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Tumbas de Oberkassel

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Las Tumbas de Oberkassel son un yacimiento arqueológico que contiene un doble enterramiento, descubierto en una cantera cercana a la ciudad de Oberkassel, en (Alemania).

Enterramiento de Oberkasseler: los esqueletos, a la izquierda el de la mujer, a la derecha el del varón. En el margen izdo. dos objetos y a los pies, una parte de la mandibula del perro.

Historia

En febrero de 1914 unos trabajadores de una cantera descubrieron el sepulcro. Bajo varios bloques planos del basalto y envueltos en una rojiza capa fina de arcilla, se encontraron los esqueletos de un varón de cerca de 50 años y una mujer de 20 a 25 años de edad, restos de un perro, otros restos animales y objetos artísticos labrados con huesos de animales. Los esqueletos, bien conservados, son los únicos exponentes del Homo sapiens pertenecientes al Mesolítico localizados en Renania‏‎. Según la datación que se puede realizar con los conocimientos actuales, su edad se estima entre 12.000 y 14.000 años. Los esqueletos, los objetos encontrados en el sepulcro y una parte de la mandibula del perro, se encuentran expuestos en el Rheinischen Landesmuseum Bonn (Museo Federal de Renania en Bonn), Alemania.

El descubrimiento

Yacimiento en Stingenberg, al pie del Rabenley

El 12 de febrero de 1914, dos trabajadores de la cantera "Am Stingenberg" descubrieron, entre los escombros que sacaban de la cantera, unos huesos que les parecieron extraños. Los huesos y el suelo circundante mostraban una coloración rojiza. Los huesos estaban casi intactos y en condiciones tan buenas que los trabajadores pudieron reconocer partes de dos cráneos como restos humanos. El trabajo fue interrumpido y el joven profesor local Franz Kissel se encargó de que se asegurase el yacimiento. Todavía se vio reforzado en este propósito al aparecer, bajo uno de los cráneos, un objeto estrecho de unos 20 centímetros, que exhibía un ornamento tallado en su extremo y parecía trabajado a partir de un hueso. Los restos se depositaron primeramente en un viejo cajón de munición, que había contenido anteriormente el explosivo para la voladura de rocas.

El dueño de la cantera, Peter Uhrmacher, anunció el hallazgo a la Universidad de Bonn e indagó si existía algún interés en el hallazgo. El 21 de febrero, el fisiólogo Max Verworn, el geográfo Franz Heiderich von H. y el anatomista Robert Bonnet, aparecieron en Oberkassel. Puesto que en la notificación se hablaba de un "adorno para cabellos femeninos", los científicos creían encontrarse ante un hallazgo de la época romana o franca. Eso cambió al mostrárseles el ornamento de hueso. Reconocieron la típica "herramienta de hueso", cómo fue utilizada por seres humanos hacía el final de la Edad del Hielo („Diluvium“), usada para el raspado de pieles.

El lugar

Yacimiento, marcado con una cruz blanca. Fotográfia de 1914–
Dibujo de 1914 mostrando un corte en la sección del yacimiento y sus alrededores, con cotas de altura y clasificación mineral del terreno

El enterramiento estaba situado en "Am Stingenberg", cerca de Oberkassel. Allí existía una cantera de la que se extraía, desde hacía décadas, basalto. El yacimiento, de unos 25 millones de años, se extendía a lo largo de una falla ascendente, paralela al cauce del Rhin y perteneciente al Vulcanismo terciario de las montañas del Siebengebirges. Este "túnel" de basalto, el Rabenley, marca la dirección que sigue el Rhin en su curso. En este lugar meridional, el "túnel" lleva el nombre de Kuckstein.

Delante de las instalaciones de la cantera existía un escarpado desplome, creado por las labores de desmonte en la cantera. Al pie del desplome se encontraba el lugar del descubrimiento, a unos 99 metros sobre el nivel del mar. No se efectuó el Trazado cartográfico del yacimiento, pero el geólogo bonaerense, Gustav Steinmann, realizó una descripción del lugar. La capa superior, de unos 50 centímetros de grueso, consistía en escombro de la cantera y una cubierta de humus. Debajo, unos 6 metros de materiales del desplome compuesto de bloques de basalto más o menos erosionado, mezclado con arcilla basáltica. No existían capas de material poroso bajo o sobre el yacimiento, pero si arenisca de cuarzo, que se había ido desprendiendo o había sido arrastrada por las aguas desde la terraza principal, a la altura del Kuckstein.[1]

En la base del desplome formado por escombros, se encontraban los esqueletos y las ofrendas que los acompañaban, así como un colmillo animal, que Steinamn tomó por el de un ungulado, y otro que él denominó como "diente de bóvido". Ambos dientes se encontraban envueltos por una capa enrojecida de arcilla arenosa de unos 10 centímetros de grosor. Bajo ella, cuatro metros de arena del Rhin, de tonalidad gris-amarillenta. Esta pertenecía a las terrazas superiores del Rhin, y se encontraba en la misma posición geológoca en varias zonas de los alrededores. Debajo, se hallaba un capa de 1 metro de grosor, formada por Basalto que se extendía en profundidad y que estaba superficilamente desmenuzado. En la capa de arcilla enrojecida por los cazadores prehistóricos, que se extendía en dirección a la pared basáltica, se econtraron también huesos de animales que Steinmann describió: „[…] una mandibula inferior derecha de lobo, un diente de oso carvernícola y un hueso de ciervo, así como trozos de madera carbonizada, adherida a algunos huesos.“[2]

Toma fotográfica histórica del lugar(Rabenley). El yacimiento aparece marcado con una flecha blanca.
Rabenley, hoy en día

.

El Informe sobre el yacimiento

En 1919, Verworn redactó un exaustivo informe sobre el hallazgo en Oberkassel, que la Universidad de Bonn publicó en ocasión de su centenario, en edición de lujo. Sobre las circunstancias del hallazgo Verworn escribe:
"con impaciencia seguimos al Sr. Uhrmacher en dirección a la choza de herramientoas que se encontraba en la cantera de basalto, donde nos mostraron los hallazgos metidos en un viejo cajón de explosivos. Vimos inmediatamente dos cráneos, de los cuales solamente uno estaba un poco dañado por el uso de una pala durante la excavación. Lo primero que nos llamó la atención, fue el extraordinario desarrollo de las áreas donde se asentaba el músculo [... ] también notamos que no solo los cráneos, sino la mayor parte de los huesos que yacían en desorden dentro del pequeño cajón, aparecieron revestidos de una capa algo gruesa de material de color rojo, algo que nos era familiar de otros lugares de descubrimientos paleolíticos, como los del Vézèretal, y que éste clorante había impregnado también la capa de tierra que rodeaba en parte a los restos, lo que confirmaba que eran de la misma edad que aquella. Apenas nos atrevimos todavía a creer que se tratara de esqueletos paleolíticos, hasta que no hubieramos inspeccionado el lugar del hallazgo. El Sr. Uhrmacher Junior, bajo la incessante lluvia, nos condujo al lugar en donde habían descubierto los esqueletos ]

Las excavaciones realizadas en los días siguientes por los científicos de Bonn, pretendían confirmar si el hallazgo todavía se extendía en horizontal o en profundidad, y si en las proximidades era posible todavía localizar otros yacimientos. Rápidamente se comprobó que el lugar del descubrimiento ya había sido abierto en su casi totalidad. El yacimiento se extendía aún medio metro en el interior del derrumbe. Aparecieron todavía algunos huesos de la planta y de los dedos del pie, pero luego se terminó la capa rojiza de tierra y no se encontraron más restos. Tampoco se encontraron en la proximidad del lugar, donde se realizaron varias catas, salvo fragmentos de hueso que se habían extraviado al extraer los esqueletos.

¿Enterramiento o campamento?

El 23 de junio de 1914, Verworn, Bonnet y Steinmann informaron a la Anthropologischen Gesellschaft(Sociedad Antropológica de Bonn) de los descubrimientos y expusieron su opinión sobre el tipo de lugar en el que se habían enconyrado los esqueletos. En sus conclusiones, sustentaron la teoría de que se trataba de un lugar de enterramientos, y no de un campamento. Aquellos cazadores del periodo pleistozénico probablemente habían creado su campamento bajo la protección de la pared basáltico y enterraban a sus muertos en un lugar no demasiado alejado, enterrándoles con la aportación d egrandes cantidades de tierra coloreada y cubriendoles cuidadosamente con grandes piedras, tras los ritos acostumbrados.[3]

Lo que no se puede reconstruir, dadas las circunstancias en que se produjo el descubrimiento, es la posición de ambos esqueletos en la tumba. Es cuestionable si se encontraban, como hoy yacen en el Museo, en paralelo uno del otro. La falta de información es también la causa de que hasta el día de hoy no hayan podido ser esclarecidas las circunstancias de sus muertes y la razón para el enterramiento común.

Los cráneos

En la revista "Die Naturwissenschaften publicaba Robert Bonnet en 1914 una primera descripción de ambos esqueletos que era precisada cinco años más tarde en una publicación de la universidad de Bonn. Hoy, el análisis de Bonnet de los esqueletos es tenido por arqueólogos y antropólogos y como extremadamente preciso y completo, satisfaciendo todos los deseos que pudieran tenerse al respecto.[4]

La mujer

vista frontal del cráneo femenino (arriba) y masculino (abajo) -a la derecha, con mandibula restaurada.

El cráneo de la mujer estaba desprendido en las suturas simples y descompuesto en sus huesos respectivos, pero podía ser compuesto de nuevo, prescindiendo de algunas de las partes de ambas sienes, del puente de la nariz y algunos defectos en la base de cráneo. El cráneo de forma oblonga y alargada, tiene su mayor longitud con 184 mm, la medida de mayor ancho es de 129 mm así como la mayor altura de 135 mm (medida desde el borde delantero del hueco posterior principal al vértice superior). Su extensión horizontal es de 512 mm. En la vista lateral, el contorno del cráneo pasa sobre la bien marcada frente hasta el hueco posterior principal, en redondondeado arco. El rostro muestra una fuertemente desarrollada mandibula en la vista frontal. La frente, moderadamente ancha, está dividida por una sutura central. Las fosas oculares cuadrangulares son relativamente grandes. Las fosas nasales son de tamaño moderado, y el paladar profundamente cóncavo. Un maxilar inferior muy fuerte sobre una barbilla pronunciada, completan la acentuada línea de su perfil.

La dentadura estaba completa durante la vida de la mujer, excepto el tercer moolar superior derecho. Los tres últimos molares se encuentran menos desgastados que el resto de la dentadura, lo que significa que habían aparecido recientemente.

El varón

Vistas laterales de los cráneos. 1: (arriba izda.): mujer (mandibula restaurada) /2 (arriba dcha.): mujer (mandibula restaurada) /3 (abajo izda.): varón /4: varón(reconstruido)

Al contrario que en el cráneo de la mujer, Bonnet señala una gran desproporción, por su ancho y por su escasa altura respecto a la frente moderadamente amplia y ligeramente inclinada, así como el craneo bien redondeado. Bonnet estimaba la edad del hombre entre 40 y 50 años.

La mayor longitud del cráneo asciende 193 milímetros, su mayor ancho a 144, la mayor altura a 138, la extensión horizontalmente abarcada a 538. La capacidad craneál es de aprox. 1500 cm³ seguro. Las fosas oculares, bajas y rectangulares, están muy inclinadas hacía fuera y abajo, y sobre ellas sobresale homogéneo un hueso abovedádo de aproximadamente 8 milímetros de grosor. La fosa nasal es estrecha, respecto al correspondiente ancho facial, y el paladar insólitamente pequeño, prescindiendo de la parcial regresión de la plataforma dental, en relación con el resto de la estructura mandibular.

En vida, el varón tenía disponibles en el maxilar superior solamente los dos últimos molares de ambos lados, dirigidos fuertemente hacía fuera, así como el colmillo izquierdo. En el maxilar inferior los incisivos se habían caído durante la vida del individuo, y posteriermente todavía había perdido la mandibula un incisivo y un colmillo. Todas las coronas de los dientes están desgastadas hasta mostrar solo magros restos del esmalte dental, como se puede observar también en otras dentaduras más jovenes del periodo Cuaternario. La dentina es de color negro.

Su clasificación entre los demás fósiles paleolíticos en Alemania

Robert Bonnet intentó en su informe una primera clasificación de los hallazgos en cuanto a la pertenencia de los seres de Oberkassel a las hasta entonces conocidas poblaciones. Algunos de los hallazgos constatados, le señalaban un lugar junto al hombre de Neandertal. Otros, cómo la cara ancha y corta, las fosas oculares rectangulares y bajas, la nariz estrecha y el maxilar inferior en forma de V, con su pronunciado triángulo de barbilla, le hacían pensar en las características de un Cromañón, perteneciente ya al Homo sapiens .

Para el científico, ambos cráneos mostraban junto con inequívocas similitudes, algunas diferencias nada insignificantes. „ En ambos cráneos“ ,sostenía Bonnet, „ se expresan las notables consecuencias de cruces genéticos ocurridos durante el Diluvio “.[5]

Los elementos culturales en la tumba

Junto a los restos humanos de la tumba en Oberkassel, las piezas trabajadas encontradas en ella son muy valiosas desde un punto de vista arqueológico, porque son una muestra importante del estadio cultural en el cual habían vivido los fallecidos. Fueron, en 1914, el más importante indicio para la asignación del hallazgo de la tumba al Magdaléniano inferior.

El peinador

Objetos de la Tumba doble de Oberkassel. Figura 1: cuatro vistas del "peine"; Figura 2: tres vistas de la "cabeza de caballo"; Figura 3: hueso animal sin labrar

EL "huso o flecha de cabellos" está tallado partiendo de huesos duros, mide aprox. 20 cm de largo, y en su corte transversal el objeto es rectangular, con un bruñido muy fino; Verworn lo llamaba „Glättinstrument“ (instrumento pulido). En su empuñadura final está trabajada una pequeña cabeza de animal, que muestra similitud con algún tipo de Roedor o con una Marta. El otro final está desprovisto de filo. En sus lados más estrechos, el instrumento muestra un corte decoratívo muy característico de la también llamada época de los renos.

La cabeza de caballo

Grabados sobre hueso formando cabezas de caballo, de origen francés, traídas por Max Verworn para compararlas con las en contradas en Oberkassel.

Más importante todavía que el "peinador" , de cara a la adscripción espaciotemporal de la tumba a un periodo determinado, resultó ser la segunda ofrenda, con la que ya en de 1914 se podían trazar paralelismos con otros hallazgos. paralelas. „Esta talla en hueso“, escribía Verworn, „ es una de aquellas pequeñas y estrechas cabezas de caballos de aspecto tabliforme, talladas por ambos lados y parecidas a las encontradas por Girod y Massenad en Laugerie Basse y por Piette en los Pirineos, en número y variedad mucho mayor y que representan el fosil característico del Magdaléniano inferior.“.[6] En la pieza, que medía tras su recomposición 8,5 cm. de largo, 3,5 de ancho y aproximadamente 1 cm de grosor, veía Max Verworn una de aquellas cabezas provenientes de ese periodo.

La lezna o huso

Posteriores investigaciones han revelado que Verworn había evaluado correctamente el tercer hallazgo, que el calificó como un " „ hueso de animal con forma basta de lezna“ ". La pieza es parte del hueso de un pene de oso, probablemente de un oso marrón. Sin embargo, el hueso muestra, y esto se encuentra en contradiccción con el nivel de conocimientos que Verworns tenía de 1919, " „ una serie de finas huellas de corte superpuestas, posteriormente tratatadas con Hematita “.[7] La forma del tallado del hallazgo, como también en el caso del "peinador" y de las otras tallas óseas encontradas, llevaban a Verworn a pensar en una cultura prehistórica temprana.

La mascota más antigua de la Humanidad

En comparación con los esqueletos y las ofrendas culturales, los científicos que evaluaron el yacimiento de Oberkassel hace más de 90 años dedicaron poca atención a los restos de huesso que procedían de animales. En el primer informe de 1914, sólo eran mencionados de paso, aunque Steinmann los describía más detalladamente en 1919, en su texto: „Das geologische Alter der Funde (La edad geológica de los hallazgos) “.

Datación con carbono

En lo años posteriores a 1914, los científicos desarrollaron nuevos métodos de datación de la edad de un yacimiento, junto con el proporcionado por las características geológicas de los mismos. La posibilidad de comparar esqueletos y aportaciones culturales en las tumbas con los de otros hallazgos, proporcionó la facilidad de realizar ordenamientos cronológicos. Además, desde lo años 60 del pasado siglo existe la datación por el carbono 14. En 1994, se empleó dicho sistema en el marco de un estudio realizado en la Universidad de Oxford sobre los huesos de la Tumba de Oberkassel, llegando al resultado de que los hallazgos provenían del año 12.000 a.C.

Similares resultados obtuvo un estudio realizado en 1994 por el „Rheinischen Amtes für Bodendenkmalpflege“ (Instituto Renano para la Conservación de Monumentos) , en Bonn. Se tomaron muestras de la tierra enrojecida, a unos 80 metros del hallazgo original.

Street publicó en 1999 el „Beiträge zur Chronologie archäologischer Fundstellen des letzten Glazials im nördlichen Rheinland“ , en el que agrupaba todos los resultados de las diferentes investigaciones. Según estos, ambos seres humanos vivieron en la fase del Magdaliano tardío, en la época de transición hacía el Holoceiníco.

Las Raíces de la Humanidad

Monumento en recuerdo del „Homo obercasseliensis“

Los restos de los enterrados y el resto de hallazgos de las tumbas de Oberkassel se encuentran hoy en el museo Rheinischen Landesmuseum Bonn. Los esqueletos, dos de las ofrendas culturales y la mandibula inferior del perro, permanecen de esta manera accesibles al gran público. El visitante puede contemplar los hazllazgos y formarse una opinión.

Desde el 8 de junio del 2006, el Hombre de Oberkassel y su acompañante femenina forman parte de una exposición, „Roots – Wurzeln der Menschheit“ (Las Raíces de la Humanidad). Pueden contemplarse junto con los restos del Niño de Engis (Bélgica), los esqueletos del más antiguo hombre moderno en Europa, de los yacimientos „Oase 1 y 2“ en Rumania, y los aún mucho más antiguos restos humanos de Marruecos, Indonesia, Malawi y Tanzania.

Reconstrucciones

En los últimos años, artistas y científicos han realizado reproducciones gráficas o plásticas de los hallazgos del enterramiento, tras observarlos y estudiarlos..

No muy lejos del yacimiento, se encuentra un monumento conmemorativo, diseñado por Viktor Eichler: el primer hombre renano de la Edad de Piedra. La figura, realizada según los estudios elaborados durante los años veinte y treinta del pasado siglo, muestra al llamado „Homo obercasseliensis“ en cuclillas junto a un oso cazado. Hoy se encuentra sobre un pedestal, en el centro de una fuente. Una placa aún cita la edad del primer renano con la cifra de 40.000 años.

Como modelo demostrativo de una mujer hacía el final de la última glaciación, se construyó para el museo Neanderthal Museum von Elisabeth Daynès una figura femenina, que representaba el intento de reconstruir la mujer enterrada en las Tumbas de Oberkassel.

En 1964, M. M. Gerassimow publicó un artículo, en el que se dotaba a cráneos fosilizados de un rostro. En el trabajo, también se reproducían las reconstrucciones de los enterrados en Oberkassel.

Placa informativa en el yacimiento

Actualidad

Desde 1989 existe en Oberkassel, en el Stingenberg, un poco por debajo del lugar real del descubrimiento, un monumento que recuerda el hallazgo de 1914. Una placa, colocada por la asociación cultural local, informa a los visitantes sobre los dos esqueletos y sobre el resto de objetos encontrados. El lugar no tiene pérdida. La ahora cerrada cantera de Rabenley ofrece la mejor orientación, ya desde lejos. Todo visitante puede sentirse allí trasportado a la vida en ese lugar, tal y como era hace 14.000 años, en las postrimerías de la Edad del Hielo.

Referencias

  1. M. Verworn/R. Bonnet/G. Steinmann: Der diluviale Menschenfund von Obercassel bei Bonn. En: Die Naturwissenschaften. 27, 1914, pag. 649/650
  2. M. Verworn/R. Bonnet/G. Steinmann: Der diluviale Menschenfund von Obercassel bei Bonn. En: Die Naturwissenschaften. 27, 1914, pag. 649/650
  3. M. Verworn/R. Bonnet/G. Steinmann: Der diluviale Menschenfund von Obercassel bei Bonn. In: Die Naturwissenschaften. 27, 1914, pag. 647
  4. W. Henke/ R. W. Schmitz/ M. Street: Die späteiszeitlichen Funde von Bonn-Oberkassel. In: Rheinisches Landesmuseum Bonn: Roots – Wurzeln der Menschheit. Bonn 2006, p. 244.
  5. M. Verworn/R. Bonnet/G. Steinmann: Der diluviale Menschenfund von Obercassel bei Bonn. In: Die Naturwissenschaften. Nr. 27, 1914, S. 648/649.
  6. M. Verworn/R. Bonnet/G. Steinmann: Der diluviale Menschenfund von Obercassel bei Bonn. In: Die Naturwissenschaften. nr. 27, 1914, p. 646.
  7. W. Henke/ R.W. Schmitz/ M. Street: Die späteiszeitlichen Funde von Bonn-Oberkassel. En: Rheinisches Landesmuseum Bonn: Roots – Wurzeln der Menschheit. 2006, p. 251.

Bibliografía

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  • Anne Bauer: Die Steinzeitmenschen von Oberkassel – Ein Bericht über das Doppelgrab am Stingenberg. Nr. 17 der Schriftenreihe des Heimatvereins Bonn-Oberkassel e. V., 2. Auflage, 2004
  • Gerhard Bosinski: Eiszeitjäger im Neuwieder Becken. Archäologie des Eiszeitalters am Mittelrhein, Archäologie an Mittelrhein und Mosel 1, 1983.
  • Michail M. Gerassimow: Menschen des Steinzeitalters. Moskau 1964 (Russisch).
  • R. Gerlach, Ralf-W. Schmitz, J. Thissen: Magdalénien-Fundplatz Oberkassel – Nach 80 Jahren eine unverhoffte verhoffte Chance. In: Archäologie im Rheinland. 1994.
  • Winfried Henke: Die magdalénienzeitlichen Menschenfunde von Oberkassel bei Bonn – Das Skelettmaterial – Eine Inventur. In: Bonner Jahrbücher. Nr. 186, 1986.
  • Winfried Henke: Die morphologischen Affinitäten der magdalénienzeitlichen Menschenfunde von Oberkassel. In: Bonner Jahrbücher. Nr. 186, 1986
  • Winfried Henke/ Ralf W. Schmitz/ Martin Street: Die späteiszeitlichen Funde von Bonn-Oberkassel. In: Rheinisches Landesmuseum: Roots – Wurzeln der Menschheit, 2006.
  • Hans-Eckart Joachim: Die vorgeschichtlichen Fundstellen und Funde im Stadtgebiet von Bonn. In: Bonner Jahrbücher. Nr. 188, 1988.
  • Hans-Eckart Joachim: Das Steinzeitgrab von Bonn-Oberkassel. In: Holzlarer Bote. Nr. 15/4, 2001.
  • Hans-Eckart Joachim: Beutegreifer unter sich. In: Rheinisches Landesmuseum Bonn: Berichte aus der Arbeit des Museums I, 2002.
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  • Heinrich Neu: Die Vor- und Frühgeschichte des rechtsrheinischen Bonn. Studien zur Heimatgeschichte des Stadtbezirks Bonn-Beuel, Heft 20, Bonn, 1975.
  • Günter Nobis: Der älteste Haushund lebte vor 14000 Jahren. In: Umschau in Wissenschaft und Technik. Nr. 19, 1979.
  • Günter Nobis: Die Wildsäugetiere in der Umwelt des Menschen von Oberkassel bei Bonn und das Domestikationsproblem im Jungpaläolitikum. In: Bonner Jahrbücher. Nr. 186, 1986.
  • Ralf-W. Schmitz, Jürgen Thissen: Nachuntersuchungen im Bereich des Magdalénien-Fundplatzes Bonn-Oberkassel. In: Archäologie in Deutschland. Nr. 1/47, 1995.
  • Ralf-W. Schmitz, Jürgen Thissen: Aktuelle Untersuchungen zum endpleistozänen/frühholozänen Fundplatz Bonn-Oberkassel. In: Archäol. Inf.. Nr. 19, 1996.
  • Ralf-W. Schmitz, Jürgen Thissen, Birgit Wüller: Vor 80 Jahren entdeckt. Neue Untersuchungen zu Funden, Befunden, Geologie und Topographie des Magdalénien-Fundplatzes von Bonn-Oberkassel. In: Rheinisches Landesmuseum Bonn. Nr. 4, Bonn 1994.
  • Martin Street: Ein Wiedersehen mit dem Hund von Bonn-Oberkassel. In: Zoologische Beiträge. Nr. 50, Bonn 2002.
  • Martin Street, Michael Baales, Olaf Jöris: Beiträge zur Chronologie archäologischer Fundstellen des letzten Glazials im nördlichen Rheinland. In: R. Becker-Haumann, M. Frechen (Hrsg.): Terrestriche Quartärgeologie. Köln 1999.
  • Rafael von Uslar: Eiszeitmenschen am Rhein. In: Führer des Rheinischen Landesmuseums Bonn. Nr. 2, Köln 1957.
  • Max Verworn/Robert Bonnet/Gustav Steinmann: Diluviale Menschenfunde in Obercassel bei Bonn. In: Die Naturwissenschaften. Nr. 27, 1914.
  • Max Verworn/Robert Bonnet/Gustav Steinmann: Der diluviale Menschenfund von Obercassel bei Bonn. Wiesbaden 1919.
  • Birgit Wüller: Die Ganzkörperbestattungen des Magdalénien. In: Universitätsforschungen zur prähistorischen Archäologie. Nr. 57, Bonn 1999.

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