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Calle

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Tramo inicial de la calle Alcalá de Madrid

Una calle o rúa es un espacio urbano lineal que permite la circulación de personas y, en su caso, vehiculos y da acceso a los edificios y solares que se encuentran a ambos lados. En el subsuelo de la calle se disponen las redes de las instalaciones de servicios urbanos a los edificios tales como : alcantarillado, agua potable, gas, red eléctrica y telefonía.

El espacio de la calle es de longitud indefinida, sólo interrumpida por el cruce con otras calles o, en casos singulares, por el final de la calle, en una plaza, en un parque urbano, en otra calle, etc., o por el final de la ciudad en el límite con el campo.

Gustavo Giovannoni decía que las calles que en otros tiempos se usaban casi exclusivamente para delimitar el espacio construido y dar acceso a los edificios, se han convertido, en la ciudad moderna, en contenedores de la circulación de vehículos y personas, «...las calles son los verdaderos órganos del movimiento de las ciudades ». Al hilo de esta reflexión, Giorgio Rigotti en su «Tratado de Urbanismo» señala que la definición de la vía urbana puede ser expresada en los siguientes términos «Las vías urbanas son les franjas de terreno utilizadas principalmente por al movimiento de vehículos y peatones, y en segundo termino, como a elementos en los cuales, quienes confrontan, tienen derecho de acceso y de captación de luz y Aire». Así vemos como los edificios, mayoritariamente tienen acceso desde la calle y sobre ella abren portales, ventanas y balcones.

Calle de la antigua Pompeya (Italia), con la sección tipo de calzada, aceras y bordillos.

El diseño de las calles

La calle típica tiene la anchura constante, ya que las fachadas de los edificios o los límites de los solares son planos paralelos, pero las hay de ancho variable, algunas tan ilustres como el tramo inicial de la calle de Alcalá de Madrid. La propia anchura es una dimensión extremadamente variable de las calles; así tenemos las calles estrechas de las ciudades árabes contrapuestas a las grandes avenidas y paseos de las ciudades modernas, que integran em la calle el espacio urbano adyacente; entre ambos extremos tenemos toda una gama de espacios de diversas anchuras, con calzada para automóviles o sin calzada como las calles peatonales, o con aceras más o menos anchas, con andenes adicionales simples o dobles, etc, tenemos también calles con separación y especialización del tráfico, carriles para bicicletas, autobús, tranvía, etc.

La decisión de proyectar, fijar la anchura y hacer una nueva calle, o de ensanchar una calle existente aún a costa de la expropiación y derribo de las construcciones adyacentes, corresponde al Ayuntamiento de la ciudad o a la autoridad urbanística del lugar y se fundamenta en el planeamiento urbanístico o la planificación de infraestructuras, consecuentemente se basa en los trabajos y la metodología propia de estas ciencias de diseño urbano o territorial.

La estructura más corriente de la calle es la formada por dos franjas laterales que son las aceras y la franja central que es la calzada. Las aceras, generalmente están limitadas por el bordillo, el cual es una pieza que forma un resalto o escalón que mantiene el pavimento de la acera más arriba que él de la calzada. La función del bordillo no es otra que proporcionar una cierta protección a las personas que se desplazan por las aceras, tanto para evitar que los vehículos que circulan por la calzada suban y les hagan daño, como para conducir las Aguas de Lluvia que se escurren por encima hacia el canal que forman los bordillos con la calzada.

Archivo:Un cruce de calles al sur de la ciudad de México, Distrito Federal.jpg
Un día caluroso de febrero del 2008 en una de las esquinas del eje vial 6 Sur (Ángel Urraza) al sur de la ciudad de México, D.F., donde puede apreciarse el ancho típico de las calles y al fondo, en la vegetación, un par de jacarandas.

La formación de un sistema de canalización de las aguas pluviales hacia los colectores, se facilita mediante la colocación de imbornales a distancias regulares en los bordes de la calzada, los cuales las recogen una vez canalizadas por los bordillos. Esta sección tipo formada por la calzada, la acera y los bordillos, tiene una eficiencia funcional excelente ya que no sólo resuelve los usos y funciones principales de la calle, sino también porque facilita la solución de un amplio abanico de requisitos propios de las instalaciones y servicios urbanos así como de los usos adicionales que se dan en la calle. Es por ello que no es de extrañar que esta sección tipo sea la estructura urbana más antigua que se conoce, un legado que, en lo substancial, no ha variado a lo largo de dos mil años.

Las aceras

Para establecer la anchura de las aceras y de la calzada, los tratados de urbanismo manejan el concepto de «franja elemental», la cual se define como «la anchura mínima unitaria indispensable para el desplazamiento, sin dificultades, de una fila uniforme de usuarios que se mueven en el mismo sentido».

La mayor parte de los tratados de urbanismo, normas y ordenanzas de movilidad establecen la anchura de una franja elemental tipo para peatones en 0,75 m. Se llega a esta medida considerando una persona adulta genérica, hombre o mujer caminando normalmente por un lugar llano, pudiendo llevar una bolsa o un paquete. Tomando como base la anchura estricta de un hombre adulto que es de 55 cm., se le suman unos márgenes adicionales de 10 cm. en cada lado, a fin de permitir una cierta libertad de movimientos sin los cuales la movilidad sería muy precaria.

Para establecer la anchura de la acera deben tenerse en cuenta las personas con movilidad reducida: como la gente mayor, los que van en silla de ruedas, los que empujan cochecitos infantiles, tanto los sencillos como los coches de gemelos, los niños que van de la mano de los adultos o los adultos obligados a moverse con muletas, o simplemente los que llevan una maleta o el carro de la compra, etc. Es por ello que los códigos y ordenanzas de movilidad establecen la franja elemental mínima en 0,90 m. que sirven de base para la definición de la anchura de los pasillos de las viviendas o residencias así como las rampas útiles para salvar pequeños desniveles, etc.

Esta dimensión de 0,90 m. se basa en las necesidades propias de las personas con movilidad reducida, cuyo paradigma puede ser una persona que se desplaza autónomamente en una silla de ruedas autopropulsada manualmente, cuya anchura estricta es la propia de la silla, 65 cm., a la que se suman dos márgenes adicionales de 12,5 cm., sin los cuales la autopropulsión con los brazos seria inviable. Las restantes situaciones de movilidad reducida, salvo raras excepciones, tienen requerimientos de anchura inferiores a los 0,90 m. (65 + 2 x 12,5 = 90 cm.)

Es obvio que esta anchura de 0,90 m. no puede aceptarse como anchura mínima de la acera ya que ésta (la acera) no es una franja elemental donde los usuarios se mueven en el mismo sentido, puesto que se mueven en ambos y han de poder cruzarse con comodidad o, como mínimo, sin que uno de ellos tenga que bajar a la calzada para dejar paso al otro. Es por ello que, en general, se adopta la dimensión de 1,50 m. como anchura mínima de la acera. Dicha anchura se obtiene sumando a la anchura estricta de la silla de ruedas (65 cm.), la anchura de perfil de un hombre adulto, (35 - 40 cm.) y dos márgenes en los bordes de 15 cm. más uno en medio de 20 cm. (65 + 40 + (2 x 15) + 20 = 150 cm.). Esta anchura permite también el cruce de dos personas en silla de ruedas.

Estos criterios elementales, consignados en las normas, ordenanzas y códigos de movilidad, son ignorados frecuentemente en nuestras ciudades por las propias autoridades que deben velar su cumplimiento. La fascinación por la movilidad basada en el uso de los automóviles particulares, propia del urbanismo de siglo XX, constituye la ideología dominante mientras que la alternativa de un urbanismo sostenible sólo se abre paso con mucha dificultad. El «urbanismo del automóvil» ha convertido las calles estrechas de los barrios históricos en aparcamientos y ha dificultado en extremo la movilidad peatonal, es decir los desplazamientos andando hacia el trabajo, la escuela u otras ocupaciones o simplemente el paseo lúdico de las familias y los amigos, que constituye la actividad cultural por excelencia de la ciudad.

Puede parecer excesiva la atención que se presta a la sección tipo de la calle formada por aceras y calzada, pero la sección de una calle exclusiva para peatones, con pavimento a nivel, normalmente de mejor calidad que el pavimento de las aceras, es recibida por los vecinos como una auténtica bendición del cielo en las ciudades congestionadas. El Ayuntamiento que administra y gestiona estas calles no ha de hacer compatibles los vehículos con los peatones, excepto en determinados horarios. Y quien diseña estas calles peatonales puede entregarse con mayor libertad a las consideraciones puramente estéticas de la calle y su entorno.

La calzada

La franja elemental para vehículos automóviles ha de tener en cuenta no sólo la anchura o gálibo, mayor para los camiones y autobuses que para los turismos, sino también la longitud y el radio de giro del vehiculo, el cual, combinado con las anteriores dimensiones exige un margen adicional en las curvas que puede ser cuantificado según la siguiente tabla válida para turismos (dimensiones en metros) :

Radio de giro 15 20 30 50 100 150
Sobre ancho 1,55 1,34 1,10 0,85 0,60 0,50

Asimismo, en las calles con aparcamiento a lo largo de la calzada, es preciso considerar los espacios o márgenes que requieren las maniobras de entrada y salida.

Las exigencias propias de los vehículos pesados, con sus franjas elementales sobredimensionadas, cuyos cambios de dirección, con giro muy cerrado, plantean requerimientos adicionales inviables, junto a la consideración de las molestias que generan, propicia que en la mayoría de ciudades se impongan las vías urbanas especializadas en este tipo de tráfico y se establezcan vías con calzada exclusiva para tráfico ligero : motocicletas, automóviles de turismo y vehículos de transporte ligeros (furgonetas, microbuses, etc), para los cuales se adopta una franja elemental en función de sus dimensiones y capacidad de maniobra. Los tratados de urbanismo así como las normas de carreteras , movilidad etc., permiten establecer la siguiente tabla indicativa de las dimensiones significativas de las franjas elementales para vehículos automóviles, en el supuesto de circulación por una vía urbana o interurbana sensiblemente recta, es decir, o con curvas de radio adecuado que no impliquen anchos adicionales :

Supuesto Ancho del vehiculo Márgenes adicionales Franja elemental
Automóviles parados o en marcha lenta < 15 Km/h. 1,80 m. 2 x 0,20 m 2,20 m.
Automóviles grandes (4x4) parados o en vias urbanas estrechas (límite 30 Km/h.) 2,15 m. 2 x 0,20 m. 2,55 m.
Automóviles grandes (4x4) en vías urbanas normales (límite 50 Km/h.) 2,15 m. 2 x 0,30 m. 2,75 m.
Autobuses, camiones, remolques y auto-trenes en vías urbanas normales (límite 50 Km/h.) 2,50 m. 2 x 0,375 m. 3,25 m.
Carreteras (límite 90 Km/h.) ≥3,50 m.
Autopistas (límite 130 Km/h.) ≥4,00 m.

La seguridad vial depende de muchos factores objetivos, asimismo, como enseñan la estadística y la psicología, depende también de una serie de factores subjetivos que van desde el estado anímico del conductor (p.ej.: somnoliento, ebrio, drogado, etc.), hasta consideraciones inmediatas relativas a la percepción del peligro con independencia del estado anímico. En este sentido, la sensación de velocidad, consecuentemente de riesgo, aumenta en una relación inversa a la percepción de una visual ancha; dicho de otro modo: en una calle estrecha se corre menos. Asimismo se corre menos con carriles estrechos, dado que aumenta la sensación de incertidumbre, por consiguiente de riesgo respecto a lo que puedan hacer los demás. La siguiente cita del «Tratado de Urbanismo» de Giorgio Rigotti resume cabalmente el tema: «…cuanto más amplia sea la calzada más tiende el tráfico al desorden, especialmente a causa de las tentativas de adelantarse los vehículos más veloces.»

Para una vía urbana normal, suelen adoptarse anchuras de 3,00 m. la cual es superior al promedio entre 2,75 y 3,20 m., ello implica suponer unos márgenes de 0,25 m. para los autobuses y camiones (fila 4 de la tabla). El ancho de la calzada depende del ancho de los carriles, y el ancho de la calle depende también del ancho de la acera y otras franjas que ocasionalmente puedan establecerse. Sí el ancho de los carriles esta sujeto a los amplios límites que indica la tabla (filas 1 a 4 de la tabla corresponden a calles y vías urbanas), se comprende que las actuaciones de la Administración Pública, sobretodo cuando se trata del ensanchamiento de calles, el ensanchamiento de las aceras con la consiguiente reducción de carriles, la implantación de carriles exclusivos para el transporte público, etc., sean objeto de polémica, cuando no de contestación abierta por parte de los colectivos afectados.

Otros aspectos del diseño de calles

La historia del diseño de las calles transcurre paralela al de las ciudades, encontrando magníficos ejemplos en las antiguas culturas que surgen entorno al Mediterráneo, como los hermosos dromos del antiguo Egipto, las calles con sombreados soportales y el plan hipodámico en la Grecia antigua, o las monumentales vías del foro romano.

Las calles modernas, si están bien diseñadas, con adecuada anchura y trazado, permiten el soleamiento y buena ventilación de las edificaciones adyacentes, un tránsito peatonal cómodo y rodado fluido, y bien diferenciado.

Las zonas peatonales laterales dispondrán de zonas ajardinadas y árboles de hoja caduca, de forma tal que nos den sombra y frescor en verano, soportales que nos protegen del del sol y la lluvia, pavimentos antideslizantes de colores y tonos agradables y servicios complementarios como bancos para reposo, quioscos de prensa y flores, farolas, paradas de autobuses protegidas con marquesinas, teléfonos públicos, rótulos informativos, señales de tráfico, bocas de riego, sumideros, etc.

La zona destinada al tránsito rodado será de ancho proporcional al flujo de vehículos estimado, con áreas de aparcamiento y paradas, pavimento adecuado, que amortigüe el ruido, drene correctamente, bien señalizado con pinturas antideslizantes, dispondrá de pasos para peatones, semáforos, señales de tráfico, etc.

En las calles principales, la zona central estará ajardinada y arbolada, conformando áreas de estancia y paseo para solaz de los vecinos, con todos los servicios descritos en las zonas peatonales, incluyendo elementos decorativos como fuentes, esculturas, quioscos de música o para representación de pequeños espectáculos.

Se dispondrán suaves rampas y bordillos rebajados para permitir fácil accesibilidad a las personas de avanzada edad o con dificultades de movilidad; pavimentos de textura diferente y señales acústicas en las zonas próximas a los pasos de peatones, para invidentes; vallas, barandillas y protecciones en los lugares que entrañen peligro, especialmente para los niños. Se cuidará que sea un espacio para uso y disfrute de todos los ciudadanos.

El subsuelo de las calles

En el subsuelo se organizan las redes de agua potable, electricidad, Gas, telecomunicaciones, etc. También las redes de saneamiento, diferenciando los conductos de aguas fecales de las pluviales, reutilizadas para riego. Incluso redes de transporte neumático de basuras en conductos diferenciados por tipo de residuos. En las grandes urbes, se construyen túneles y zonas de aparcamiento para vehículos privados, y a mayor profundidad, para el transporte público: el "metro" o "suburbano".

El Movimiento Moderno

El denominado Movimiento Moderno surge a principios del siglo XX, planteando nuevos diseños de edificios y urbes que optimicen las inmensas posibilidades de los nuevos materiales industriales como el hormigón armado, el acero laminado y el vidrio plano.

La posibilidad de crear ciudades nuevas con altos edificios, generosamente separados, sobre pilares, albergando viviendas con amplias terrazas-jardín, y galerías comerciales y de servicios en plantas intermedias, liberando todo el suelo urbano, que se convertiría en un inmenso espacio continuo ajardinado, sólo surcado por las vías de acceso, transformando radicalmente el diseño de la antigua calle, fue un "sueño imposible".

La mayoría de las grandes ciudades modernas albergan altos edificios adosados, o muy próximos, de pobre diseño, con plantas bajas comerciales, y calles, con estrechas aceras, convertidas en vías de tránsito colmadas de vehículos.

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Alberto Mengual

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