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Basílica de Nuestra Señora de la Asunción (Villanueva de la Jara)

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La basílica de Nuestra Señora de la Asunción de Villanueva de la Jara (Provincia de Cuenca, España) esta situada en la orilla del pueblo u fue construida sobre un castillo que poseía el Marqués de Villena (señor de Alarcón, cuyos territorios abarcaban hasta Badajoz). Los Reyes Católicos destruyeron su castillo y lo desposeyeron de él, esto sucedió a principios del siglo XVI entre los años 1511 y 1515.

Su construcción es del siglo XVI pudiendo estar relacionada su fortificación con los desordenes que ocurrieron en Villanueva de la Jara el año 1504.

Del castillo solo queda una muralla situada en la parte del mediodía. Este recinto amurallado cierra el cementerio con un muro compuesto por tres lienzos en buen estado, con torreones circulares en los encuentros de cada cortina y pequeños troneras cerca del suelo.

Tiene su entrada en el sudeste de la iglesia, en un ángulo entrante, bajo un arco intradós adornado con rosetas dentro de cuadrados, con alfiz de bolas, teniendo por estribos la esquina de la iglesia y al lado opuesto por uno de los cubos de la muralla.

Descripción

El edificio, considerado material y artísticamente, es una enorme fábrica de piedra de sillería, realizado únicamente de piedra, utilizándose en él miles.

Es un edificio suntuoso y de amplísimas proporciones. Se compone de una sola nave, dividida en cuatro tramos, presbítero ábside hexagonal, tres capillas laterales a cada lado y, hacia el sur, la sacristía y la sala capitular. Los dos primeros tramos son de crucería estrellada, con ornamentos nervados, sobre columnas adosadas de planta irregular; el segundo tramo, tiene una capilla a cada lado de la bóveda de crucería y estilo gótico tardío, conteniendo la del lado norte, que da acceso a la sacristía, un retablo gótico. Las capillas que dan al tercer tramo son de bóveda de arista. Al cuarto tramo, también de arista, dan otras dos capillas, una muy simple con un retablo y la otra es la capilla de la Virgen del Rosario. Al quinto tramo (en realidad el cuarto, puesto que el primero corresponde al presbiterio) dan las dos entradas, enfrentadas. A los pies, bajo la torre, se sitúa una capilla que se dice es la primitiva del castillo de los marqueses de Villena, sobre cúpula baída, y a la que se accede por un arco apuntado de sillares, con reja original del siglo XV. Exteriormente destaca su gran volumen, muy vertical, con contrafuertes en el segundo tramo y en el ábside y fenestración de tamaño reducido, con arcos apuntados con intradós acordonado. La fábrica general es de sillarejo, con contrafuertes de sillares, lo mismo que en la torre y la fachada del piecero.

En la cabecera del edificio, los arcos de las bóvedas arrancan unas columnas de fuste helicoidal, las ventanas tienen tracería gótica y los arcos apuntados de las capillas con decoración de cardina. En el resto del edificio, erigido en el último tercio del siglo XVI, las columnas son jónicas y los arcos de medio punto de las capillas tienen molduración renacentista. No obstante la iglesia tanto en la planta como el alzado responde a un sólo proyecto apenas modificado.

En la fachada principal tiene dos arcos de puro estilo plateresco, tallados. Se cree que en otra época quizás pudieron servir de entrada por la parte recayente al coro. Abarcando estos arcos ciegos existe un arco de medio punto con jambas, estilo renacentista, está cegado y en el centro hay un tragaluz circular para dar luz al interior.

Se trata, sin duda, de uno de los más bellos ejemplares de arquitectura de fines del gótico en la provincia de Cuenca y muy singular porque en ella se percibe la adaptación por el renacimiento de la tipología de capillas entre contrafuertes, tan caras al último gótico español.

La Sacristía es de forma rectangular. La sala Capitular con ornamentación rococó posee una pila bautismal neoclásica.

La portada del lado norte es ya manierista; tiene 5 hornacinas y 4 esbeltas columnas jónicas que contratan con el plinto sobre el que se asientan y el entablamento que sostienen, un nuevo contraste se da en el cuerpo alto con las grandes bolas coronadas por unas pequeñas pirámides.

Solidísimos contrafuertes exteriores contrarrestan el empuje de la atrevida y original bóveda de unos 30 metros de altura y unos 45 metros del largo, sin contar desde luego, las capillas laterales.

La torre es de 65 metros de altura. Desde su base hasta el capitel está construida según los cánones del más puro renacimiento, como lo atestigua el adorno en forma de bolas que figuran en los arcos de las campanas, igual que la verja de hierro. Está construida en forma cuadrangular sin remate o aguja, cubierta de tejadillo de 4 vertientes sobre la cornisa del capitel.

Finalizado el siglo XVII y en el alborear del siglo XVIII, se le da a la torre el remate más gracioso, como la bordada caperuza de estilo barroco con sus remates pesados y sus 3 series de arcos de medio punto, aunque esté calada, no es ojival.

Bajamos hasta encontrarnos con los 8 enormes arcos del Campanario, dónde había 6 enormes campanas (desaparecieron durante la guerra de liberación).

En la misma torre existe el escudo de los RRCC con las flechas y el yugo, que estos mandaron poner cuando la nombraron villa a esta aldea de la Jara (1476).

También existe escudo que está encima de la puerta de hierro.

Estilo

En ella se aprecian 3 estilos: Gótico, Renacentista y Barroco.

Las dos columnas más próximas hacia el altar, nos marca el arte gótico, desde ahí renacentista.

Posee columnas de estilo ojival, retorcidas de fina traza y armoniosas, nerviaciones de la bóveda, en pleno contraste con las columnas platerescas de minucioso y delicado bordado y las enormes columnas clásicas de origen jónico, casi exentas del resto del edificio, que terminan en la enorme bóveda.

Ha desparecido la magnífica sillería del coro para más de 40 clérigos con su gran facistol y órgano.

Capillas

Consta el templo de 6 capillas y 9 altares, 7 de ellos privilegiados por ser Basílica en los que había 20 imágenes.

1ª Capilla de la Inmaculada Concepción.

El retablo es gótico flamenco. Uno de los 7 altares privilegiados por la Bula de Pío IX en el año 1871.

La preside la imagen de La Inmaculada; a la izquierda de ésta se encuentran San León Magno, con tiara por ser Papa y San Agustín, obispo con su mitra; debajo San Martín de Tours, entregando su capa al pobre; y a la derecha San Jerónimo, traductor de la Biblia al latín y San Gregorio Nacianceno.

2ª Capilla de la Virgen del Pilar.

El retablo data de 1569 y es obra de Leonardo López de Tébar. Es de Arte Gótico y Plateresco.

La preside la imagen de la Virgen del Pilar. Sobre esta imagen está el cuadro titulado "El Descendimiento del Señor"; debajo está San Francisco en su transfiguración; al lado izquierdo "La Virgen Orante", San Pedro y San Lorenzo, Santa Bárbara y Santa Lucía; y al lado derecho el Ángel de la Anunciación, San Lorenzo.

3ª Capilla de la Virgen del Rosario.

Sobre la nave derecha de la iglesia se abre una profunda capilla que es el mejor exponente de la devoción al Rosario vivida por los habitantes de Villanueva durante todo el siglo XVIII. Aunque el culto y el rezo se iniciaron muchos años antes, la Capilla debió construirse a finales del siglo XVII, pues en 1722 ya estaba concluida y quedó estructurada en los siguientes espacios: Una Sacristía, una antecapilla cubierta con bóveda de arista; una sección central a modo de crucero, cerrada por una espectacular cúpula rellena a modo de crucero, cerrada por una espectacular cúpula rellena de yeserías vegetales y el presbiterio o área de altar mayor, ocupado por el retablo de la Virgen del Rosario, e igualmente abovedado. En este triple espacio lo más llamativo es el espléndido adorno de pintura mural que cubre enteramente las paredes, cabecera, bóveda, perfectamente encajado en la estructura arquitectónica y de yeserías anteriormente descrita. Es esta pintura mural la que proporciona una personalidad especial ala Capilla del Rosario de Villanueva de la Jara y la convierte en un ejemplar único en el Obispado de Cuenca. Porque lo cierto es que los frescos que antiguamente se realizaron en las parroquias y ermitas han tenido escasa fortuna a lo largo del tiempo. Bien sea por la escasa tradición de pintura mural observada en la Diócesis, por el descuido de humedades y roturas, por la poca calidad de los materiales, por la desafortunada mano de los artífices o el profundo desprecio de los devotos posteriores, lo cierto es que no se ha tenido ningún reparo a la hora de plantearse el blanqueo de capillas y ermitas pintadas, eliminando así los reducidos conjuntos pictóricos que se habían efectuado durante los siglos XVII y XVIII. De ahí el interés de Villanueva de la Jara. El ciblo de pinturas desarrollado sobre sus muros permanece casi intacto, aunque ya han empezado a desaparecer algunas figuras.

A través de estas imágenes se despliega todo un extenso abanico de devociones populares que confluyen en torno a la Virgen del Rosario, cuya imagen preside el altar principal. San Julián hace su aparición como obispo representativo de la Diócesis; San Miguel, como defensor de las ánimas del Purgatorio; Santa Rosa de Viterbo, como terciaria franciscana igualmente implicada en el rezo el Rosario. Las escenas pasionales y triunfales de la vida de Cristo completan el conjunto.

Todo el complicado programa no está fechado ni firmado en lugar visible (aunque es posible que lo esté por detrás de algunos de los tres retablos con los que se cubrieron los muros con posterioridad a las pinturas). Pero gracias a los estudios comparativos de otros con juntos pictóricos del antiguo Obispado, se han podido atribuir las pinturas a un pintor de origen valenciano denominado Felipe Navarro. Este artista, del que se conocen escasísimos datos biográficos trabajó en el área conquense en la década de 1730, dejando rastros de su quehacer pictórico en la zona sureste de la provincia de Cuenca (Garaballa, Sisante, Campillo de Altobuey, etc.), en contacto con la frontera valenciana (Utiel). Realizar esta atribución no resulta caprichoso: hay una serie de constantes características que se repiten en camarinas y cúpulas próximas a Villanueva de la Jara. Por ejemplo: todos los conjuntos a él atribuidos se enmarcan dentro de un estilo barroco espectacular y festivo de abigarrada ornamentación, que no era propio del ambiente cultural conquense, sino que es una importación del área levantina. Valencia, Murcia, Alicante y Castellón tienen por propio el cubrir espacios íntimos -camarines, santuarios, etc.- con un riquísimo despliegue decorativo basado en el "horror vacui", en el que se alternan arquitecturas fingidas; personajes alegóricos imitando estatuas o medallones con efigies de santos y escenas marianas o cristológicas similares a las encontradas en el lugar. Otra señal propia de Felipe Navarro es el uso de un color azul cercano al añil que lo identifica casi como su firma. Un tercer detalle significativo es la presencia de ciertos santos valencianos raros en el mundo conquense, como San Luis Beltrán o San Vicente.

La pintura de Felipe Navarro es intelectualmente la más elevada que se ha conservado en la Diócesis. Su interpretación es completa incluyendo carteles en latín procedentes de literatura mística y manuales de devoción hoy en desuso. Sin embargo, durante el siglo XVIII su arte fue apreciado por clérigos y visitadores, que debieron sorprenderse de los profundos conocimientos iconográficos y literarios del pintor.

Pero además, resulta imprescindible imaginar que tras la personalidad y quehacer de un pintor tan curioso hubiera la figura de un hombre de Iglesia igualmente preparado y entendido. Aunque se ignora quién encargó el conjunto pictórico y, hasta el momento, los archivos se han mantenido mudos al respecto, no es conveniente olvidar la intervención de la familia de los Valeros y Losa, y concretamente la figura de don Francisco Valero y Losa, arzobispo de Toledo y gran canciller de Castilla que murió en 1728 y fue cura propio de Villanueva. Gracias a la devoción familiar y al buen empleo de sus caudales, se pudo concluir la obra de erección del retablo mayor de la parroquial y también destacaron

...por edificar la dha Capilla Nuestra Srª del Rosario, como para la sumptuosa obra de talla y Pintura, que se hizo.

El ciblo pictórico no permaneció mucho tiempo intacto, ya que la Capilla precisaba un retablo tallado en madera que fuera digno para albergar a la imagen titular. Por ello, se encargó una espléndida máquina al retablero Francisco Vallejo:

es data ciento noventa y ocho R' y diez y siete mrs. q. pagó por el alquiler de la Casa y Bodega en q. vivió Francisco Vallexo el tiempo que durá fábrica del Retablo de la Virgen.

En el ático del retablo aparece la escena principal del culto del Rosario: la visión tenida por Santo Domingo en la que recibió el encargo mariano de extender la devoción toda la Cristiandad mediante la entrega de las cuentas del Rosario. El retablo de Vallejo ocupó el testero de la Capilla y ocultó parte del ciblo pictórico, haciéndole perder su completo significado.

Años más tarde se pudo recoger nuevamente dinero a través de limosnas y donaciones para encargar los retablos colaterales que eran obligatorios en cualquier conjunto devocional de la época. Debían ser dos retablos dedicados a San Francisco Javier y a San Antonio de Padua y fueron realizados en los años de 1770 aproximadamente:

Son data diez mil zientor' y diez y siete mrs. vn. los diez mil que importaron los dos retablos q. se hicieron de orn. y con lizª del Illmº Señor Obispo de la Ciud. de Cuenca, ejecutados por Alonso Ruiz se pagaron a Jº (Juan) ferrer maestro herrero y Pedro Pinar Maestro alarife para sentarlos y ponerlos en los dos colaterales de dha Cappilla de Nrª Sª del rosario...

Estos retablos permanecieron algún tiempo sin dorar ni jaspear, conservando sus estructuras de madera "en blanco", tal y como se decía entonces. Se tienen noticias de que el altar de San Antonio fue jaspeado, según la moda neoclásica, entre 1788 y 1797. En torno a esas fechas, fueron dotados de sus características mesas de altar.

El tiempo transcurrido entre los encargos del altar mayor y sus dos colaterales fue lo suficiente amplio como para que en la Diócesis se experimentase el cambio de gusto entre los retablos tardobarrocos y los del naciente estilo neoclásico, que se empezaron a imponer.

Es un ejemplar barroco que pierde su sentido arquitectónico magistralmente ahogado por el exceso decorativo y simbólico, al quedar cubierta con las letanías de Marías y los Sagrados Corazones. En cambio, en una sencilla imagen, aunque por el barroco ha sido sustituido por la frialdad emanada de la imitación de mármoles y jaspes.

Extendido como un universo cerrado, la Capilla del Rosario es un exponente perfecto de la costumbre y la devoción vivida en Villanueva a lo largo del siglo XVIII; de la actividad artística de sus mecenas y devotos y sobre todo, es un ejemplar único en cuanto a su conservación. En sus muros y en los objetos contenidos dentro de ellos, se recogen estilos diversos (barroco, rococó, neoclásico), superpuestos en un todo orgánico y con una solución de continuidad perfecta que no admite rupturas. Es un espacio perfecto para apreciar no sólo esta interesante evolución de los estilos que empezaron siendo ricos y recargados y terminaron renegando de los barroco por considerarlo caro y potencialmente peligroso; sino también la ligazón que tradicionalmente ha unido a las Diócesis de Cuenca y de Valencia en el terreno artístico.

Altar Mayor

Se tardó en construirlo 15 años. Está tallado en madera con pan de oro subidísimo y estofado, tiene las mismas dimensiones que la bóveda y la nave central.

De estilo Barroco, es atribuido al propio Churriguera.

Carece de muchos detalles que en un principio poseyó, cómo ménsulas e imágenes.

A decir en el Centro estaba ubicada una imagen de más de 2 metros de la Virgen de la Asunción que daba nombre a la Basílica. A ambos lados las imágenes de los apóstoles San Pedro y San Pablo, tallas de 2 metros. Ocho columnas churriguerescas sostienen el Templete y otras 4 columnas salomónicas cuya base la forman 4 aclantes (ángeles) a modo de ménsulas que se elevan hasta la cornisa superior donde comienza el remate superior del retablo, que es un cascarón de cuarto de esfera que termina en la misma bóveda.

En cada una de las repisas superiores se encontraban los jinetes del Apocalipsis con sus largas trompetas y encima la gigantesca imagen de San Julián de 5 metros, el patrón de la Diócesis de Cuenca.

Se conservan dos escudos episcopales compuestos de corona ducal con 2 campanas invertidas y un lagarto, esto lo mandó colocar Valero y Losa, que fue cura de esta parroquia y que posteriormente fue obispo de Toledo.

Se conservan en esta Basílica 2 cuadros repartidos en las paredes del altar:

- En el lado izquierdo San Juan Bautista de pastor (la cabeza de ¿Tiziano?).

- En el lado derecho el Cuadro de las ánimas procedente del convento de franciscano que hubo en el lugar del cine.

Púlpitos

Los púlpitos de pesada y profusa talla estaban adosados a las dos columnas laterales, a las platerescas y los adornos y esculturas de los apóstoles estaban bañadas de riquísimos oro y fina pintura en rojo y azul. De esto sólo queda un púlpito que no está completo del todo.

Historia

Villanueva de la Jara dependía en el siglo XVI del rey. En el año 1575 contaba con una población formada por ochocientos vecinos (unos 2400 habitantes), ya que en esa época el concepto de vecino era equivalente al de familia.

La iglesia está situada sobre un castillo (prueba de ello es el muro que rodea al edificio por su parte trasera).

Existe una leyenda que dice que el altar está ocupando el lugar que anteriormente ocupaba una Mezquita árabe. Esta información no está totalmente verificada aunque, bien es verdad, que en la parte de fuera del altar se puede observar una piedra que sobresale de los muros de la iglesia.

En el capítulo 48 de las Relaciones de Felipe II con los pueblos del Obispado de Cuenca dice:

"...que en esta villa hay una iglesia donde hay en beneficio curado; sin otra catedral, ni colegial; y que la dicha iglesia nuevamente se edifica, y se hacen capillas colaterales, que son de la misma iglesia, y un de particular".

Dicha capilla particular es la capilla del Rosario construida por un arquitecto francés.

En la torre está estampado el escudo de los Reyes Católicos ya que la villa pertenecía al marquesado de Villena a finales del siglo XV; éste se pone en contra de los RR. CC. pero la villa se pone a favor de éstos.

Los Reyes Católicos hacían un símbolo en los territorios que ganaban al marqués de Villena.

Se cree, aunque no es una información del todo fiable, que las obras de la iglesia las pagaron Pedro Clemente de Arostegui y Valero y Losa, vecinos del pueblo que fueron obispos. Esta información se basa en las orlas episcopales que aparecen en la parte de arriba del retablo.

En 1570 los herederos de Juan Cardos inician un pleito en la Audiencia de Cuenca a fin de poder cobrar lo que adeudaban a su difunto padre en varias iglesias del Obispado de Cuenca. Los hijos de Juan Cardos declaran que su padre hizo:

"...una parte de obra en la iglesia de Santa María en la parroquial de Villanueva de la Xara a la parte del cierci de la dicha villa".

En 1575, Juan Ochoa de Celaya, que era el maestro encargado de la obra, cayó enfermo y se vio obligado a dejarla.

En 1578 todavía no se había terminado la iglesia, pues tras una visita efectuada el 13 de Mayo de este año a Villanueva de la Jara se dice:

"...en cuya iglesia parroquial se está haciendo obra...".

Ya fuera del siglo XVI, el 20 de Noviembre de 1766, se hace un repartimiento entre los vecinos del pueblo para pagar las obras del capitel de la torre debido a que no había capitel antes de dicha fecha, o bien, que era de madera y se quemó.

Por estos años era regidor Francisco Eugenio Espinosa.

No hubo suficiente dinero, y dos años más tarde, se volvió a hacer otro repartimiento entre los vecinos.

La iglesia ostenta el título de Basílica que le fue otorgado por el Papa Pío IX a principios de siglo XIX y está declarada Monumento Histórico-Artístico de carácter nacional.

Referencias

  • José Antonio Rodríguez Buleo [1]
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