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Pirámide de Mayo

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Pirámide de Mayo, julio de 2005.

La Pirámide de Mayo es el primer monumento patrio que tuvo la ciudad de Buenos Aires y se encuentra en el centro de la Plaza de Mayo. Su historia comienza en abril de 1811 cuando la Primera Junta decide mandar a construir un monumento para celebrar el primer aniversario de la Revolución de Mayo.

En 1856, bajo la dirección del artista Prilidiano Pueyrredón, se la transformó construyendo una nueva pirámide sobre los cimientos de la anterior. En 1912, después de haber sufrido algunas modificaciones, se la trasladó 63 m más al este de donde se encontraba originalmente, pues se pensaba erigir un enorme monumento que la contuviera en su interior.

La imagen de la Libertad, obra del escultor francés Joseph Dubourdieu, corona al monumento que, desde el suelo hasta la parte superior del sombrero frigio de dicha imagen, mide 18,76 m.

Historia

Inauguración

El 5 de abril de 1811, al aprobar el Cabildo de Buenos Aires el programa de festejos para conmemorar el primer aniversario de la Revolución de Mayo, se resolvió erigir una pirámide. No ha quedado registro que permita saber porqué se eligió la forma de pirámide para el monumento. Se especula que el motivo pudo haber sido que se conocían las pirámides talladas en los dos pilares de la Puerta San Denis en París con las que la pirámide original guardaba similitudes.

La Plaza de Mayo estaba en ese entonces dividida por la Recova, formando dos plazas: la que estaba frente a la actual Casa Rosada se llamaba Plazoleta del Fuerte y la que daba frente al Cabildo de Buenos Aires, Plaza de la Victoria, cuyo centro fue elegido para levantar la pirámide.

Jura de la Constitución de Buenos Aires (1854) Daguerrotipo atribuido a Fredericks

De su construcción se encargó el alarife Pedro Vicente Cañete, por indicación del cual y de don Juan Gaspar Hernández, profesor de escultura de Valladolid, el monumento se hizo con materiales sólidos, entre ellos 500 ladrillos, en vez de utilizar madera como estaba proyectado hacerlo inicialmente. El 6 de abril de ese año se colocaron los cimientos, mientras bandas de música contribuían a la algarabía general.

El día 25 de mayo de 1811 se inauguró la obra, a pesar de que se la terminó días después ya que Cañete no logró cumplir con el tiempo estipulado. Se colocaron al pie de la pirámide las banderas de los Regimientos Patricios, Arribeños, Pardos y Morenos, Artillería, Húsares y Granaderos de la guarnición Buenos Aires. La pirámide y la Catedral fueron profusamente iluminadas. La Recova se iluminó con 1.141 velas de sebo. Los festejos duraron cuatro días e incluyeron danzas, sorteos y Manumisión de esclavos.

Aunque nunca fueron hallados los planos trazados por Cañete, estudios realizados posteriormente llegaron a la conclusión de que era una pirámide hueca, pues por la premura del tiempo no se hizo de mampostería compacta. Estaba fabricada de adobe cocido, y tenía unos 13 metros de altura (montada sobre su pedestal alcanzaba unos 15 m); tenía un zócalo sobre dos gradas, un pedestal sencillo de cuatro ángulos entrantes y cornisa volada alrededor. Un globo decorativo remataba el conjunto. Lo rodeaba una verja sustentada por doce pilares de material terminados cada uno en una perilla redonda. En las cuatro esquinas de la verja se colocaron en 1812 otros tantos postes, de los que colgaban farolitos alimentados con grasa de potro.

En los días de fiestas patrias se la adornaba profusamente con cintas, gallardetes, faroles de papel y leyendas alusivas.

En 1826 el presidente Bernardino Rivadavia proyectó erigir un monumento a los hombres de la Revolución de Mayo, que consistiría en una magnífica fuente de bronce “subrogano al que hoy existe”. Se debatió entonces si correspondía eliminar a la Pirámide de Mayo. Como sea el proyecto no se llevó a cabo debido a la renuncia de Rivadavia en 1827 y a pesar de que la ley fue sancionada por el Congreso.

En 1852 los hermanos Jaunet, utilizando un pequeño gasómetro, la iluminaron con lámparas de gas, dejando al público, que solo conocía de faroles alimentados con aceite de potro, asombrado.

La nueva Pirámide

La Pirámide en medio de la Plaza de la Victoria (1867)

En 1856 la Pirámide se encontraba muy abandonada. Se le encomendó entonces al pintor y arquitecto Prilidiano Pueyrredón que la transforme. Este realizó un proyecto con el deseo de hacerla más artística y grandiosa. Esta idea fue aceptada y se construyó la actual, dejando parte de la primitiva en su interior al revestirla con ladrillos y argamasa.

Se la dotó en su parte superior de una estatua de la Libertad, cuya cabellera se cubrió con un Gorro frigio. Dicha estatua, de 3,6 m de altura, fue realizada por el escultor francés Joseph Dubourdieu utilizando una mezcla de material. Este artista también se ocupó de realizar las simbólicas figuras de La industria, El comercio, Las ciencias y Las artes que se colocaron en los cuatro ángulos del pedestal.

La Geografía
La Astronomía
La Navegación
La Industria

En las caras del obelisco también se añadieron: un sol que mira al naciente (o sea, hacia la actual Casa Rosada) en dorado, y en los restantes tres lados coronas de laurel en altorrelieve. Pueyrredón también modificó el pedestal y capitel original aumentándoles la altura y ancho. En los cuatro lados de la base se colocaron las representaciones de nuestro escudo. Se colocó una nueva verja que en cada uno de los vértices tenía un farol a gas.

En 1859, debido a que el revoque usado no presentaba la duración esperada, se recubrió su base con mármol. En 1873 se encontraban en muy mal estado las estatuas, que eran de tierra cocida y estucada, motivo por el cual se retiraron y se reemplazaron por unas esculturas de mármol de Carrara (La Geografía, La Astronomía, La Navegación y La Industria) que se hallaban en el primer piso del Banco Provincia en la calle San Martín. Estas permanecieron hasta 1912 en que fueron retiradas y pasaron a depósito municipal. En 1972 fueron ubicadas en la antigua plazoleta de San Francisco, en la intersección de las calles Defensa y Alsina, a 150 m de la actual pirámide, donde aún permanecen.

En 1883, bajo la intendencia de Torcuato de Alvear, se demolió la Recova y desde entonces las dos plazas quedaron formando la actual Plaza de Mayo. El intendente consideraba que el monumento debía ser demolido y en su lugar construido otro más grandioso, por lo que pidió autorización al Consejo Deliberante para ejecutar el proyecto. Este consultó la opinión de distinguidos ciudadanos, entre ellos los ex presidentes Bartolomé Mitre, Domingo Faustino Sarmiento y Nicolás Avellaneda. El general Mitre opinó que debía demolerse la estatua de la Libertad y aun la Pirámide entera, pues por las modificaciones y agregados sufridos no representaba ya el monumento que originalmente se había levantado al año siguiente de la Revolución. Solo consideraba digno de respetarse y conservarse el basamento. Sarmiento rechazaba las profanaciones hechas a la primitiva pirámide y el Dr. Nicolás Avellaneda opinaba que debía restablecerse en su forma primitiva, despojándola de los adornos añadidos más tarde, pero sin destruirla. Lo cierto es que finalmente nada de eso se hizo porque si bien la mayoría quería demolerla el gobierno nacional prefirió no innovar.

El traslado

En 1906 se proyectó para el Centenario de la Revolución de Mayo un monumento, con la idea, nuevamente, de que encerrara en su interior a la Pirámide. La ubicación debía ser el centro de la Plaza de Mayo para lo cual era necesario el traslado de la Pirámide. Éste se realizó recién en 1912. Primero, como se comentó anteriormente, se le retiraron para siempre las estatuas de mármol que tenía a su alrededor. Luego se la "encamisó" con maderas para protegerla durante el movimiento. Se colocaron dos rieles a una distancia uno del otro de 4 m sustentados en pilares de mampostería que debían soportar el peso de 225 tn. La tracción se realizó con guinches, colocándose debajo de la Pirámide una plataforma de cemento que descansaba sobre sólidas ruedas. Así, paso a paso, avanzó 63,17 m desde el 12 de noviembre al 20 del mismo mes, colocándose debajo de ella, al finalizar la operación, una urna de metal con una leyenda referente a su traslado. Sin embargo, el proyecto de encerrarla en otro gran monumento volvió a quedar en la nada.

También después se tuvo la idea de restituirla a su origen histórico, ajustándola en lo posible a sus antiguas líneas. También se le colocarían los peldaños y la reja que la rodeaba, quitándole el "armazón de estuco y figuras inoportunas". Pero resoluciones posteriores limitarían las reformas a colocarla al nivel del suelo, renovarle la pintura y reemplazarle los escudos por el de 1813, además de devolverle la reja primitiva.

Fue declarada Monumento Histórico por Decreto Nº 120.412 del 21 de mayo de 1942.

El pañuelo blanco que simboliza a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, pintado en la zona de la histórica ronda de cada jueves alrededor de la pirámide.

Durante la dictadura militar autodenominada "Proceso de Reorganización Nacional" (1976-1983) las Madres de Plaza de Mayo y las Abuelas de Plaza de Mayo decidieron marchar cada jueves alrededor de la pirámide, llevando las mujeres el cabello cubierto por un pañuelo blanco, en señal de protesta y presión, por la detención-desaparición de sus familiares, incluyendo unos 500 bebés.[1]

El 10 de marzo de 2005 la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires sancionó la Ley 1653, que declaró "Sitio Histórico" al área que rodea a la Pirámide de Mayo, espacio en el cual se encuentran pintados los pañuelos que identifican a las Madres de Plaza de Mayo. El 8 de diciembre del mismo año, a pedido de sus hijos, las cenizas de Azucena Villaflor fueron depositadas junto a la Pirámide de Mayo, en el mismo lugar donde ella comenzó a organizar la lucha de las Madres.

Placa conmemorativa sobre el lado oeste

Existe una única placa, de bronce, de 85 cm de largo y 57 de alto, colocada sobre el lado oeste de la pirámide. Todo su contenido son dos nombres: Felipe Pereyra de Lucena y Manuel Artigas. Estos nombres, casi desconocidos para la mayoría de los paseantes, fueron inscriptos en la Pirámide durante la presidencia del Dr. Carlos Pellegrini, en 1891, por iniciativa de una comisión de personas que corrieron con los gastos, y en cumplimiento a lo resuelto por la Primera Junta en 1811. En efecto, el 31 de julio de ese año se había resuelto inscribir en la Pirámide los nombres de esas dos personas, que fueron los dos primeros oficiales que perdieron la vida en los campos de batalla luchando por la independencia argentina:

  • Manuel Artigas era hermano del caudillo oriental, José Gervasio de Artigas. Había nacido en Montevideo, Uruguay, en 1774. Durante la Revolución de Mayo formó parte del grupo revolucionario que integraban Domingo French y Antonio Luis Beruti. Actuó como capitán en la marcha al Paraguay. Ascendido a comandante fue héroe en la Batalla de Campichuelo y el 25 de abril de 1811 fue herido en San José, muriendo a los 33 años el 24 de mayo de 1811.
  • Felipe Pereyra de Lucena había nacido en 1789 y durante las invasiones inglesas‏‎ actuó como cadete. Durante la Revolución de Mayo ya había alcanzado el grado de teniente, partiendo con ese grado hacia la campaña del Alto Perú. En junio de 1811 logró el grado de capitán. Herido en actual territorio boliviano fue trasladado al poblado de Jesús Machaca donde falleció el 20 de junio de 1811 a la edad de 22 años.

La noticia de estas dos bajas causó impresión y la Junta Gubernativa dispuso que se grabaran sus nombres en una lámina de bronce. Al no poder costearse la placa no se cumplió con la disposición. El padre del capitán Pereyra de Lucena insistió en 1812 pero nada se hizo. Parientes del capitán volvieron a insistir en 1856 pero el asunto volvió a quedar suspendido. Recién en 1891 por iniciativa de un grupo de personas se costeó la placa por suscripción popular, colocándosela el 24 de mayo de ese año.

Referencias

  • Revista Buenos Aires nos cuenta nº 15 (1991), Directora: Elisa Casella de Calderón.
  • Carlos Vigil (1968), Los Monumentos y lugares históricos de la Argentina, Editorial Atlántida.
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  • La Razón. Hace 30 años las Madres daban su primera ronda en la Plaza. La Razón, 30 de abril de 2007. Consultado el 10 de enero de 2008.
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       » Alberto Mengual Muñoz   »  Iñaki M.B.

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