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Palmira

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Palmyra ruiny.jpg

Ciudad antigua situada en el desierto de Siria, en la provincia de Hims a 3 km de la moderna ciudad de Tadmor o Tadmir, (versión árabe de la misma palabra aramea "palmira", que significa "ciudad de los árboles de dátil"). En la actualidad sólo persisten sus amplias ruinas que son foco de una abundante actividad turística internacional. La antigua Palmira fue la capital del reino Nabateo bajo el efímero reinado de la reina Zenobia, entre los años 266 - 272. Su importancia histórica se debe a la excelente situación estratégica entre el Mediterráneo y el Éufrates, por lo que fue centro de una activa ruta caravanera con Oriente.

Sus coordenadas geográficas son 34°33′15″N 38°16′0″E / 34.55417, 38.26667.

Historia

En la vecindad del oasis de Afqa se produjeron los primeros asentamientos de los que se conoce su existencia de los Archivos de Mari. En la Biblia se menciona con los nombres de Tadmor y Tamar (aunque hay cierta confusión con otra ciudad cerca al Mar Muerto). Palmira consiguió su independencia durante el predominio de los Seleucidas en Siria.

En 41 a. C. los habitantes de Palmira huyeron de las tropas de Marco Antonio al otro lado del Éufrates. En el siglo I Siria se convirtió en provincia romana y la ciudad prosperó con el comercio de caravanas al estar situada en la Ruta de la seda.

Decumanus (avenida).

Palmira fue la ciudad más importante del Imperio Romano, por su comercio caravanero, situada en el desierto sirio. Comenzó a cobrar importancia a comienzos del Imperio, cuando se convirtió con gran rapidez en una de las ciudades más ricas, lujosas y elegantes de Siria, gracias al comercio. En época de Tiberio tenía uno de los más famosos santuarios de Siria. Estaba unida con esta provincia por una de las mejores calzadas.

Los más antiguos monumentos funerarios se remontan al año 9 a. C. Los mercaderes de Palmira construyeron una gran canal que traía agua desde muy lejos. La ciudad era la gran mediadora entre Partia y Roma. La política de Trajano con la conquista de Mesopotamia amenazó seriamente la estabilidad y las grandes posibilidades económicas de Palmira, pero el abandono por parte de Adriano del plan de Trajano favoreció a Palmira, que consideró al Emperador como un nuevo fundador. Tras una visita, el emperador Adriano otorgó a Palmira los derechos de ciudad libre y cambió el nombre a Palmira Hadriana.

Conservó gran autonomía, como lo indica que las tasas de las aduanas no las recogía un procurador romano, sino el consejo de la ciudad, aunque posiblemente estaba bajo control de un comisario romano. Se aprecia entonces una profunda helenización en su Constitución; muchos ciudadanos lograron la ciudadanía romana, y añadieron a sus nombres semitas gentilicio‏‎s romanos. Quizá bajo el gobierno de Adriano o lo más tarde bajo el de Marco Aurelio, Palmira recibió una guarnición romana por vez primera, como se deduce de las inscripciones militares del campamento militar.

Durante los años de Adriano y de los Emperadores inmediatamente posteriores, alcanzó gran prosperidad económica. La mayoría de los mejores edificios data de esa época, así como muchas de las tumbas monumentales, aunque algunas de las más notables son un poco anteriores. El templo más famoso es el de Bel. La planta de la ciudad, aunque de trazado hipodámico, no presenta la regularidad de la de Damasco. Tiene grandes vías porticadas, con monumentales puertas, teatro, ágora y ricas casas de comerciantes, todas datadas en los siglos II y III. La mayor parte de las grandiosas columnas que delimitan las calles corresponde al siglo II.

Tetrapylon, en Palmira.

Palmira fue conocida también por sus arqueros, que servían en el ejército romano. Sus comerciantes intercambiaban los productos de Siria y Partia, y tenían agentes en Vologesia, Spasinu Charax y Babilonia. También comerciaban con Damasco, y llegaban hasta el Danubio, Hispania, Galia, Egipto y Roma. En esta última ciudad los palmireños poseían sus propios templos. Mantenía estrechas relaciones con Petra; las caravanas de Partía iban a Petra y a Egipto a través de Palmira, y las de Petra, con mercancías de la Arabia meridional destinadas a los puertos fenicios, llegaban a través de Palmira también, que era un importante centro financiero. Con la dinastía de los Severos, Palmira experimentó grandes cambios. Esta dinastía, medio semita, estuvo en muy buenas relaciones con Palmira; muchos de sus habitantes engrosaron entonces la aristocracia romana y alcanzaron la ciudadanía. Se concedió a Palmira el título de colonia romana, pero siempre conservó una gran autonomía.

En el siglo III, una única familia alcanzó el gobierno de Palmira. Después de la caída de Valeriano en Edesa (260), Odenato fue rey de Palmira sin corona. Como aliado del Imperio romano, luchó durante ocho años contra los enemigos de Roma. Se consideró sucesor de los Arsácidas, tomó el título de rey de reyes o el de Restitutor totius Orientis. La mayor parte de su gobierno la pasó luchando contra los persas; antes había dado muerte al usurpador Quieto. Primero venció a las tropas del rey Sapor junto a Carras, y extendió su influencia desde Asia Menor a Egipto. Se apoderó de Nisibis y Carras, y sitió Ctesifonte, llegando hasta el Éufrates, por lo que Galieno recibió el título de parthicus maximus, y Odenato, en 265, el de Imperator. Fue asesinado en 266.

Tras la captura del emperador romano Valeriano en la guerra contra los Sasánida‏‎s, Palmira defendió las fronteras bajo el comando del gobernador Odaenathus. Tras su asesinato, su viuda Zenobia en nombre de su hijo Vabalato, estableció en Palmira la capital de su reino nabateo. Mantuvo su independencia durante seis años frente al acoso y sitio por Roma consiguiendo extender su zona de influencia hasta Egipto. En 272 fue derrotada y llevada cautiva por el emperador romano Aureliano quien la hizo tirar de un carro encadenada en cadenas de oro durante su marcha triunfal. Luego fue perdonada y se pudo retirar a una villa en Tibur. Tras una segunda revuelta de sus habitantes Palmira fue arrasada en el 273. Diocleciano reconstruyó Palmira aunque la nueva ciudad era más pequeña y estableció un campamento en sus cercanías como defensa contra los sasánidas.

Teatro romano en Palmira.

Durante la ausencia de Odenato de Palmira (262-266), un miembro de la aristocracia palmireña, Julio Aurelio Septimio Vorodes, le representó en la ciudad. Recibió el título de procurator y iuridicus, ambos según la terminología romana, y el de argapetes, o sea, gobernador militar, según la irania. Muerto Odenato, gobernó su segunda esposa, Zenobia, como tutora de su primogénito, Vaballato. Venció a los persas y fortaleció la posición de Odenato. Zenobia se atrajo con su amistad con el retórico Longino a la población griega y a la cristiana, con la del obispo de Antioquía, Paolo de Samosata. Se rodeó de buenos consejeros, como Longino, que de maestro de griego llegó a consejero de Zenobia.

Paolo intentaba reducir el contraste entre cristianismo y paganismo. A comienzos de su reinado, Aureliano mantuvo buenas relaciones con Vaballato, como se desprende de que en las monedas de Egipto, junto al retrato del Emperador, aparezca el nombre de Vaballato. Las monedas de Antioquía dan a Aureliano el título de Emperador, y a Vaballato el de rex o dux. A partir del 271, cambió la situación: en Alejandría se acuñaron monedas con el título de Auguslo dado a Vaballato, en Antioquía con el de Imperator: y Zenobia fue aclamada Augusta. La causa del rompimiento fue el arbitrario dominio de Palmira en Asia Menor.

El plan de ataque contra Palmira consistió en la actuación en dos frentes: Probo en Egipto, y Aureliano en Asia Menor. En el 271, Egipto cayó en manos del emperador Aureliano, que llevó consigo los pretorianos, caballería dálmata y mora y cuerpos de ejército compuestos por soldados de Retia, Nórico, Panonia y Mesia, más tropas auxiliares germanas. El ejército de Palmira lo mandaba Septimio Zabdas y estaba compuesto por ex legionarios romanos del Oriente, auxiliares armenios y árabes, con arqueros a caballo, se retiró al sur del Tauro.

Aureliano ocupó Bitinia, Cilicia, Siria y venció a Zabdas y Zenobia en Dafne o Imma; poco después ocupó Antioquía, que respetó como antes a Tiana; se atrajo a la numerosa población cristiana de Antioquía, que estaba en malas relaciones con Zenobia, porque ésta apoyaba a Paolo de Samosata, que había sido declarado hereje por varios sínodos. Aureliano entregó el obispado a Domno. Tomó Apamea, Larisa y Aretusa. La batalla decisiva fue junto a Emesa, donde se corrió la voz de que el dios Sol se había aparecido al Emperador anunciándole la victoria. Zenobia y Zabdas se refugiaron en Palmira, que fue cercada y se rindió. Zenobia cayó prisionera al intentar huir. Después Palmira perdió su importancia comercial. En el año 634 fue tomada por los musulmanes y en el 1089 fue completamente destruida por un terremoto.

Panorama de Palmira.

Restos arqueológicos

Se conservan impresionantes restos arqueológicos de Palmira. El recinto amurallado de Zenobia, con bastiones cada 37 m; existe otra muralla más antigua; el campamento de Diocleciano; la columnata transversal; restos del templo de Allat; gran columnata entre los pórticos; tetrapylos y arco monumental; baños de Diocleciano; ágora con cuatro pórticos; el llamado serrallo, el teatro y el senado; en la parte oeste casas distribuidas en calles perpendiculares a la gran columnata; basílicas bizantinas; santuario de Bel; fuente de agua potable; campamento romano. Las necrópolis rodeando la ciudad con tumbas tipo torre o de casa (sepulcros de lamblica, Elahbel, Atenatan, Marona e hipogeo de los tres hermanos, estelas con relieves e inscripciones).

El judío español Benjamín de Tudela visitó la juderíade Palmira en 1172; los viajes se repitieron en el siglo XVII, y en el XVIII la publicación de Dawkins y Wood divulgó las ruinas de la ciudad y facilitó el descifrado del alfabeto por el abate Barthélemy y la edición del Viaje de Volney.

En el siglo XX, los franceses investigaron y excavaron, aunque gran parte de las ruinas están aún por estudiar. Los más recientes trabajos son los de H. Seyrig en el ágora, en 1940. Los materiales se hallan en el museo de Damasco y en el monográfico de Palmira. Entre los más importantes se encuentran las inscripciones con escritura derivada del arameo y semejante a la de los Manuscritos del Mar Muerto; la más antigua es de 44 a. C. y utiliza la era de los Seléucidas (1 octubre 312 a. C.); el más notable texto administrativo es el tarif; la lengua se parece al nabateo.

Tadmor

Templo de Bel en Palmira.

Nacida Tadmor alrededor de las fuentes, como un oasis, Palmira no fue concebida ni realizada urbanísticamente de modo sistemático; las aglomeraciones estuvieron en la plaza oval y en el santuario de Bel; creció un tanto anárquicamente, sobre todo en el siglo II con Adriano, y en el III con Alejandro Severo. y sus descendientes, de cuya época son el arco monumental y el teatro y el campamento y los baños restaurados por Diocleciano.

El templo más importante era el de Bel, de tipo romano corintio, pero sobre uno semítico con temenos (o recinto exterior) cuadrangular y la cella o vivienda del dios al fondo, abriéndose la puerta, excepcionalmente, por uno de los lados largos, con portal ricamente decorado. Las tumbas se marcaban por una estela con el nombre del difunto, muchas veces figurado en relieve; además de la individual había sepulturas en forma de torre, en forma de casa e hipogeos, todas ellas colectivas, y las últimas relacionadas con modelos fenicios y egipcios.

La escultura muestra la confluencia de elementos orientales y occidentales, con fuerte aspecto provincial y acusado hieratismo; las figuras se presentan frontalmente, de medio cuerpo o enteras, solas o con otras, pero sin que parezcan, en este caso, participar en una acción común; los temas son religiosos o funerarios, o simplemente el retrato funerario con un gesto donde se refleja la inmovilidad de lo eterno. Los mejores relieves proceden de la exedra de Maqqai, y como modelo de retrato el de Saada, hijo de Rami, que seguramente se labró como sustituto del difunto; el conjunto más accesible se guarda en el museo del Louvre.

Palmira era uno de tantos núcleos del arte greco-oriental, como han demostrado las excavaciones de Dura-Europos; su singularidad consiste en que pasó de simple oasis arameo y Árabe a capital del desierto sirio y luego de todo el Oriente, con grandes pórticos y columnatas, templos y tumbas.

Turismo

Arco monumental, en Palmira.

La principal atracción de Palmira son las ruinas, entre las que se destaca el templo de Bel. Edificado en el año 32 después de Cristo, fue consagrado al culto de Bel, derivación del término babilónico Baal, que significa amo. Era el dios supremo de los habitantes de la ciudad, el dios de los dioses. En el templo, que fue transformado en iglesia en el siglo IV, se hacían sacrificios de animales.

A pocos metros del templo comienza una gran columnata de 1200 m que era el eje de la vieja ciudad, que llegó a tener cerca de 200.000 habitantes (número enorme para una ciudad de aquella época). Entre las columnas, por la amplia calle, transitaban los animales, y debajo de las columnas había veredas para el tránsito de las personas. A los lados de la extensa columnata hay una serie de ruinas en mayor o menor grado de conservación: el templo de Nebo, deidad babilónica; el templo funerario; el campamento de Diocleciano, que antes había sido el palacio de la reina Zenobia; el teatro y, entre otros, el ágora, donde se realizaban operaciones comerciales y se discutía. Un poco alejado de la columnata hay un hermoso templo cuya función no se conoce con exactitud, pero el edificio se conserva muy bien.

Saliendo de la ciudad, adentrándose un kilómetro en las montañas, hay un sitio de paisaje inquietante y desolador, con construcciones como torres cuadradas y macizas. Es el valle de las tumbas. Hay tres tipos de tumbas y fueron construidas en los tres primeros siglos de esta era. Algunas de estas construcciones podían llegar a albergar hasta 500 cuerpos.

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Gran Enciclopedia Rialp [1]
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Referencias

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