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Edificio Bankinter

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Edificio Bankinter
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El Edificio Bankinter, proyectado y construido por Rafael Moneo y Ramón Bescós entre 1973 y 1976, se levanta en parte de la finca del Palacio del Marqués de Múdela, construido en 1905 por el arquitecto Lorenzo Álvarez Capra que también se mantiene en pie. La obra resuelve el encaje entre el protegido palacete decimonónico el Paseo de la Castellana y los edificios de vivienda posteriores con sus servidumbres obligadas.

En el verano de 1972, Javier Martínez de la Hidalga, un joven Ingeniero de Caminos que comenzaba a trabajar en los negocios inmobiliarios del Banco de Santander, convocó a Ramón Bescós y a Rafael Moneo y les solicitó la redacción conjunta de un proyecto para la que había de ser nueva sede social del Banco Intercontinental Español, Bankinter, en el solar en que se alzaba el palacete del Marqués de Santa Cruz de Múdela, situado en la esquina que definen en su encuentro el paseo de la Castellana y la calle Marqués de Riscal.

Bescós y Moneo proponen no derribar y conservar el palacete, adaptando la nueva obra a las condiciones que este imponía y adosan el edificio a la medianería, contribuyendo a consolidar lo construido y a dotar de “fondo” al palacete. Un plano vertical neto: una fachada. Por otra parte, debía construirse sin perjudicar al edificio medianero. Una línea oblicua hacía posible que las ventanas de la casa medianera mantuviesen sus vistas despejadas. La “proa”, rasgo formal característico de la obra, es el resultado de la intersección de la fachada con la directriz oblicua.

El volumen vertical de Bankinter, se complementa, para consumir la volumetría asignada a la parcela, extendiendo la superficie útil en planta baja y primera. La forma semicircular facilita el diseño de las rampas de acceso al sótano y permite resolver con naturalidad el encuentro con la parcela colindante.

La propuesta requería que se estableciera un diálogo entre el palacete y el nuevo edificio, siendo el ladrillo el nexo de unión entre ambos, construyéndose con estructura de hormigón y muros de ladrillo prensado, lo que suponía un exquisito control de las fábricas, y una extrema precisión en la definición de los huecos. El hueco se manifiesta como elemento clave de la arquitectura de Bankinter y a él, sin duda, debe su energía la fachada. El espesor, la sustancia del muro, se delata y pone de manifiesto en las estratificadas jambas. La discontinuidad a que obligan alféizares y dinteles se resuelve con piezas de bronce, material que establece un reposado diálogo con las vivas e insistentes aristas de la fábrica de ladrillo. El hueco es así una deliberada frontera entre interior y exterior, frontera que se materializa en el vidrio, al que soporta una carpintería embebida en la fábrica de ladrillo y, por tanto, imperceptible.

Pero una vez que el hueco, su construcción, se había definido, se trataba de componer, de dar estructura formal a la fachada. Desde los primeros dibujos de los alzados se advierte cómo se confía a un doble orden de huecos la definición de la fachada. El “alzado este”, muestra claramente cuáles eran las intenciones de los arquitectos. Así, el alzado se nos presenta como un campo de ventanas neutro, desplazado como corresponde a la condición apuntada del edificio, en el que una serie de huecos monumentales en planta baja que nos hablan de la importancia que se pretendía tuviera esta planta, a un tiempo que unos generosos huecos cuadrados en la planta alta declaran abiertamente que en ella se encuentran los ámbitos destinados a la dirección. La regularidad de la fachada es tan sólo aparente, demostrando poseer el hueco notable maleabilidad al permitir a los arquitectos tanto el adaptar su diseño a tamaños diversos como el disponerlo atendiendo a las singularidades a que el trabajo obligaba. Mención aparte habría que hacer del hueco perimetral sobre el muro circular y del puente/paso que conectaba al nuevo edificio con el palacete, elementos ambos que pertenecían al acervo lingüístico entonces al uso y que, sin duda, podían ya considerarse anómalos; afortunadamente se prescindirá de ambos a lo largo del desarrollo de la obra.

Los dos huecos de las plantas altas son uno solo, dando pie a un episodio de coronación del edificio con valor propio, donde el espacio ciego intermedio se resuelve con un bajorrelieve obra del escultor Francisco López Hernández, que se convierte en elemento de singular importancia en el edificio.

Durante la Dirección de Obra se completó el diseño de los interiores, en los que los paneles de raíz de roble se convirtieron en elemento definitivo, jugando tal material en el interior, el mismo papel que el ladrillo desempeña en el exterior. El encuentro de los dos materiales que en el hueco se produce contribuye al establecimiento de una continua y eficaz dialéctica entre el dentro y el fuera, siempre soportada por una geometría común en la que las líneas sesgadas protagonizan con frecuencia el espacio.

El zaguán de entrada, el núcleo de escaleras y ascensores, los ámbitos de la Dirección en las plantas altas, la sucursal bancaria, etc., fueron espacios que se proyectaron como episodios independientes y, en cierto modo, autónomos. En el techo del dilatado espacio del zaguán de entrada que, sin duda, es el espacio de más aliento del edificio, se incorporó un estuco abstracto de Pablo Palazuelo que parece ofrecer las claves ocultas del trazado en que se apoya la arquitectura de Bankinter. Las escaleras cobran singular importancia en su arranque y en las plantas altas, donde el espacio se enriquece al abrir un lucernario. En las plantas altas, en las que se desarrolla un programa más complejo, podrá advertirse la libertad con que las directrices ortogonales utilizadas para insistir en ámbitos regulares se inscriben en el singular perímetro. Y en la sucursal bancaria, el vigor con el que se dibuja el mueble/mostrador de atención al público, dio pie a una compleja geometría capaz de incluir tanto los elementos de la estructura como la disposición del mobiliario de oficina.

La labor de los arquitectos se extendió a lo que cabe entender como diseño interior, dibujando lámparas, mamparas, moquetas y muchos otros elementos complementarios, sufriendo los arquitectos una cierta decepción cuando la propiedad se decidió a instalar en las oficinas muebles convencionales.

Planos

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Otras imágenes

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Situación


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Coordenadas y enlace con otros sistemas:40°25′51″N 3°41′24″O / 40.430950, -3.689919
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Referencias

  • Archivos de Arquitectura Española Siglo XX: Bankinter, 1972-1977. Ramón Bescós, Rafael Moneo, Enrique Granell (ed.) ISBN 84-600-8816-2

Ver también

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   » Alberto Mengual Muñoz   »  Iñaki M.B.

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