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Libisosa

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Libisosa
Ciudad ibero-romana de Libisosa (Lezuza, Albacete). Foto.- F.J. García Mariana

La Colonia Libisosanorum Foroagustana o Libisosa es una ciudad histórica Ptolomeica, citada también por distintas fuentes clásicas latinas en los principales itinerarios antiguos: los Vasos de Vicarello, el Anónimo de Ravena, y el Itinerario de Antonino (vía A-XXXI).

En la actualidad, esta ciudad u oppidum ibero-romana, se sitúa aneja a la villa de Lezuza (Albacete), en pleno Campo de Montiel, región de La Mancha. Se considera además, que el topónimo "Lezuza" deriva de una deformación lingüistica de "Libisosa".

Asentada en un alto cerro que controlaba un amplio territorio, estaba ubicada entre las cuencas de los ríos Guadiana y Júcar, con abundantes recursos hídricos, cinegéticos, y forestales, así como salinas, vitales para el ganado. Aquí la ganadería siempre desempeñó un papel relevante, junto a la agricultura extensiva cerealícola y parcelas la vid.

El territorio se ve recorrido por los más importantes caminos ganaderos desde la protohistoria: el Camino de Aníbal, que pone en comunicación la Alta Andalucía con Valencia, y la vereda de Los Serranos, que lo asoma al Mediterráneo a través de las tierras de Murcia y Alicante. El control de las rutas del comercio ganadero y la salida de minerales por las mismas vías que se dirigían hacia el sudeste y el Levante proporcionó al territorio de Libisosa un alto valor geoestratégico como en los mencionados itinerarios clásicos. En la vía clasificada como A-XXXI, del Itinerario de Antonino, situa a Libisosa a unas 21 millas romanas (31 km) de Laminio, y a 14 millas (21 km) de Caput Fluminus Anae (ésta última, seguramente, como una mansión militar, situada en lo más alto de la cabecera del Guadiana Alto, con el objeto de dominar varias vertientes).

El programa de excavaciones actuales se centra, esquemáticamente, sobre el solapamiento de 3 épocas o sectores: el poblado ibero (zona inferior), la oppida romana (recinto de murallas de la parte intermedia), y la villa medieval (en la parte más alta, junto al castillo de la misma época).

La Ciudad Oretana

En la ladera norte del oppidum se están excavando los restos de la ciudad ibérica oretana, en la que, articulados por dos calles orientadas en sentido norte-sur, han aparecido ya 16 departamentos de diversas dimensiones, con plantas de tendencia rectangular, y funcionalidad domestica y artesanal. Sus muros están construidos con un zócalo de mampostería, con los alzados de adobe.

Los materiales hallados son variados y numerosos (siglo III a. C.), tanto los de importación, sobre todo itálicos ánforas vinarias, cerámica de barniz negro, vasos de paredes finas) como los de producción local, entre los que destacan los grandes contenedores, cerámica de cocina, cerámica de mesa, y vasos en miniatura.

Aunque es frecuente el estampillado, predomina la decoración pintada, a base de motivos lineales, geométricos, zoomorfos (carnívoros, aves, caballos, cérvidos) y antropomorfos (jinetes). Son igualmente abundantes las herramientas agrícolas, ruedas de carro, y molinos, así como las monedas ibéricas y las cuentas de collar de pasta vítrea.

Colonia Libisosa Foroaugustana

Sobre el asentamiento indígena oretano, se estableció la colonia romana "Libisosa Foroaugustana" (siglo II a. C.), que según Plinio tenía derecho itálico. El cognomen es bastante explícito sobre la inicial intervención romana en este territorio.

En un rellano situado cerca de la parte más elevada del cerro, fueron halladas unas estructuras vinculadas a la primera instalación romana, que cubren y amortizan una fosa votiva, que contenía una enorme cantidad de cerámica ibérica de época tardorrepublicana, junto a algunos materiales de clara filiación romana.

A comienzos del reinado de Tiberio se regulariza este área y se construye el foro, articulado en torno a una gran plaza de 150 por 100 pies romanos. El ingreso principal se halla en su parte oriental, que coincide con el centro geométrico de la plaza, y que también da acceso a sendos pórticos, a derecha e izquierda. El lado meridional lo ocupaba la curia, formada por dos ambientes contiguos, el primero con un pavimento de opus spicatum, que da paso a la estancia principal del conjunto, dotada de un pavimento en opus caementicium. En el lado septentrional del foro se dispone un gran edificio, que sufrió una destrucción parcial, y fue remodelado a finales del S. I o principios del S. II, con la construcción de una fuente monumental. En el lado occidental se sitúa la basílica, de planta rectangular, con dos accesos desde la plaza del foro en los extremos porticados.

El carácter de construcción de la oppida romana es más reducida a la extensa oretana, sobre la cual puede demostrarse, que este segundo asentamiento se hizo sobre la ciudad ibérica ya despoblada, aunque no por ello, tal vez, desconocida por los ingenieros romanos.

La Muralla Romana

Algún peligro de carácter militar y urgente, vinculado a la época de las guerras sertorianas, produjo la destrucción del barrio iberorromano, el allanamiento de la zona, y la construcción de una muralla de 3 m de anchura que rodea la parte más alta del cerro, delimitando una extensión aproximada de 8 hectáreas.

Se conocen, hasta el momento, tres puertas de acceso al oppidum, e indicios de una cuarta, todas ellas defendidas por sendos bastiones laterales de tendencia cuadrangular.

El aparejo externo de la muralla está formado por un doble paramento de mampostería ordinaria en la que se combinan grandes bloques desbastados, no siempre bien careados, con otros más pequeños intercalados. El interior de la muralla se rellena con piedras y tierra.

Villa Medieval

Detalle de una de las cruces patadas medievales encontradas en Libisosa

Además del conocido castillo medieval o torre vigía, que da nombre al cerro, el proceso de excavación ha exhumado un gran edificio, que tiene un patio rectangular con silos para grano, y una estancia alargada dividida en dos partes: la de mayor longitud, dotada de un banco corrido en sus tres lados y un pavimento de cantos rodados, que lleva dos cruces patadas (o ensanchadas) incrustadas; la estancia más pequeña tiene el pavimento de ladrillo, arco de acceso y una especie de altar, apoyado en el muro Este.

Por lo excavado hasta la fecha, el edificio parece desempeñar una función de carácter religioso-militar. Las dos cruces, el altar y la forma del ambiente, a modo de iglesia, aula basilical o refectorio, refuerzan esta idea. Puede tratarse de un edificio de época bajomedieval, relacionado con el proceso de conquista y repoblación de estas tierras, tal vez vinculado a algunas Órdenes Militares como la del Temple, o cruces patadas visigóticas. Aunque la forma de las cruces patadas con orla envolvente, recuerda más a la primitiva versión de la cruz de la Orden monacal provenzal del S. XIII, de los Calzados de la Santísima Trinidad Redención de Cautivos, de San Juan de la Mata (Trinitarios Calzados, antes de la reforma de los Descalzos); y de la que se conoce fincas ampliamente distribuidas por tierras de Tiriez (fincas de Valdelaras, en el término municipal de Lezuza), a mediados del s. XVI, cuando se fundaron los primeros conventos trinitarios calzados registrados en los alrededores (La Roda y Fuensanta). Además, las aspas de estas cruces patadas orladas, no aparecen soldadas en un mismo centro (según iconografía visigótica), sino que puede claramente observarse, que el aspa vertical solapa al horizontal, como lo hace la cruz trinitaria (el aspa roja sobre la azul), representando claramente, que el Hijo y el Espíritu Santo son personas distintas, sin mezcla, y que forman, junto al Padre envolvente, un mismo Ser. Y es precisamente, gracias a la orla, como inteligentemente se representa la existencia de un fondo; y en consecuencia, puede decirse, que este modelo de cruz patada solapada-orlada, es el mejor instrumento para diferenciar los colores trinitarios sin color.

Por lo que podemos suponer, que los primeros asentamientos trinitarios pudieran ya ser establecidos en pleno siglo XIII, con la versión de la cruz patada-solapada de la Orden de los Trinitarios Calzados, en los pavimentos de algunos de los templos de esta comarca, como los descubiertos en Libisosa, que se instalarían como lugar de frontera y de rescate de cautivos cristianos de Al-Andalus.

Algunos ejemplos que pueden acompañar a esta tesis, es la localización de algunos otros asentamientos trinitarios próximos ligados al Campo de Montiel: el castillo de San Felices o de Rochafrida, en las Lagunas de Ruidera; o el Santuario de Ntra. Sra. de Cortes, en Alcaraz.


Referencias

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