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Andrés Kálnay

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Andrés Kálnay
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Andrés Kálnay (Jasenovác, Croacia, 4 de abril de 1893 - Buenos aires, Argentina, 28 de diciembre de 1982), arquitecto de origen húngaro muy influyente en la modernización de la arquitectura argentina. Entre sus obras destacadas se encuentran la Cervecería Munich y el edificio del Diario Crítica.

Los inicios

Con catorce años toma contacto con la arquitectura al iniciar su preparatoria para el ingreso a la “Escuela Superior Real Estatal Húngara de Arquitectura de Budapest” que culmina en 1911.

Hacia 1909 se traslada a Budapest donde trabaja en una empresa y al año siguiente inicia sus actividades en el estudio del arquitecto Pollák Manó, iniciando así sus prácticas en la construcción. Pasa también por los estudios de los constructores Fritz Oszkár, Orth Ambrus, Somló Emil, el Dr. Arq. Hültl Dezsö, los ingenieros Bleuer Ödön y la constructora Sugár y Sajó, entre otros. Debe considerarse que muchos de sus empleadores y profesores eran profesionales que tenían prestigio en la docencia, la construcción de importantes monumentos e iglesias, esculturas, temas decorativos, joyas, sellos, carteles, libros, portadas de ediciones y otros. Esta variedad daría al joven Andrés un dominio en diversos aspectos del diseño donde mostraría siempre gran habilidad.

Durante la guerra se incorpora al 7° de Artillería, donde realizó algunos estudios en la Escuela de Artillería y Fortificaciones de Komarom, especializándose en estas temáticas. Finalizado el conflicto en 1918, participó en la “Revolución de los Crisantemos”. Por ese entonces abría nuevamente su estudio de arquitectura, realizando algunos encargos solo o con su hermano Jorge. De este período se destacó un proyecto de 48 viviendas para damnificados por la guerra, las cuales se levantaban en muy corto tiempo. En 1919 Andrés obtuvo la patente habilitante para ejecutar y dirigir sus propias obras, certificado que le extendió la Facultad de Budapest. Fue además nombrado secretario de la Sociedad de Arquitectos por lo cual escribió varios artículos para la revista institucional.

La dictadura bolchevique provocó una temporal partida de los hermanos Kálnay pero al regreso a Budapest toman la decisión de emigrar y después de haber estado en Venecia, parten desde Nápoles rumbo a los Estados Unidos, aunque el azar quiso que en alta mar el barco virara hacia el sur, llegando a Buenos Aires el 15 de marzo de 1920.

Los hermanos Kálnay en Argentina

Los primeros años iniciaron sus trabajos como dibujantes de distintos estudios de arquitectura como Peralta Martínez y Denis o Marcos Sastre.

Hacia julio de 1921 abren su propio estudio. Ese año realizaron su primer trabajo: el restaurant Munich. Recibieron también encargos de una cantidad importante de viviendas como la solicitada en 1922 a José G. Paz y esposa en la calle Río de Janeiro. De líneas académicas, contaba con un fuerte cornisamiento y un criterio de austeridad en su composición, además de un diseño propio de los vitrales de la escalera.

Entre 1922 y 1923 construyeron otra vivienda para Juan Félix Tojeiro en la calle Paraguay 5074, quien exigió en sus condiciones la terminación en seis meses. Es en este proyecto donde se pueden ver las primeras líneas que marcarían formalmente las fachadas de Kálnay, realizadas con gran movimiento y rematadas con pérgolas y balcones de gran fuerza expresiva. En 1923 realizaron un edificio en la calle Charcas, casi esquina Gallo, con entrada por la ochava y cuyo frente fue considerado como “moderno” y cuya decoración y “líneas arquitectónicas eran sencillas y elegantes”. La azotea era rematada con las pérgolas que pasarían a ser en adelante una marca de Andrés Kálnay.

Un chalet para Otto Höfs en la esquina de Cuba y Guayrá exhibe otras corrientes expresivas utilizadas por él como el pintoresquismo arquitectónico, donde aplicaría una composición asimétrica y algunas concesiones historicistas referidas a la arquitectura regional europea, variedad de cubiertas a varias aguas y un balcón con reminisencias “liberty”. Otras viviendas encargadas muestran su tránsito al “decó” con la utilización de elementos ornamentales en fachadas como pilastras de fuste geométrico o detalles en balaustres o viseras de ventanas. En ese mismo tiempo realizó un pabellón de maternidad anexo al Hospital de Caridad donde se colocó adornos artísticos o esculturas en el frente principal.

Es interesante un proyecto que quedaría en los papeles y donde fueron asociados con el arquitecto Hirsch para la Fábrica de Pinturas y Barnices, empresa que daría lugar posteriormente a la conocida firma Alba. Este edificio estaría ubicado en la Avenida Maipú en Olivos y allí se evidenciaba una tendencia clara hacia el racionalismo con una estructura marcada y con pilastras realizadas con elementos virtuales que solo reforzaban la comprensión del sistema constructivo. Los grandes ventanales solo evidenciaban el carácter funcional del edificio.

Hacia 1925 diseñó lo que sería hasta ese momento su encargo más importante: el Cine Teatro Florida. Esta obra marcaría su plena identificación con el “art déco”: ventanas con fuertes improntas geométricas, acentuadas por pilastras monumentales rematadas en cornisas con elementos semejantes a ladrillos a sardinel, utilización de una geometría marcada en el diseño de casetonados en la cubierta coincidente con los pisos de mármoles blancos y negros, la sala con palcos semicilíndricos y una amplia boca de escena festonada con ornamentaciones estilizadas en su parte superior. Todo esto se verá claramente potenciado en otra obra realizada posteriormente por Andrés en el Cine Suipacha.

Otra obra emblemática serían las oficinas del célebre diario “Crítica”. Considerado una respuesta “moderna” al referente clasicista del diario “La Prensa”, esta obra representó otro ejemplo de su tránsito del “art déco” al racionalismo. Allí se expresa la voluntad de separarse de todo elemento que remita a las lecturas clásicas y que exprese las nuevas tendencias modernas del arte. Este edificio sería considerado erróneamente exclusivo de Jorge pues ese mismo año Andrés viajaría a Europa; sin embargo en la Exposición de Budapest de 1930 se presentó el proyecto a nombre de Andrés sin su objeción, lo cual demuestra la injerencia directa en el diseño. Destaca en su fachada de simetría axial y basamento el balcón central con gran ventanal, flanqueado por robustas estatuas y que marcarían el indudable sitial del protagonista de aquella aventura periodística: Natalio Botana. La decoración del hall del Directorio remite a inspiraciones precolombinas incaicas y aztecas que se adaptan a la impronta moderna del edificio. El piso estaba decorado con figuras simbólicas del Calendario azteca y otros a la Puerta del Sol de Tiahuanaco y cuya orientación estaba dada según el Zodíaco. Toda esta iconografía no dejarían de integrarse a las corrientes del pensamiento nacional, además de asociarse a la imagen de un diario que Botana intentaba acercar al pueblo, tal como el mismo afirmaba al decir que “fuimos los maestros de las primeras letras de todas las barriadas humildes de Buenos Aires, el primer diario de muchos adultos que aprendieron a leer en esta cartilla que sabía decir las cosas con gracia”. Esto tal vez se contradecía con el concepto de “Palacio” que tenía el común de la gente de este edificio. Efectivamente, la sede de Crítica contaba con un sofisticado comedor, salón de peluquería, novedosa sala de teletipos, sala de armas donde Botana y sus redactores “dirimian” su estilo periodístico. La terminación del edificio era realmente suntuaria, con la aplicación de mármoles variados, un diseño lumínico esmerado, al igual que en sus carpinterías y equipamiento. Este edificio dejó de ser las oficinas del periódico con su clausura para ser sede de una dependencia de la Policía…

La Cervecería Munich y la Costanera Sur.

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Hacia 1916, el intendente Joaquín Llambías inició la reconstrucción de la nueva costanera sur, corrida un kilómetro dentro del Río de la Plata luego de la construcción del complejo de Puerto Madero. El proyecto incluía una Avenida Costanera y un Balneario Municipal acompañados de una serie de parques forestados. El sector se construyó en dos tramos, primero entre las prolongaciones de las Avenidas Belgrano y Brasil, inaugurados con la presencia del presidente Yrigoyen, y una segunda parte hasta la calle Viamonte, conformando una alameda. A todo este sector de esparcimiento urbano se necesitó dotarlo de equipamiento acorde a las funciones y actividades, siendo justamente Andrés Kálnay el responsable de esta tarea. Sus trabajos en este clásico sector de la ciudad incluyó edificios como los restaurantes Brisas del Plata y Don Juan de Garay, los quioscos La Alameda y Punch de Naranja, el llamado Chalet de la Cruz Roja Argentina y, seguramente, la obra mas importante de todo este complejo: la Cervecería Munich de la Sucursal Costanera.

Símbolo de una Argentina irrepetible, la Cervecería Munich pasó a ser el centro de reunión de los personajes mas elegantes y sofisticados de la época tal como Hipólito Yrigoyen, Leopoldo Lugones, Alfredo Palacios, Alfonsina Storni, Belisario Roldán, Carlos Gardel, entre muchos otros. Con una silueta inconfundible y levemente piramidal, su perfil debía verse en todo su alrededor, dando vital importancia a las áreas abiertas conformadas por terrazas donde se instalarían las mesas de los asistentes. Rodeando el cuerpo central de la cervecería aparecían galerías perimetrales que separaban el exterior del gran hall central donde una escalera helicoidal remataba en un templete y cuyo perfil destacaba en la fachada principal. Otras escaleras secundarias comunicaban con las terrazas exteriores ubicadas en la planta alta. En ambos niveles se repetían los servicios, el bar y cocinas, brindando mayor eficacia para la atención del público. Como alarde de tecnología y confort, contaba con un sótano con instalaciones frigoríficas que fueron consideradas las más grandes de aquel momento.

Teniendo en cuenta que su ubicación eran terrenos ganados al Río de la Plata rellenados con tierra proveniente de la excavación del subterráneo de la Avenida Corrientes, todo el edificio se montó sobre una gran batea de hormigón armado con casetones de vigas invertidas. Los cerramientos incluidos fueron elevados con mampostería tradicional racionalizada, recubriendolos con placas premoldeadas. Parte de la fachada conformada por pilastras, barandas, maceteros, balaustres, fueron resueltos con premoldeados de cemento, con color incluído en su construcción. Los vitrales y otros elementos decorativos, diseñados en su casi totalidad por el propio Andrés Kálnay, incluía motivos típicos bávaros, siempre utilizando como tema el producto más importante de la región y del local: la cerveza.

Tal vez lo más llamativo de su momento fue la rapidez y la eficacia en la resolución de todos los detalles para el escaso tiempo disponible: la obra se terminó en solo cuatro meses y 8 días, sin máquinas de construcción, incluyendo los muebles y todas sus instalaciones, en palabras del mismo Kálnay. Ejemplo de racionalización constructiva y muestra de la capacidad de su creador para su ejecución, recibió en sus momentos los mejores comentarios y críticas. Su análisis lleva a plantearse su posición frente al “art déco” y el supuesto “modernismo” que decía reflejar, siendo el mismo Kálnay quien refiere una posición propia frente a posturas historicistas repetitivas o a posiciones absolutamente negadas de ornamento, despojado y reflejo de forma según la función. Esta última expresión del Modernismo estaba apenas a la vuelta de la esquina y cuajaría en la década del ´30…

El trascurso del tiempo y el devenir de los usos y costumbres de la ciudad, llevó a este sector a su caída y la desaparición de la clásica costanera, reemplazada por una reserva ecológica que avanzó nuevamente sobre el invadido Río de la Plata. Sometida la antigua Cervería Munich a un proceso de cierre y degradación, casi a punto de su demolición, el gobierno de la ciudad decidió la entrega en concesión a la ex empresa pública de Telecomunicaciones ENTEL para la instalación en su interior de un Museo que debía refaccionar y mantener. A tal fin fue llamado el mismo Andrés Kálnay, su hijo Esteban -también arquitecto- y otros profesionales para su rehabilitación, lo cual llevó a realizar importantes modificaciones que provocarían el beneplácito de quienes observaban la oportunidad de recuperar el edificio y la crítica de aquellos que, tal vez, pretendían volver a los tiempos pasados e irrepetibles…

Arte, creatividad y diseño

No era un novedad las incursiones de Andrés Kálnay en el mundo de la pintura, ya expresado en sus trabajos realizados en el mismo frente de combate, seguido de algunas obras que reflejaban paisajes urbanos, tal como un óleo del puente que une las ciudades de Buda y Pest. Desarrollando sus actividades en la Argentina participó en una exposición de artistas alemanes y austríacos, organizada por el merchante Federico Müller, destacado hombre del arte en la década del 20, además de cultivar la amistad de importantes artistas como Fader, Pelotti, Quinquela, entre otros.

Algunas de sus obras más destacadas fueron paisajes costumbristas urbanos, centrando su creación en los acontecimientos de la Plaza de Mayo. Tal vez su obra no fue considerada desde el punto de vista del interés público debido al auge de imágenes provenientes del mundo rural de las “pampas”, verdederos símbolos de los modelos nacionalistas que surgían por entónces y buscaban líneas del “arte nacional”.

Es de destacar también la postura de Kálnay a la hora de integrar la arquitectura con las artes decorativas. Sus diseños de vitrales incluidos en diversas obras, tanto en viviendas particulares como en edificios de mayor envergadura, evidencian un interés por temáticas variadas como imágenes costumbristas europeas o modelos precolombinos como los aplicados en el mencionado edificio del diario Crítica. Incursionó también por el diseño de carteles y afiches, así como en el campo de la arquitectura efímera de stands, vidrieras y exposiciones.

No menos sorprendente es su incursión en el diseño de muebles, equipamiento y sistemas constructivos modulares. La permanente búsqueda de soluciones prácticas y su afán de solucionar temas tan dispares como la vivienda mínima hasta simplificación de estructuras de hormigón, pueden encontrarse en sus cuadernos de apuntes. Se analizaban allí costos, optimización en la fabricación, comparaciones y rediseños para su posible implementación. Durante años trabajó en un sistema constructivo que denominó “Sistema Kálnay” o simplemente “su sistema”, donde los tiempos para la construcción de una vivienda económica se reducían a tiempos verdaderamente asombrosos, incluyendo todos los elementos decorativos como lámparas, cortinas, etc.

Hacia el racionalismo y los grandes proyectos frustrados

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Ya entrada la década del ´30, Kálnay evolucionaría hacia posturas cada vez más racionalistas, tal como se estaba poniendo en boga por aquellos tiempos. Debemos considerar que al comienzo de esa misma década el arquitecto Alejandro Bustillo realizaba la emblemática casa de Victoria Ocampo, verdadero símbolo de la presencia definitiva del racionalismo en Argentina.

De esta época son diversos edificios que no pudieron plasmarse en la realidad y quedaron solo en los planos aunque en todos ellos pueden verse una vocación por la innovación y la utilización de diversas técnicas expresivas. Es de destacar un proyecto en la esquina de la Avenida Callao y el pasaje Rauch, frente al Colegio del Salvador. Este edificio tenía por destino en su planta baja un local de venta de automóviles, resuelto con un cilindro en la esquina que es enfatizado por bandas ondeantes horizontales y un sistema de fenestraciones de aspecto continuo. Otra cualidad de este proyecto es su misma presentación, realizado con un fotomontaje de la perspectiva.

Participa también en otros concursos como el del edificio Comega o los múltiples proyectos realizados para la Bolsa de Cereales, donde aplica criterios claros respecto de su postura cada vez más cercana al racionalismo. En el caso del primero, el llamado a concurso se realizó en 1930 para la Compañía Mercantil y Ganadera S.A., en el predio ubicado en la esquina de la Avenida Leandro N. Alem y la aún angosta calle Corrientes. La propuesta de Kálnay cumple acabadamente con todas las condiciones del Concurso así como la reglamentación del Código de Planeamiento, realizando además un aprovechamiento eficiente de los recursos de aire y asoleamiento.

En correspondencia mantenida con el Sr. Alfredo Hirsch de Bunge y Born, dado que su estudio actuaba a modo de oficina técnica de aquella firma, realizaba la comparación de su proyecto y el ganador de los arquitectos Joselevich y Douillet. Demuestra allí el mayor índice de aprovechamiento de la superficie útil y mejor utilización de la luz natural en sus interiores, además de referir en su oponente el hecho de no respetar algunas consignas previstas en el Código. Remataba su informe con su juicio contundente, “siendo el proyecto por mi presentado y en aspectos rentable, insuperables”. Esta actitud contrasta con la adoptada tiempo después cuando a pocos metros solicitaría excepciones similares para una obra suya…

En el caso de la Bolsa de Cereales sus propuestas se plantearon en suscesivos proyectos presentados en 1929, 1931, 1932 y finalmente en 1933. No se ha sabido las razones por la cual no cuajó la propuesta de Kálnay, las cuales fueron mayormente siguiendo los preceptos de un racionalismo funcional. Problemas planteados con la crisis del ´30, restricciones planteadas por algunos de los miembros del Directorio, proponiendo abiertamente un “cambio de estilo” del frente por el “estilo francés”. La obra finalmente no fue hecha por el húngaro, quedando en su archivo las documentaciones de los proyectos y un recorte de un accidente ocurrido en la última etapa de la obra por otro colega en cuestión.

Quedó también trunco un gran proyecto para la construcción de un casino de proporciones en la ciudad balnearia de Mar del Plata, en el predio ubicado entre las calles Luro, Entre Ríos, San Martín y Corrientes. La propuesta incluía la ejecución de amplios espacios destinadas a las mesas de juegos, limitadas por grandes paños vidriados. Las líneas de sus fachadas marcaban un apogeo de las vanguardias del momento, especialmente del “art déco”, y el rechazo a posiciones historicistas aunque con algunos rasgos de academicismo monumentalista. Es de imaginar el impacto que provocaría esta edificación en el marco de una ciudad que por aquel entónces se regía mayormente por el gusto pintoresquista.

Los últimos años

Prácticamente retirado de la vida profesional hacia principios de la década del ´60, se dedicó más bien a la pintura y al dibujo, así como a la revisión de varios de sus escritos filosóficos publicados en años anteriores. Participó en alguna refacción menor, destacándose la realizada en su obra más recordada como fue la Cervecería Munich.

Lejos quedarían algunos aspectos de su vida más dificiles y vergonzosos para nuestra historia cuando las formalidades burocráticas relegaron a los hermanos Kálnay y muchos otros al papel de simples “Directores de Obra”, tal como lo explicita el trabajo de Ramón Gutierrez en uno de sus capítulos. Atrás quedarían cientos de anteproyectos o proyectos truncos como el Pabellón Argentino del Sesquicentenario o el recordado concurso del edificio “Peugeot”, del cual quedó claramente disconforme, a tal punto que niega su participación en la muestra itinerante organizada. En este último realiza una atrevida propuesta de un gran cilindro telescópico abrazado por cuatro pilones que tomarían sus más de 60 plantas. También quedaría en el pasado su participación en las actividades políticas cuando adhirió en la lista del Partido Obrero Independiente, en 1928…

Obras

Referencias

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   » Alberto Mengual Muñoz   »  Iñaki M.B.

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