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Arquitectura asiria

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Arquitectura asiria

Se conoce como arquitectura asiria a la desarrollada en el imperio asirio, activo entre los siglos XIII y VI a.C.

Los imperios caldeo y asirio, que fueron sucediéndose en la antigua región del Tigris y el Éufrates, dieron a origen a dos civilizaciones también diferentes y sucesivas aunque en el arte estuvieron muy hermanadas por copiarse mutuamente las formas. La época mejor conocida en el terreno arquitectónico es la del Imperio asirio, sobre todo, con la exploración de los palacios de Nimrud y Nínive.

Los historiadores han dividido la historia de Asiria en tres grandes períodos: el Imperio asirio antiguo (1800-1375), con capital en Assur; el Imperio asirio medio (1375-1047) que se caracteriza por la expansión del imperio y el Imperio asirio nuevo (883-612), el más breve pero más importante artísticamente. En ese periodo, el rey Asurnasirpal II (883-859) crea la nueva capital de Kalakh (actual Nimrud). En el 722, Sargón funda la ciudad de Dur Sharrukin, cerca de Kalakh y su sucesor, Senaquerib (704-681) destruye Babilonia y convierte a Nínive en la ciudad más importante del Imperio.

Las edificaciones más significativas son las de la arquitectura religiosa donde el zigurat se lleva a su máximo desarrollo, si bien hay pocos restos arquitectónicos reales, y las de la arquitectura civil donde destaca la palatina, representada por los palacios amurallados, construidos sobre terrazas y donde las estancias se desarrollan en torno a patios.

Territorio


Características

El arte asirio se apropió de las formas caldaicas, tanto en edificios como en inscripciones si bien en éstas abandonó la lengua proto-caldea, usando la asiria y en aquéllos construyó con más solidez, suntuosidad y perfección en el ornato. Aunque en Asiria no escasean las canteras de piedra y de los montes próximos de Armenia se extraían buenas calizas y mármoles, los asirios construían con ladrillos y adobe a imitación de los caldeos y sólo echaban mano de la piedra para revestimientos de muros y para la base de los edificios, los cuales fueron principalmente torres y palacios.

Aunque los asirios conocieron la bóveda, tanto falsa como verdadera (de medio cañón y apuntada) no dieron gran importancia a estos elementos arquitectónicos pero sí al arco de medio punto y al elíptico para las puertas monumentales. Tampoco hicieron frecuente el uso de las columnas a juzgar por los restos hallados y es probable que construyeran éstas de madera sobre zócalo redondo de piedra.

Arquitectura religiosa

Apenas se sabe nada de las tumbas en el imperio asirio y, no cabe duda que no se preocupaban por ellas cuando no han dejado muestras relevantes. Las torres o zigurats se componían de siete plataformas con igual destino y significado que en el arte caldeo. Pero se diferenciaban de éste en que no tenían escalinata exterior ni rampa (salvo la que servía para el terraplén inferior) franqueándose el acceso a las plataformas superiores por escalera interior que partía de un vestíbulo con su puerta monumental situados al pie del edificio en una de sus caras. Había, además, otros templos menores para divinidades secundarias, ya en forma de pequeñas torres, ya como edículos o templetes con su frontón al modo griego, aunque rudimentario.

Arquitectura palatina

Los palacios que en la arquitectura asiria ofrecen extraordinaria importancia, se elevan asímismo sobre grandes plataformas o terraplenes con planta rectangular prolongada y orientados como las torres. Encierran en su perímetro grandes patios, alrededor de los cuales se alzan los cuerpos de edificio divididos en diferentes salas de extraordinaria longitud cuyas paredes interiores más ricas y a veces incluso los pavimentos se cubrían hasta cierto punto con láminas de alabastro, adornadas en los muros con relieves historiados e inscripciones y más arriba se revestían los muros con ladrillos esmaltados o azulejos que ostentaban hermosa pintura policromada. El bronce y el oro abundaban así mismo en estas decoraciones palatinas. Es lo más probable que no tuvieran los palacios más que un solo piso y que recibieran la luz por el techo el cual se hacía plano y se adornaba con madera esculpida. Junto al palacio real se elevaba la torre-templo.

Junto a las puertas principales de los palacios reales, como para defender la entrada o simbolizar el poder, había colosales figuras de esfinges aladas, a veces, de cinco metros de altura, que por lo común tenían cabeza de hombre (androsfinges) con barba rizada, el cuerpo de toro o de león y las alas de águila, esfinges que, por otra parte, ya habían empezado a usarse en el arte caldeo primitivo. Entre los motivos ornamentales se hallan muy habitualmente las grecas, piñas, palmetas, rosones, las acciones guerreras y las cacerías.

Assur

La ciudad, que recibe su nombre de la principal divinidad asiria, se ubicaba al sur de la actual Mosul, a orillas del Tigris. Situada en un lugar privilegiado para el control de las rutas caravaneras, desempeñó un papel importante bajo dominio acadio.

Una de las primeras construcciones de las que tenemos constancia es el templo de Innana (nombre sumerio de la diosa conocida más popularmente como Ishtar, el mismo término pero en acadio), que experimentó múltiples reformas a lo largo de los siglos.

El templo de Assur, de modestas dimensiones en un principio y que sería concluido por el rey Shamsi-Adad I (1813-1781), alcanzando 110 x 60 m, presenta un esquema longitudinal heredado del período paleobabilónico, con un vestíbulo de acceso, un patio central precedido por un propileo o entrada monumental y una cella alargada. El edificio se encontraba dominando una plaza de forma irregular, rodeada por una muralla, doble en el sector Este y triple en el Oeste. Al lado del templo, nos encontramos el conocido como Palacio viejo, la morada de los primeros monarcas asirios. Contaba con una plaza trapezoidal. La estructura seguía el mismo patrón que la casa mesopotámica, con un patio central (10 en este caso), al cual se abrían el resto de estancias. En tiempos del mismo monarca citado unas líneas más arriba, se restauró el zigurat dedicado al dios Enlil.

En tiempos de Assur-nirari I (1547-1522), se construye el templo de Sin y Shamash (del Sol y de la Luna). Esta construcción, que se elevaba sobre un alto podio, es más bien un recinto religioso que albergaba dos templos gemelos separados por un patio cuadrado en el centro. Es de gran importancia, ya que todas sus estancias estaban distribuidas en torno a un eje axial, convirtiéndose en el prototipo para todos los palacios asirios posteriores, especialmente los del I milenio. No podemos dejar de mencionar tampoco el templo doble de Anu y Adad (dioses del Cielo y de la Tormenta respectivamente).

En lo referente a los palacios, destaca el de Adad-Nirari I (1307-1275), que presentaba una estructura muy influenciada por la arquitectura hurrita (pueblo de origen indoeuropeo). Rodeado por una muralla irregular, estaba distribuido de acuerdo con diversos sistemas de patios, a los cuales se abrían las demás instancias. Ya en el Imperio nuevo, el gran rey Senaquerib (704-681), mandó construir un palacio secundario, el conocido como Palacio del príncipe, para uno de sus hijos

Con el paso de los siglos, Assur sería desplazada como capital política por otros centros, pero nunca perdió su importancia debido a su condición de ciudad sagrada. Prueba de lo anterior es que muchos reyes asirios continuaron construyendo palacios y templos o ampliando los ya existentes, como por ejemplo en tiempos de Sin- shar-ishkun (623-612), último rey asirio, que llevó a cabo la reforma del antiquísimo templo de Ishtar. En 614, la ciudad fue destruida por los medos, poniendo fin a su milenaria historia.

Kalakh

Fundada por el rey Salmanasar I (1274-1245), su suerte cambió completamente con el ascenso al trono de Assurnasirpal II (883-859), quién la convirtió en la nueva capital del Imperio. Fue la primera ciudad en iniciar la tendencia de las ciudades-palacio asirias. Dicho monarca llevó a cabo una ingente actividad constructora, que incluía una acrópolis, un zigurat, una muralla y una residencia palaciega, el denominado Palacio del noroeste. Este palacio, que se comenzó a excavar a mediados del siglo XIX, es uno de los mejor conocidos del panorama asirio. Ocupaba la zona más occidental de la acrópolis que comentábamos antes y tenía unas dimensiones de 200 x 100 m. Estaba compuesto por dos grandes patios conectados entre sí y rodeados de estancias, por lo que obedece en buena medida a la tradición acadia anterior. La gran novedad introducida por los asirios consiste en la acentuación de la división entre la zona pública (babanu; viviendas de funcionarios, archivos etc.) y la parte residencial (bitanu). Las estancias de representación, y especialmente el salón del trono (50 x 10 m.), servían de separación entre ellas. Otro aspecto característico de este palacio es la decoración escultórica de las principales estancias a base de ortostratos, grandes bloques de piedra tallada con relieves, que son seguramente una influencia recibida de Anatolia, donde los arquitectos hititas y sirios los habían empleado en el II milenio. Su iconografía tenía como fin la exaltación de la realeza, mediante una programación basada fundamentalmente en escenas de guerra y caza; otro aspecto de gran importancia es que en dichas escenas vemos como el rey era el protagonista, desplazando progresivamente a los dioses.

Junto a estos relieves, otro elemento que caracteriza a este palacio son sus lamassus, unas gigantescas figuras aladas, que tenían cabeza humana y cuerpo de león o toro (lo más seguro es que sean de nuevo una influencia sirio-hitita del II milenio). Se ubicaban en las principales entradas y accesos del palacio, siendo su función la de solemnizar el paso a las principales estancias de función representativa (se sabe que en la tradición mesopotámica se consideraban genios protectores). No llegaban a ser esculturas de bulto redondo, ya que se unían al bloque de piedra en el que habían sido esculpidas, el cual formaba parte del edificio.

El sucesor de Assurnasirpal, Salmanasar III (858-824), emprendió también importantes obras arquitectónicas en la nueva capital, como por ejemplo el conocido como Fuerte Salamansar, un espacio multifuncional erigida en el sector este de la ciudad, fuera de la ciudadela. La construcción se alzaba sobre una terraza y estaba amurallada. Sus estancias se distribuían en torno a seis patios, que definían dos grandes áreas: la del arsenal (destinada a residencia del ejército y como almacén para el material bélico) y la del palacio propiamente dicho (que en esta ocasión carece de relieves). Todavía se construyeron más palacios, pero por motivos de espacio continuemos con nuestro recorrido.

Dur Sharrukin

La construcción de Dur Sharrukin obedece a la voluntad de un solo hombre, el rey Sargón II (722-705), famoso por sus campañas militares que le llevaron a combatir a medos, egipcios, hititas y babilonios.

La ciudad fue construida de nueva planta en tan sólo diez años y constituía un auténtico monumento al poder del monarca. Estaba completamente fortificada, cumpliendo un papel tanto defensivo como propagandístico. Su finalidad no era otra que transmitir el poderío militar y el poder de aquél que la había mandado hacer. Su muralla nos habla del gusto por la regularidad y la simetría. Ejemplo de lo anterior, es el modo en que se dispusieron las puertas de su reciento (siete en total, cada una de ellas custodiada por lamassus), dos en cada lado, a excepción del lado noroeste donde se hallaba la ciudadela, también amurallada y que constituía el núcleo del poder político religioso.

Dentro de la ciudadela, la construcción más destaca es el palacio real, que ocupaba 10 hectáreas y que se hallaba rodeado de su propia muralla. Se componía de un sector oficial, en el que destacaba como no podía ser de otra forma el salón del trono, y un área privada de carácter residencial destinada al monarca, con estancias distribuidas en torno a un gran patio. Era, como el conjunto de la ciudad en sí, una oda al poder del rey y de Asiria. Los que deseasen llegar al salón del trono debían atravesar el gran patio, flanqueado por lamassus de cuatro metros de altura y revestido de grandes relieves en los que se representaba al rey y a su séquito a tamaño natural. Cercano a estas áreas se encontraba un tercer sector, de carácter religioso, conformado por un zigurat y cuatro templos. Al margen del palacio, existía otra zona religiosa conectada directamente con el palacio presidida por el templo de Nabu.

A pesar de su magnificencia, al morir Sargón II su sucesor, Senaquerib (704-681), abandonó la obra de su padre y trasladó la capital a Nínive.

Nínive

Nínive, por su tamaño, la opulencia de sus palacios y templos y su gran población fue la más importante de las ciudades de Oriente Próximo, solo por detrás de Babilonia.

La que fue la última capital asiria, ubicada frente a orillas del Tigris frente a la actual Mosul, ya existía allá por el V milenio, pero fue en el Nuevo Imperio cuando alcanzó su momento de esplendor, justo en el momento en que Senaquerib fijo aquí su capital. Paradójicamente, Nínive no fue capital durante más de 100 años (más o menos desde 705 a 612), pero fue aquí donde el arte asirio alcanzó las mayores cotas de esplendor y quizá es también la más conocida a nivel popular de las capitales del antiguo Imperio.

Senaquerib levantó el que él mismo se encargó de denominar como el Palacio que no tiene igual. Después de demoler un palacio anterior, creó una extensa terraza de 500 por 42 metros sobre la cual levantó su palacio. Contaba con setenta habitaciones y tres mil metros de decoración mural, sobre lajas de alabastro talladas con relieves y adosadas a los muros de adobe. Como todos los palacios de la época, se caracterizaba por ese doble espacio público y privado separado por la sala del trono. La principal novedad que introdujo Senaquerib fue realizar varias modificaciones para hacer más fluido el paso de uno a otro ámbito, objetivo que logró mediante el aumento de estancias y patios que dieron al reciento una mayor cohesión. Los relieves estaban también presentes, siendo muchos de ellos crónicas de las grandes victorias del rey.

Pero en contraste con lo anterior, el más famoso de todos los palacios asirios fue muy probablemente el que mandó construir Assurbanipal (668-630), rey bajo el cual Asiria alcanzó la cima de su esplendor con la conquista de Egipto y Elam. Aunque era menos extenso que el de su abuelo Senaquerib, seguía teniendo un gran tamaño de aproximadamente 200 por 120 metros, estando organizado en módulos, con la tradicional y ya repetida hasta la saciedad sala del trono como elemento separador entre el ámbito público y el privado. En un tercer espacio se encontraba la entrada principal, estando los tres ámbitos conectados entre sí a través de largas avenidas ricamente decoradas. Los relieves presentan una novedad con respecto a los de su antecesor, con Assurbanipal los temas que se van a representar son mayoritariamente pacíficos, con abundantes representaciones de la vida cotidiana: músicos, banquetes reales, ceremonias religiosas o bien escenas de caza. De especial belleza son los relativos a la caza de leones, que se complementan con escenas secundarias donde aparecen gacelas y otros animales siendo acosados por perros y cazadores. La naturalidad que transmiten estas escenas nunca fue hasta entonces superada, el realismo del dolor, el sufrimiento y la agonía de los animales que se transmiten constituye una alegoría del poder del rey asirio y del castigo de aquellos que osen poner en duda su autoridad. De entre todas, quizá la escena más conmovedora es la leona herida, que lleva una flecha clavada en la columna vertebral que le impide incorporarse, debiendo arrastrarse mientras ruge de impotencia.

Hay que destacar también la biblioteca formada por el mismo Assurbanipal, quien pedía a los funcionarios que tenía en las principales ciudades del Imperio que hiciesen copias de las tablillas de valor y que las enviasen a Nínive; en total, se calcula que había alrededor de treinta mil tablillas, entre las que se encontraban textos de enorme importancia, como la Epopeya de Gilgamesh o el Enuma Elish, el poema babilónico de la Creación, en el que se inspirará el libro del Génesis.

La grandeza de Nínive acaba en el 612 cuando fue destruida por el rey Nabudocosonor II de Babilonia, poniendo fin al Imperio asirio y borrándolo de la faz de la tierra.

Referencias

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Conrad von Soest, 'Brillenapostel' (1403).jpg
https://noitabrega.wordpress.com/2015/05/14/858/
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Alberto Mengual

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