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Catedral de Santa María de Valencia

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Catedral de Santa María de Valencia
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La Catedral de Valencia , llamada popularmente “Seu”, está dedicada a Santa María por deseo de Jaime I, siguiendo la costumbre del siglo XIII. Construida entre los siglos XIII y XV, es principalmente de estilo gótico pero contiene elementos arquitectónicos del románico, el renacimiento, el barroco y el neoclásico.

En su interior se venera el Santo Cáliz, fechado del siglo I, y dado a la catedral por el rey Alfonso el Magnánimo en 1436.

El emplazamiento de la catedral ha sido lugar de culto desde la época romana, ya que allí se encontraba un templo dedicado a Júpiter o Diana, del que aun hoy se pueden ver en pie las columnas, en el Museo de la Almoina, junto a la Catedral.​ Sobre ese templo se erigió la catedral valenciana, durante la época visigoda. Con la conquista árabe, el lugar se volvió sede de la mezquita de Balansiya (Valencia en árabe); hasta que en el siglo XIII, volvió a ser iglesia cristiana, tras la conquista de la ciudad por Jaime I.

Hay constancia que hasta el año 1262 persistió la Mezquita-Catedral con las sentencias alcoránicas en las paredes, hasta que el 22 de junio de 1262 fray Andreu de Albalat resolvió demoler la antigua mezquita y construir un nuevo templo, en correspondencia con los planes del arquitecto Arnau Vidal.


Etapas en la construcción del templo

Plano de la Catedral de Valencia evolución.png

La catedral empezó a construirse por la girola. Antes de finalizar el siglo XIII se había concluido la girola con sus ocho capillas, avanzando la obra según se derribaba la mezquita hasta llegar a la puerta románica del Palau o de la Almoina, en el brazo sur del crucero.

Entre 1300 y 1350 se acabó el transepto o crucero y se inició la construcción de las tres naves hacia los pies, de tal manera que a esta etapa constructiva se deben dos de los aspectos más llamativos de la catedral, que son la puerta de los Apóstoles, en el brazo norte del transepto, y el cimborio, paradigma del delicado gótico francés. El templo, con tres naves de tres tramos desde el crucero, dejaba la Sala Capitular (1356-1369) y la torre del Miguelete o Micalet (1381-1425) separadas de la iglesia.

En 1459 los maestros Francesc Baldomar y Pere Compte ampliaron la catedral en un tramo más, conocido como Arcada Nova y la unieron definitivamente con los hasta entonces exentos Sala Capitular y Micalet. Desde aquel momento la catedral de Valencia tiene unas dimensiones de 94 metros de largo por 53,65 de ancho en el transepto.

Los siglos del Renacimiento (XV-XVI) no se reflejaron tanto en la arquitectura como en su decoración pictórica, desde el altar mayor, donde se pintaron los magníficos ángeles músicos de Paolo de San Leocadio, hasta capillas como la de la Resurrección, de alabastro, detrás del altar mayor.

El 1703 el alemán establecido en Valencia Konrad Rudolf proyectó la fachada principal, conocida como de los Hierros, por la reja que le rodea. Francisco Vergara el Mayor, Francisco Stolz e Ignacio Vergara concluyeron la obra. Al ser su planta curva, el paramento cóncavo que origina creó un singular y estudiado efecto de perspectiva, desvirtuado durante el siglo XX a causa del derribo de los edificios adyacentes (antigua calle de Zaragoza) para ampliar la plaza de la Reina.

Desde el último tercio del siglo XVIII se puso en marcha un proyecto de renovación del edificio, la intención del que era dotarlo de un aspecto neoclásico homogéneo, rehuyendo la yuxtaposición estilística derivada de la lentitud de su proceso constructivo y de la carencia de uno plan director. La obra corrió a cargo del arquitecto Antoni Gilabert Fornés, y empezó en 1774. De esta manera la vieja catedral gótica quedó cubierta de pilares corintios, cornisas y arquivoltas grecorromanas, estucos y dorados. La remodelación afectó tanto a elementos constructivos como ornamentales: los pináculos exteriores del templo fueron eliminados, las azoteas quedaron ocultas por tejados, las esculturas góticas interiores enmascaradas, y un pilar del crucero reconstruido, porque amenazaba ruina.

El 1931 la catedral fue declarada monumento histórico artístico, pero durante la Guerra Civil Española fue incendiada, razón por la que se perdieron parte de sus elementos artísticos. El coro, situado en la parte central, fue desmontado en 1940 y trasladado al fondo del altar mayor. Los órganos, que habían sufrido importantes daños durante el conflicto bélico, no fueron reconstruidos.

Asimismo en 1970 las llamadas Casas de los Canónigos, construcciones adosadas en las capillas exteriores que dan en la calle del Miguelete, fueron derribadas para volver a la catedral su aspecto anterior, al mismo tiempo que lo aligeraban de añadiduras de escaso o nulo valor arquitectónico.

Al 1972 se emprendió una tarea de repristinación de la catedral bajo la dirección de Fernando Chueca Goitia. Se procedió a la retirada de casi todos los elementos clásicos, por conferirle de nuevo el aspecto gótico original. La catedral quedó con bóvedas de crucería simple y plementería de ladrillo dispuesto a rosca. Las naves mostraban la escasa diferencia de altura entre la nave principal y las laterales. Solo quedó como decoración clásica las capillas laterales, y algunos testigos puntuales exitosos, como las figuras de los cuatro evangelistas sobre las conchas del cimborrio.

Planta y composición

El aspecto actual de la Catedral de Valencia es el fruto de la superposición estilística, aunque básicamente se trata de un edificio de planta gótica, de tres naves, con crucero cubierto con cimborrio y ábside poligonal.


Exterior de la catedral

La puerta “de l’Almoina”' o del Palau

Puerta románica de l’Almoina

La puerta de l’Almoina (limosna), por la proximidad a la casa donde se daba socorro a los necesitados, o del Palau por su proximidad al Palacio Arzobispal, es una puerta de estilo románico que sobresale de la fachada del templo formada por seis arquivoltas de medio punto con motivos vegetales y geométricos que se apoyan sobre finas columnas y enmarcada en su parte superior por una pequeña cornisa.

Posiblemente construida hace 1240, inmediatamente después de la conquista del Reino de Valencia de 1238, el hecho de que esté encarada al este, mirando hacia la Meca, sugiere que allí mismo se encontraba el mihrab de la antigua mezquita.

Por su similitud con la puerta dels Fillols de la Catedral de Lérida, construida hacia el 1220, algunos ven la mano de algún maestro leridano en su construcción. Tal es la vinculación de esta puerta con la de Lérida que, bajo la cornisa están esculpidas en piedra las cabezas de siete matrimonios leridanos que, según la tradición, representarían los repobladores fundacionales de la nueva ciudad cristiana, que vinieron a Valencia acompañados de trescientas doncellas leridanas con el fin de casarlas con los soldados que habían luchado en el lado de Jaime I.

Puerta de los Hierros

Puerta de los Hierros sin casas, habiendo perdido el efecto teatral con que fue concebida

Al lado mismo del Micalet se encuentra la puerta principal, llamada de los Hierros por la reja de hierro que circunda el atrio de entrada. Es la más moderna, iniciada en el 1703 por el escultor y arquitecto alemán Konrad Rudolf. Llegó a Valencia con el archiduque Carlos de Austria, pero al finalizar la guerra de Sucesión se marchó con él, ya que era su escultor de cámara, dejando paralizadas las obras en 1707. Fue acabada en 1713 por sus discípulos Francisco Vergara "el Viejo" y Francisco Stolz. Otros escultores que intervinieron fueron Andrés Robles e Ignacio Vergara y los maestros en el arte de la piedra José Mines y Domingo Laviesa.

Esta puerta es de notable interés sobre todo por su planteamiento acertado y atrevido dentro del contexto hispánico de la época. Se trata de uno de los pocos ejemplos de la aplicación del barroco arquitectónico italiano, de planta ondulante y en movimiento, al estilo de Bernini o Borromini, a diferencia de los edificios barrocos españoles de la época, de tipo churrigueresco, con planta tradicional y gran profusión decorativa.

La Puerta de los Hierros, que exalta la Virgen, la Iglesia y los santos valencianos, se parece a un retablo de forma cóncava, con más de 36 metros de altura, resultando aparentemente forzada no sólo por las condiciones estilísticas del momento sino también por la necesidad de producir la ilusión óptica de una mayor sensación de espacio en un lugar realmente muy pequeño, ya que esta puerta fue concebida para ser vista desde la estrecha calleja que llegaba hasta allí, y que hoy ha desaparecido al ensancharse la plaza de la Reina hasta la misma puerta de los Hierros. En realidad la puerta ocupaba solo el pequeño espacio de una plazuela irregular y llegando por el actualmente inexistente calle de Zaragoza, aparecía de repente la reja de hierro y la alta fachada cóncava, llena de columnas y de escultura en movimiento.


La puerta de los hierros, que está precedida por un pequeño atrio que limita una reja de hierro, también barroca, se desarrolla en tres cuerpos superpuestos:

En el primero, hay tres columnas a cada lado de la puerta, con fustes decorados y capiteles corintios, realizados por Konrad Rudolf entre los que se abren sendas hornacinas con las estatuas de Santo Tomás de Villanueva y San Pedro Pascual, obra de Francisco Stolz. Sobre el arco de entrada destaca un bajo relieve, atribuido a Ignacio Vergara -hijo de Francisco- que representa el anagrama de la Virgen, con gloria de ángeles y otros adornos, y enmarcado sobre una venera de estilo rococó.

El segundo cuerpo, más reducido, tiene cuatro columnas del mismo orden, en el intercolumnio del centro, una rosetón oval, y en los laterales, las estatuas de San Lorenzo, obra de Francisco Stolz, y de San Vicente, obra de Konrad Rudolf, y medallones con los bustos de los papas valencianos, Calixto III y Alejandro VI, con figuras alegóricas: a los pies del primero la caridad y la justicia, y a los del segundo la esperanza y la fortaleza; todas ellas son obra de Francisco Vergara.

En el tercer cuerpo, de menores dimensiones, se representa la asunción de la Virgen en un alto relieve atribuido a Ignacio Vergara y, en ático, el símbolo del Espíritu Santo en relieve bajo un frontón partido, y en sus extremos, las esculturas de San Luis Bertran y San Vicente Ferrer, obra de Stolz.

Remata el conjunto una cruz de hierro sobre una esfera de bronce entre dos ángeles de piedra. La piedra de esta puerta procede de las canteras de Benigánim, Moncada y Riba-roja de Túria.

Nada má entrar en la catedral por esta puerta, en el muro izquierdo y sobre la pila baptismal, està el célebre cuadro de Vicent Macip llamado “Bautizo de Cristo en el río Jordán por San Juan Bautista” (1535). En el cuadro asisten al acto de bautizo cuatro doctores de la iglesia y el donante del cuadro, el venerable Agnesi, mientras desde el cielo, Dios envía al espíritu santo sobre el hijo.

Para volver a la puerta de l’Almoina y completar toda la vuelta a la catedral, continuaremos dejándola a nuestra izquierda, rodeando la capilla del Santo Cáliz, pasando bajo un pasadizo de 1357 que une la catedral con el Palacio Arzobispal, por encima de la calle de la Barcella, y a pocos metros llegamos de nuevo a l’Almoina.

Puerta de los Apóstoles

Puerta de los Apóstoles a mediodía

Nada más pasar la Obra Nova, encontramos a nuestra izquierda la puerta de los Apóstoles, llamada así por las estatuas de los doce apóstoles que figuran en ella. Construida entre los siglos XIII y XIV en estilo gótico, debió empezarse entre 1276 y 1288 y de sus autores solo se sabe que trabajó Nicolau de Ancona o de Autun desde 1303. La puerta tiene un estilo gótico más francés que mediterráneo y quizá por eso este autor fuera Nicolau de Autun, ciudad de Borgoña. El año 1354 ya estaba acabada.

Se trata de un arco ojival con tres volutas adornadas con estatuillas de ángeles, santos y profetas, y coronado por una gran rosetón de seis puntas, que representa la estrella de David o "Salomón", de 6.45 metros de diámetro, que debió ser casi totalmente reconstruido en 1960 ya que había sido seriamente afectada por el mal de la piedra. Como apunta Joan Fuster, esta estrella salomónica es bastante difícil de explicar en la entrada de un templo, pero así es.

En el tímpano de la puerta se encuentra la imagen de Santa María, con el Niño en brazos -bajo cuya advocación del que fue consagrada la catedral y que hasta 1599 se encontraba en el mainel- rodeada de ocho ángeles tocando instrumentos musicales. Los arcos se apoyan sobre seis doseles que protegen sendas estatuas de seis de los apóstoles apoyados, a su vez, sobre pilares decorados con esfinges de laVirgen y del Arcángel, además también hay en relieve varios escudos del Reino de Valencia, familiares y gremiales. Los otros seis apóstoles se encuentran fuera del arco. Más al exterior a la derecha, las estatuas de San Sixto Papa y su diácono San Lorenzo mártir, y a la izquierda, San Valerio obispo y su diácono San Vicente Mártir.


Antiguamente esta puerta gótica aparecía partida en dos por una columna o mainel en que figuraban la Virgen con el Niño. Estas dos figuras fueron trasladadas al tímpano en el siglo XVI, acompañadas de ángeles con instrumentos musicales de la época.

La puerta de los Apóstoles consta de catorce estatuillas de ángeles, dieciséis de santos y dieciocho de profetas. Todas ellas, en total 48, estaban policromadas.

Hay que destacar que esta puerta se encuentra en muy mal estado, a causa de la mala calidad de la piedra utilizada, lo cual ha obligado a una completa restauración y a la sustitución de las imágenes originales por copias, quedando las originales que se han podido salvar en el museo de la catedral. Los batientes de madera son de 1438 y los claves y herrajes son los originales de la época.

Al pie de la puerta de los Apóstoles se reúne todos los jueves a las 12 de la mañana, el Tribunal de las Aguas de Valencia. Probablemente ya se reunía en este mismo lugar cuando la actual catedral era aún mezquita.


Obra Nova

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Si seguimos rodeando la catedral por nuestra izquierda, después de la capilla de Sant Jordi, encontramos un pasadizo, construido en 1660 que une la catedral con la basílica de la Virgen de los Desamparados. Después de pasarla llegamos a la plaza de la Virgen (nombre actual) o de la Seu o la Seo (nombre histórico), que es el corazón simbólico de la ciudad, y que la ha sido desde su fundación en tiempo de los romanos.

A nuestra izquierda encontramos la Obra Nova, una galería o tribuna de estilo renacentista que rodea el exterior del deambulatorio y mira hacia la plaza de la Virgen. Esta tribuna de tres pisos con arcadas abiertas, de estilo renacentista (abajo), toscano (en medio) y jónico (arriba) se usaba para la contemplación de los espectáculos públicos, como procesiones y ejecuciones, desde la propia catedral, por parte de los canónigos. Por eso recibe también el nombre de Llotgeta dels Canonges o Lonja de los Canónigos o del Cabildo. Su construcción se inició el 1566, bajo la dirección del arquitecto Miquel Porcar y del carpintero y tallista Gaspar Gregori.

Una de las diversas restauraciones ha suprimido el tejado de esta Obra Nova y los balconcillos y columnillas ahora resultan del todo incomprensibles, como una especie de teatro romano o plaza de toros adherida a la catedral. Como contrapartida, el cimborrio ahora puede ser mejor contemplado desde la plaza de la Virgen.


Micalet o Miguelete

El Micalet desde la Puerta de Quart

Desde la puerta de los Apóstoles si dejamos la plaza de la Virgen y nos vamos por la calle del Micalet llegaremos a esta torre campanario de 1381. Andreu Julià inició los trabajos para la erección de esta torre exenta llamada "Campanar Nou" (Campanario Nuevo) o "Torre del Micalet", por el nombre popular de la campana de las horas. Entrañable emblema sentimental para los valencianos, este campanario es probablemente el monumento más característico de la ciudad. Presenta un estilo marcadamente gótico catalán, posiblemente inspirado en la torre de la catedral de Lérida. Dividido en cuatro cuerpos, de los cuales sólo el de más arriba está decorado sobre el vacío de las campanas con el trenzado ojival de unas molduras, este prisma octogonal alcanza una altura de 51 metros, que equivale a su perímetro exacto. Doscientos siete escalones de piedra, a través de una angosta escala de caracol, nos conducen al pie de la espadaña final, que es un añadido poca exitoso del XVIII. Desde allí se contempla una vista que, en días claros de poniente o mistral, abraza hasta el Montgó, por el sur, y hasta más allá del Desierto de las Palmas‏‎, por el norte.

Desde el siglo XV, el campanario quedó unido en la catedral gracias a la prolongación de las naves realizada por Francesc Baldomar a partir de 1458 y por Pere Compte desde 1476, llamada arcada nova, con muchas puertas y ventanas en esviaje. A lo largo de su historia, el "Micalet" cumplió funciones de faro, torre de vigilancia, e incluso plataforma para castillos de fuegos artificiales. La ciudad corría a cargo de las iluminaciones que se hacían para las festividades extraordinarias. Para más información consulten la voz Miguelete.


Cimborrio

Cimborrio de la catedral: muestra del elegante gótico francés

Éste es un elemento que se puede contemplar tanto desde dentro como desde fuera, pero que incluiremos en el interior de la catedral por su decoración clásica en las conchas y por sus efectos lumínicos en el interior, que dan una claridad siempre blanca al crucero, gracias a la diafanidad de este elegante cimborrio.

De estilo gótico francés (s. XIV-XV), está formado por un prisma octogonal de dos cuerpos superpuestos, con ocho ventanales de fina tracería calada en cada cuerpo. El primer cuerpo o parte baja es de autor desconocido, del siglo XIV, mientras que el segundo cuerpo o parte alta es obra de Martí Llobet, hacia 1430.

La función del cimborrio es dotar de luz natural a la catedral. El interés de este magnífico cimborrio se encuentra precisamente en la enorme cantidad de luz que deja pasar, ya que su armazón de piedra está reducida al mínimo, hecho que le da un aspecto de ligereza contructiva que resulta prodigiosa desde el punto de vista arquitectónico. Las ventanas son cerradas con piedra translúcida de alabastro.

El cimborrio descansa en trompas cónicas y se cierra con una bóveda de crucería compuesta por ocho nervios y plementería de ladrillo. Con una altura de unos 40 metros, la ausencia de contrafuertes y la tracería calada de sus muros lo convierten en una joya arquitectónica.

En las conchas, bajo las trompas del cimborrio figuran cuatro esculturas de estuco del siglo XVIII que representan los cuatro evangelistas con los atributos que los identifican: San Lucas con el toro, obra de Josep Colina, San Juan con la águila del mismo autor, San Mateo con el ángel, de Josep Esteve y San Marcos con el león, de Francesc Sanchis. En su parte superior hay una campana conocida como el cimboriet de 1805 que actualmente no se emplea.

Interior de la catedral

Naves

Nave central de la catedral de Valencia, ancha y austera

La estructura principal de la catedral, formada por las naves, el transepto y la girola, se construyó entre los siglos XIII y XV, razón por la que es de estilo gótico y, concretamente, gótico valenciano o mediterráneo, que se caracteriza por ser más primitivo, horizontal y pesado que el vertical y suntuoso gótico francés. Las naves de la catedral de Valencia se inspiran en las de la catedral de Tarragona, ya que ambas presentan unos voluminosos pilares abovedados de columnas gemelas y un trazado cuadrado en cada tramo de la nave mayor.

Entre 1300 y 1350 se construyeron los tres primeros tramos de las tres naves -una central más grande y dos laterales más pequeñas-, empezando en el crucero y acabando en los pies, llegando hasta la actual capilla de san Francisco de Borja, pero no más allá.

La Sala Capitular y el Micalet se habían construido separadas de las naves, a la manera de Pisa o Florencia, donde tanto el battistero como la torre campanario se hicieron exentos y aún lo son o como, sin ir tan lejos, la torre campanario del Fadrí de Castellón.

En 1459 los maestros Francesc Baldomar y Pere Comte iniciaron la ampliación de las naves de la catedral en un tramo más, conocido como Arcada Nova o Arcada de la Seu, y la unieron definitivamente con la sala capitular y con el Micalet. En este último tramo hicieron numerosas ventanas y puertas con arco en esviaje y una compleja bóveda de unión, tanto entre la catedral y el Micalet, como entre ésta y la sala capitular.

Entre 1441 y 1446 se labró un magnífico retablo gótico de alabastro para la parte de detrás del coro (transcoro) de la catedral, que se encontraba en el centro de la nave central, hasta que en 1777 fue colocado en la Capilla del Santo Cáliz, siendo sustituido por otro neoclásico, hoy desaparecido.

Entre 1594 y 1604 se hizo el sobrio coro de estilo herreriano en madera de boj y nogal, y con 155 sitiales o sillas, obra de los tallistas Domingo Fernández Ayarza, Joan Tormo y los italianos Francesco Maria Longo y Jacome Antonio Como. Este coro estuvo en la parte central de la nave mayor hasta 1940, cuando fue desmontado para trasladarlo al altar mayor. La catedral contaba con dos órganos situados a ambos lados del coro, del siglo XVI, pero después de la Guerra Civil fueran dañados y ya no se reconstruyeron, si bien el actual órgano posee piezas del antiguo.

A partir de 1774 empezó la cubrición de las bóvedas y pilares con decoración neoclásica, para tapar el gótico original de las naves y de todo el templo, pero dos siglos más tarde, el 1972, empezó la repristinación de la catedral y las naves recuperaron el aspecto gótico original, con pilares desnudos y bóvedas de crucería simples con plementería de ladrillo.

Capillas de las naves

Capilla Mayor

Catedral de Valencia, Valencia, España, 2014-06-30, DD 145.JPG

La Capilla Mayor de planta poligonal está cubierto por una bóveda de seis nervios. Tiene cinco ventanales y se comunica con la girola por dos puertas laterales. Tanto la vuelta como los muros estaban ornamentados con murales encargados a Miquel Alcanyís, en 1432, y después de desaparecer en un incendio, se encargaron nuevas pinturas a Paolo de San Leocadio y Francesco Pagano en 1472. Estas pinturas fueron luego tapadas por una lujosa ornamentación barroca durante 1674-1682, bajo la dirección de Juan Pérez Castiel. El ábside gótico de planta poligonal quedó recubierto con nuevas bóvedas, lunetas, superposición de adornos, imágenes, pilastras, columnas salomónicas, canecillos, cartelas, conchas, frontones partidos, guirnaldas, ángeles dorados, jaspes, etc. La riqueza de los mármoles y dorados, la suntuosidad de las formas y la profusa decoración recuerda en algunos casos el estilo rococó. Tal era la decoración del ábside.

Así fue hasta junio de 2004, cuando por azar fueron encuentros cubiertos por la bóveda de Juan Pérez Castiel unas pinturas de gran belleza que han sido fechadas en 1474 (siglo XV). Las pinturas, que representan a ángeles tocando instrumentos musicales, son las antes mencionadas de Francesco Pagano y Paolo de San Leocadio. Poco después del incendio de 1469, hacia el 1474, el que sería futuro papa Alejandro VI ordenó a ambos pintores que realizaran las pinturas al fresco que ahora se vuelven a contemplar, después de que la bóveda de Perez Castiel fuera desmontada.

En el presbiterio encontramos además un retablo que en realidad es un gran armario acotado por dos puertas, que guardaba un retablo renacentista de plata (1492-1507) elaborado por el orfebre Bernabo Thadeo de Piero de Posa, que acabó fundido en Mallorca en 1812 para acuñar moneda en la guerra contra Napoleón.

Las grandes puertas que cierran el armario ocupan una superficie de 75 metros cuadrados, pintadas al óleo entre 1506 y 1510 por Fernando Yáñez de la Almedina y por Fernando Llanos, de los que se dice a que fueron colaboradores de Leonardo da Vinci y que trajeron de Italia el estilo renacentista que después llegó al resto de la península a través de Valencia.

Son en total seis tablas dobles, es decir pintadas por ambos lados, lo cual hace un total de doce pinturas, de 1,94 metros x 2,27 metros cada una.

Las estatuas, de madera dorada que coronan el suntuoso entablamento con canecillos, cartelas y óvalos que rematan el ábside, corresponden a San Vicente Ferrer, San Pedro Pascual, San Luis Beltrán, San Francisco de Borja‏‎, San Lorenzo y San Vicente Mártir, y son obra de Tomás Sánchez Artigues.

Los relieves de mármol importados de Génova que ocupan las hornacinas que deja el segundo cuerpo, representan escenas de la vida de San Vicente Mártir, San Francisco de Borja, San Pascual Baylon y los santos Bernardo, María y Gracia, y se deben al cincel de Daniel Salanova (1687).

La delira de vidrio que cuelga es de Murano, traída de Roma por el arzobispo Rocaberti (1677-1699). Las vidrieras del techo con arcángeles y un Cristo Pantocràtor son del siglo XIX.

Aquí se encuentra el sobrio coro de estilo herreriano (1594-1604) en madera de boj y nogal, que originalmente contaba 155 sitiales y se encontraba en el centro de la nave principal, pero que se trasladó el 1939 a su lugar actual.

Girola

Catedral de València, girola.JPG

Es una de las partes más antiguas de la catedral, por donde empezó su construcción en 1262. La Girola, que es el espacio destinado a que los fieles puedan deambular a través de las capillas sin interrumpir el culto del Altar Mayor, no es muy habitual a las iglesias de Valencia, ya que sólo aparece en la catedral y en Santa Caterina.

Primitivamente se podía contemplar el Altar Mayor a través de los arcos del presbiterio (como aún hoy en la iglesia de Santa Catalina), pero éstos fuueron cegaron en la reforma barroca del ábside del siglo XVII.

La girola cuenta con ocho capillas y tanto ésta como el resto de la iglesia fue recubierta por completo después de la reforma neoclásica proyectada en 1771 por Antoni Gilabert. Después de la repristinación iniciada el 1972, resulta interesante observar las capillas de la girola, unas con su estilo gótico original de piedra desnuda y otros con su revestimiento neoclásico.

En el deambulatorio, frente a la sacristía, se encuentran las campanas conocidas como "del rotgle" o rueda de campanas que se utiliza todos los días, así como otros dos campanillas de avisos, que según la tradición fueron traídas por Jaime I en 1238 para marcar la nueva cultura sonora de los cristianos.

Capillas de la Girola

Capilla de la Resurrección

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Se encuentra en el trasaltar y se conce popularmente como la Coveta. Es un bello alto relieve renacentista de la resurrección, de 1510, hecho en piedra alabastrina pulida y abrillantada. La mandó hacer el entonces obispo cardenal de Valencia Rodrigo de Borja, futuro papa Alejandro VI, en memoria de su tío el papa Calixto III. Conserva restos de policromía y del dorado que lo decoraban y ha sido atribuido sucesivamente a Damià Forment, Pedro Berruguete y otros, pero finalmente se ha documentado como de Gregorio de Biguerny. En el centro del relieve se encuentra la figura de Cristo resucitado saliendo del sepulcro acompañado de varios ángeles, mientras que varias figuras que representan los guardias gesticulan despavoridos y otros personajes no identificados se agitan de forma violenta. La incorporación de todos estos personajes parece que tiene la clara intención de dar una sensación de movimiento y profundidad a la escena, dotándola de un dramatismo que sea percibido por el espectador.

La capilla se encuentra cerrada por un magnífico pórtico de tres arcos también de alabastro, que posiblemente sigue los diseños de Yáñez de la Almedina, de los cuales el central està muy rebajado y los laterales son de medio punto. Se articulan por columnas y entablamento, y permiten mostrar un interesante repertorio decorativo de formas italianizantes, formado por águilas con las alas desplegadas y motivos diversos de inspiración renacentista.

Hay que decir que dentro de esta capilla se encuentra expuesto el llamado “brazo incorrupto” de San Vicente Mártir, que fue dado a la catedral en 1970. Este santo, diácono de Zaragoza, fue martirizado en Valencia hacia el año 304 y su culto se difundió con rapidez, siendo muy visitada su basílica sepulcral, situada extramuros de la ciudad de Valencia. La tradición cuenta que durante la dominación musulmana las reliquias del santo desaparecieron y que hacia el año 1104 el entonces obispo mozárabe de Valencia fue en peregrinación a Tierra Santa, llevando consigo el brazo izquierdo del santo. Este obispo murió inesperadamente en Bari, donde fue enterrado y donde permaneció el supuesto brazo del santo hasta 1970.

Sacristía Mayor

Volta de la sagristia major de la catedral de València.JPG

La sacristía, gótica del siglo XIII, es una de las partes mes antiguas de la catedral. Se encuentra en la esquina derecha al comienzo de la girola, en su intersección con el crucero. Es un espacio de planta cuadrada cubierto con bóveda de crucería octopartita y trompas en las esquinas. Tiene un gran ventanal gótico de seis metros de altura que permite la iluminación del interior. A su lado se comunica con otra habitación que es la actual Sala Capitular en la que se encuentra la galería de retratos de todos los prelados que han ocupado la catedral catedralicia.

Sala Capitular, actual Capilla del Santo Cáliz

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Vista de la bóveda de crucería de ocho nervios de la Capilla del Santo Cáliz

En la última década del siglo XV, Pere Compte y Asensi Fos concluyeron el pasadizo que unía la Catedral, de forma definitiva, con el edificio exento del aula capitular. En el interior, además de la bóveda estrellada destaca el retablo que procede de la antigua fachada gótica del trascoro, obra del arquitecto Antoni Dalmau y de Julià lo Florentí, realizada entre 1441 y 1446.

De estilo gótico florido (siglo XIV), es obra de Pedro Balaguer o de Andreu Julià. Se trataba de la sala adscrita a la celebración de reuniones del Cabildo de la catedral, recibiendo por eso el nombre de Sala Capitular.

Originalmente era un edificio exento, construido entre 1356 y 1369, bajo la dirección del maestro de obras Andreu Julià, y en tiempo del obispo Vidal de Blanes. El emplazamiento de esta sala capitular se encontraba sobre la plaza conocida entonces de las Gallinas, porque esta plaza se dedicaba al comercio de esta ave. Posteriormente, en el siglo XV, fue unida al resto de la catedral.

En un principio iba destinada además para enterrar prelados y canónigos. En su subsuelo hay la cripta de enterramientos, aunque hoy se encuentra cegada.

Después sirvió de cátedra de teología, siendo también aprovechada la amplia estancia para celebrar las juntas capitulares y, varias veces, para reunirse las Cortes del Reino. Más tarde recibió el nombre de Capilla del Cristo de la Buena Muerto, pero el 1916 se decidió el traslado del Santo Cáliz a la capilla, de donde proviene su actual nombre.

De planta cuadrada, presenta una bella y complicada bóveda de nervaduras, con ocho nervios que forman una estrella de ocho puntas, que descansan sobre ménsulas policromadas. En las claves de la bóveda están los doce apóstoles y, en la clavo central, la coronación de la Virgen en el cielo después de la asunción. La clave central también está policromada.


La planta es un cuadrado de trece metros de lado y dieciséis de altura, con paredes lisas de piedra oscura y tres ventanales con vitrales policromados. La entrada arranca de un pasadizo con capillas, a los pies de la catedral, hacia la derecha, y al final, una portalada gótica en piedra que da acceso a la capilla.

Lo más notable de su interior es el retablo gótico (1441-1446), cortado en alabastro, que preside la sala y que no es, sino el excepcional trascoro de la catedral que se colocó aquí el 1777, al ser sustituido aquél por otro neoclásico, hoy desaparecido. Era la puerta central del trascoro por la que entraban procesionalmente los beneficiados, canónigos y obispos siguiendo el ceremonial de la catedral. Obra de Antoni Dalmau (maestro de obras de la catedral por esta época) y Julià lo Florentí (Giuliano Poggiobonsi), además intervinieron los escultores Joan de Sagrera, Joan de Sogorb y Arnau de Bruselas.

En la parte superior del retablo destacan los doce relieves de Julià lo Florentí, que son una de las primeras obras del renacimiento en España. Las escenas inferiores corresponden al Antiguo Testamento, mientras que las superiores corresponden al Nuevo.

El tesoro más importante que alberga esta sala, y de donde recibe el nombre, es sin duda, el Santo Cáliz, dado por el rey Alfonso el Magnánimo. Este cáliz fue colocado en esta sala el año 1916, ya que hasta esta fecha no estaba expuesto al culto, sino guardado en la sala de reliquias de la catedral.

Hasta 1744 el vaso sagrado era usado con regularidad, pero se le cayó a un religioso en el suelo y se rompió, por lo que a partir de esta fecha se decidió que no fuera usado para ningún culto. La copa fue reparada, pero aún se aprecia la grieta resultante del accidente. El santo cáliz está protegido por un farol y descansa sobre una ménsula dentro de uno afiligranado templete gótico. La copa es de piedra de tipo ágata oriental o calcedonia rejado, de la variedad cornalina, de color rojo oscuro. Su diámetro es aproximadamente de diez centímetros y su altura de siete. La superficie exterior e interior es lisa. La base es pequeña, de forma circular. Está fechado en el siglo I dC.

El pie de la copa está constituido por una navecilla, en posición invertida, también de calcedonia, muy traslúcida, ribeteada en oro. La unión entre el pie y la copa y las dos asas están finamente trabajadas en oro. La montura, de fina orfebrería, está engastada con valiosas perlas y esmeraldas. Tanto el pie como las asas, fueran montadas en tiempo medievales.

La leyenda de esta reliquia menciona que, a la muerte de la Virgen, los discípulos de Jesús se repartieron todo lo que guardaba y que San Pedro se llevó el Cáliz a Roma. A causa de las frecuentes persecuciones sufridas por los cristianos, el papa Sixto II entregó la preciada reliquia a San Lorenzo, su diácono, el cual hizo trasladar el cáliz a Huesca, su patria. Allí estuvo el Santo Cáliz hasta el año 712, cuando los cristianos, huyendo de los musulmanes, se refugiaron en los Pirineos y finalmente en el monasterio de San Juan de la Peña, cerca de Jaca.

De allí, según citan los historiadores, pasó a Zaragoza, en el palacio real del Alfajeria. El santo cáliz fue dado por la comunidad de San Juan de la Peña al rey de Aragón, Martín el Humano en 1399, el cual, agradecido, entregó a cambio a los monjes de San Juan otro cáliz de oro. Dicen que el rey había manifestado reiteradamente deseos vehementes de poseer la sagrada reliquia.

El Santo Cáliz estuvo al poder de los monarcas de la Corona hasta que el año 1437 Alfonso el Magnánimo, que había llevado a Valencia la reliquia para la capilla de su palacio real, debiendo ausentarse del Reino de Valencia, la entregó a la catedral, donde el santo cáliz fue venerado, junto a las otras reliquias, hasta que fue instalado el 1916 en la antigua Aula Capitular donde hoy se venera.

La histórica capilla muestra, aparte del retablo en piedra, unos bancos, también de piedra, que circundan el recinto y sirvieron para asiento de la antigua aula de estudios. Y, en el muro de la derecha un púlpito gótico de piedra desde el cual San Vicente Ferrer explicaba su cátedra de teología, mientras a su derecha está el cuadro la Adoración de los Reyes de Nicolau Florentí (1469-1472), pintado al fresco, restaurado y pasado a lienzo. En el muro, a mayor altura, se encuentran colgando dos grandes trozos -uno de cincuenta-nuevo y otro setenta metros - de gordas cadenas. Son las que antaño cerraban el puerto de Marsella y que el 19 de noviembre de 1423 rompió la nave de Romeu de Corbera, en cabeza de las otras galeras, para atacar aquella base naval de la casa de Anjou, rival de Alfonso el Magnánimo, que dirigía el combate. El trofeo fue llevado a Valencia y dado por el propio rey a la catedral.

Además se llevó como botín de guerra los restos del San Luis de Tolosa que también fueran dados a la catedral. En un primer momento las cadenas fueron depositadas en el presbiterio pero con las reformas del año 1779 se ubicaron en la actual capilla del Santo Cáliz. También hay un lienzo de Vicent López del siglo XIX, representando la expulsión de los moriscos y una pintura del siglo XV representando a San Cristóbal.

Frente al muro donde se encuentra el púlpito hay una puerta gótica que conduce al interesante Museo de la catedral, donde hay obras de primitivos valencianos como Jacomart y Osona, y otros autores como Juan de Juanes, Castellanu, Correggio, Orrente, Espinosa, Vicent López, Camarón, y Francisco de Goya.


Situación


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Plaza de la Almoina, Valencia
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Referencias

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Fuster i Ortells, Joan: Viatge pel País Valencià (1971). Obras completas, vuelo. III. Ediciones 62, Barcelona. Segunda edición, noviembre de 1984, pag.s 71-75.
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Hernández Úbeda, Luis (coord.):Conocer Valencia a través de su arquitectura. Colegio Oficial de Arquitectos de la Comunidad Valenciana y Ayuntamiento de Valencia, Valencia, diciembre de 1996.
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Mira i Casterà, Joan Francesc: València per a veïns i visitants. Ediciones Bromera, Colección Grans Obres, Alzira. Segunda edición, mayo de 2007, pag.s 82-84.
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Sanchis Guarner, Manuel: La Ciutat de València. Ayuntamiento de Valencia, Valencia. Quinta Edición 1989.
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Simó, Trinidad y Sebastià, Anna: Grande Enciclopedia de la Comunidad Valenciana.Editorial Prensa Ibérica, 2005. Volumen IV, pag.s 214-216, ve: "Catedral de Valencia".
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