ponerse en marcha la fundación.

El conjunto monástico

El conjunto constaba de iglesia, claustro (con todas sus dependencias), hospedería, dormitorios, zona de conversos y todos los demás departamentos propios de un monasterio cisterciense. La iglesia fue tomando forma a lo largo del siglo XII y las dependencias monacales siguieron construyéndose ya entrado el siglo XIII. Estaba rodeado de una cerca.

La iglesia

Se llega a la puerta principal situada a los pies a través de un camino empedrado donde se levanta una cruz de piedra.

Exterior del edificio. El edificio está construido en piedra muy buena de sillería, reforzado por contrafuertes prismáticos en su lado norte. A lo largo del alero corre una hilada de canecillos simples sin ninguna escultura y en el ábside central, justo por debajo de los ventanales, corre una moldura que lo divide en dos hemiciclos. Al exterior, los ábsides laterales menores apenas muestran su forma circular por estar casi tapados por las dos capillas laterales cuadradas que fueron adosadas en el siglo XIII. En el muro norte, en la zona correspondiente al crucero puede verse una puerta ojival tapiada, que en el interior está tapada por un retablo barroco. Fue la puerta de salida cuando iban a enterrar a algún monje. El lugar de enterramiento era la zona de los ábsides. Por encima de esta puerta hay dos arcos doblados de medio punto muy peraltados que cobijan un gran óculo de luz. La puerta principal de acceso se encuentra en el testero de poniente, a los pies del templo. Es una puerta austera con arquivoltas de arcos apuntados y sin adornos, típica del císter. Por encima hay un gran arco que también enmarca un óculo o rosetón con molduras muy simples.

Interior del edificio. Tiene planta de cruz latina, con tres naves, de mayor altura la central. Consta de cuatro tramos más el crucero que está pegado a la cabecera y que sobresale en planta. Las bóvedas de las naves son de crucería simple y se apoyan en arcos apuntados que a su vez se apoyan en gruesos pilares cruciformes. Estos pilares se ven reforzados por ocho semicolumnas adosadas y cuatro columnas acodilladas. Todas estas columnas y semicolumnas van coronadas por capiteles vegetales que se adornan con hojas de palma o de acantos con bolas, muy austeros como corresponde a una ornamentación cisterciense.

La cabecera se compone de tres ábsides semicirculares siendo más desarrollado el central que está cubierto por bóveda de cuarto de esfera. En los extremos están los dos absidiolos de planta cuadrada añadidos en el siglo XIII. Estos espacios están cubiertos por Bóveda de Crucería. El hueco de los ventanales abocinados está tapado con alabastro. En el ábside central está la capilla mayor donde se muestra un retablo barroco. En el centro del crucero se levanta un cimborrio que se apoya en trompas.

Existe un coro alto a los pies cuya construcción del siglo XVI dio como consecuencia una altura inferior en los dos primeros tramos de la iglesia. Antes de este añadido, esta parte de la iglesia correspondía a los conversos.

Capillas y retablos

La capilla mayor del presbiterio tiene un retablo barroco del siglo XVIII, atribuido a Pedro de Correas. En el centro hay un baldaquino exento donde está colocada una imagen de la Virgen de la Asunción. Sobre la imagen aparece un ángel volandero en actitud de coronar a la Virgen, dando una impresión teatral como corresponde al barroco. Por detrás del baldaquino está el retablo que se adapta perfectamente al ábside. En el cuerpo bajo hay cuatro figuras de tamaño natural que representan a Bernardo de Claraval‏‎, Anselmo de Canterbury, Ildefonso de Toledo y Pedro Damián.

En el lado del Evangelio (nave norte de la iglesia) hay cuatro retablos barrocos del siglo XVIII. El primero está atribuido a Pedro de Correas y alberga un relieve central con el tema de San Bernardo recibiendo la leche de la Virgen. Este relieve es de la primera época del escultor Gregorio Fernández. El segundo retablo también se atribuye a Pedro de Correas. En el centro está la imagen de San Raimundo, del siglo XVIII. El tercer retablo es parecido al anterior pero con la imagen de San Roberto. El último retablo de este lado tiene un gran relieve con el tema de la Sagrada Familia‏‎, atribuido también a Gregorio Fernández.

La primera capilla de la cabecera solo muestra un Cristo del siglo XVI, atribuido a algún seguidor de Alonso Berruguete. La segunda capilla tiene un retablo barroco de mediados del siglo XVIII, con esculturas exentas de santos cistercienses. A ambos lados del cuerpo central se encuentran en total 10 bustos relicarios.

En el lado de la Epístola (nave sur de la iglesia), la primera capilla de la cabecera tiene un retablo del siglo XVIII que alberga una inmaculada que sigue la iconografía del escultor Gregorio Fernández. En los laterales pueden verse las imágenes de San Joaquín y Santa Ana.

Capilla del Tesoro

Se la conoce también como capilla de San Pedro. Es una capilla del siglo XIII, de planta alargada y ábside trapezoidal que se encuentra fuera de la planta de la iglesia, en el lado sur a la que se accede a través del absidiolo sur de la cabecera. La palabra tesoro hace referencia a un pequeño aposento o hueco situado en lo alto. Tiene tres tramos con bóveda de crucería. Se cree que sirvió de capilla funeraria y todavía conserva algunos sarcófagos de piedra. Lo más importante de esta capilla son las pinturas murales, góticas, que se encuentran adornando las paredes de tres de los sarcófagos. En restauraciones recientes de finales del siglo XX se han podido recuperar bastante. Los temas ilustrativos son combates entre caballeros cristianos y musulmanes, representaciones religiosas, como la Adoración de los Reyes Magos, y las figuras de un rey y una reina de nombre Urraca, rodeados de pajes.


El claustro

Desde el tramo próximo al crucero por la parte sur, se accede al claustro por una puerta llamada puerta de los monjes. El claustro o patio consta de dos alturas siendo la de abajo del siglo XIII y la superior del XVI. Las galerías o pandas están divididas por arcos fajones en seis tramos cuadrangulares más el tramo común de las esquinas, cubriéndose con bóveda de crucería. Las arquerías del piso bajo constan de tres arcos de medio punto inscritos en otro arco apuntado, de descarga, en cuyo tímpano se abre un pequeño rosetón. Las columnas son dobles y su fuste es de una pieza. Los capiteles presentan temas vegetales.

En el piso alto se da la decoración de finales del gótico junto con la incipiente renacentista. Los arcos son de medio punto y en sus dovelas y en el intradós se ve una decoración de tallas floreadas. En las enjutas se tallaron con buena mano unos medallones con rostros de personajes; uno de esos medallones representa una calavera,[4] símbolo muy frecuente en el Renacimiento. El claustro también fue motivo de restauración cuando se hicieron las obras del resto de las dependencias del monasterio en el año 2001.

La Sala Capitular está ubicada en la panda este pero fue transformada en sacristía en el siglo XVIII. A continuación se encuentran dos pasillos, uno es el pasadizo que llevaba al dormitorio de los monjes[5] en el piso de arriba sobre la sala capitular y el otro sería la antesala del locutorio o sala de trabajo. Este espacio tiene dos naves que están separadas por tres pilares. La bóveda es de crucería; en su pared este se abren tres ventanas que dan luz a la habitación.

El refectorio o comedor estaba en la panda sur. Todavía pueden verse restos del púlpito que se usaba para las lecturas durante la comida. En la panda de poniente se encontraba la zona de conversos y más tarde se utilizó como almacén o Cilla. Esta parte fue muy modificada durante los siglos XVI y XVII, construyéndose zonas nuevas como el edificio con balconada y otras dependencias que en la última restauración de 2001 se han podido recuperar para su uso.

Inventarios

En el Libro de inventarios del Monasterio de Valbuena 1799-1832 guardado en el Archivo Histórico Nacional, libro nº 16.611, se conservan datos documentales de dos inventarios que se hicieron en 1799 y 1810. En estos inventarios se catalogan muchos cuadros, muebles, obras de orfebrería y esculturas. Muchos de estos bienes están perdidos o desaparecidos y otros se han podido localizar en otras parroquias que los acogieron para su custodia.

Referencias

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Referencias e información de imágenes pulsando en ellas.
  1. Estefanía era hija de Ermengol V, conde de Urgel y de María, hija del conde Ansúrez. Se casó dos veces, la primera con Fernando García y la segunda con Rodrigo González de Lara.
  2. La reforma del císter, como las reformas anteriores de benedictinos, había degenerado y era preciso volver a la regla estricta de San Benito.
  3. En Valladolid este monasterio es conocido familiarmente como "monasterio de San Bernardo" o "monasterio de Valbuena".
  4. La curiosidad de esta calavera radica en que tiene labrada una oreja.
  5. Los cistercienses no tenían celdas individuales sino dormitorios comunes.



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Alberto Mengual

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