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Ensanche de poblaciones en España

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Un ensanche es un terreno urbano que, de forma planificada generalmente, se dedica a nuevas edificaciones en las afueras de una ciudad. Lo habitual es usar la cuadrícula para confeccionar una pauta sencilla bidimensional.

En España los ensanches datan de finales del siglo XIX, en plena Revolución Industrial, cuando el crecimiento demográfico y las nuevas actividades industriales, que necesitaban gran cantidad de terreno, obligaron a la actuación urbanizadora sobre los terrenos rústicos en los extramuros de la ciudad, toda vez que las antiguas murallas que constreñían las poblaciones habían perdido su función militar. Este crecimiento permitió adaptar las ciudades a los nuevos medios de transporte como el ferrocarril a la par que se trataba de solucionar los problemas de salubridad e higiene que presentaban muchas poblaciones.

La percepción de esta necesidad indujo a los gobiernos a legislar este aspecto. El primer intento fue el Proyecto de Ley General para la Reforma, Saneamiento, Ensanche y otras Mejoras de las Poblaciones, propuesto por el Ministro de Gobernación José Posada Herrera en 1861 y rechazado por el Senado. Establecía la cesión gratuita de viales, régimen de parcelas mínimas indivisibles, generalización del régimen de licencias, compensación de beneficios y cargas de la urbanización, edificación forzosa de solares, regulación de linderos, proyecto técnico y económico previo a toda urbanización, etc. No llegó a aprobarse.

La primera Ley de Ensanche data de 1864 (29 de junio) señala que los Ayuntamientos pueden urbanizar los terrenos, expropiando el terreno para viales y usos públicos a su costa. Para resarcirles por estas responsabilidades el Estado les cede la contribución territorial sobre la zona durante 25 años.

En 1867 se consagra la técnica planificadora con el Reglamento de la citada Ley de Ensanche, en el que especifica la técnica para ejecutar el Plan de Ensanche, que ha de tener Memoria, Planos y Plan Económico para su viabilidad.

En 1876 se promulga una nueva Ley de Ensanche de Poblaciones que retoca algunos aspectos no básicos.

En 1892 el sistema se hace definitivo con una nueva Ley que regula los ensanches de Madrid y Barcelona y faculta al Gobierno para extenderla a otras poblaciones. Para aprobar cada uno de estos Planes Generales era necesaria una Ley Especial.

Tomando como referencia estas leyes y la experiencia pionera del Ensanche de Barcelona diseñado por Ildefonso Cerdá, muchos municipios acometieron ensanches: Madrid, Valencia, Bilbao,Málaga, San Sebastián, León, Alcoy, Santander,, Vitoria, Tarragona, Pamplona, Mataró, …

Los ensanches se caracterizan por seguir una cuadrícula de calles regular con lo que suelen presentar una imagen característica peculiar, por la rectitud de sus calles y su homogeneidad. El primer paso solía consistir en lograr la autorización del ejército para derribar las murallas. Su construcción solía ser lenta y a lo largo del proceso la regularidad de la edificación y algunas de las normas no se respetaban. Los destinatarios de estos ensanches era generalmente la Clase burguesa de la ciudad, atraída por un entorno de más calidad. Con frecuencia los ensanches se convirtieron en zonas de Especulación ya que los propietarios de los terrenos obtuvieron beneficios fiscales, y en función de sus intereses pudieron mantener solares sin construir mientras que en otras zonas se superaba con creces la edificabilidad prevista.

El Ensanche de Barcelona

Plan de los alrededores de la ciudad de Barcelona y del proyecto para su mejora y ampliación de Ildefonso Cerdá y Suñer (1859). Es el mejor ejemplo de los ensanches decimonónicos en España.

El principal ensanche ejecutado en España es el de Barcelona obra del ingeniero Ildefonso Cerdá, que fue aprobado en el año 1859. Desde mediados del siglo XIX Barcelona tenía problemas de masificación en la ciudad histórica y tenía una acuciante necesidad de ganar nuevos espacios.

La planificación del ensanche fue complicada desde su comienzo. Los planes para derribar las murallas chocaban con los intereses del Ejército, que además reclamó una compensación económica a cambio de los terrenos que ocupaba. En 1854 se autorizó por el gobierno de Espartero y Leopoldo O'Donnell el derribo de estas murallas y el Gobierno Civil encargó a Cerdá levantar el Mapa topográfico y planificar el ensanche. Este propuso un crecimiento ilimitado, planteando el ensanche como una nueva ciudad no articulada en torno al casco histórico. Coincidiendo con la anexión a Barcelona de las poblaciones de Horta, Gracia, Sans, Sarriá etc se abrió un enorme espacio que permitió el rápido crecimiento de la ciudad.

El 31 de mayo de 1860 se publicó el decreto que puso en marcha el plan de Cerdá y el 4 de septiembre la reina Isabel II puso la primera piedra de la primera casa del ensanche. El trazado propuesto consistía en una cuadrícula de calles que definían manzanas de 113 metros de lado achaflanadas en sus esquinas. Estas manzanas debían estar edificadas en dos o tres de sus lados como máximo. Las calles tenían 20 m o 50 m de ancho. El interior de estas manzanas sería ocupado por jardines y se previeron espacios para Servicios públicos repartidos de forma igualitaria.

En 1863 se construyeron los primeros bloques de pisos en las manzanas achaflanadas, aún con el rechazo de numerosos estamentos de la ciudad. Durante años muchas calles permanecieron sin asfaltar, aceras, alumbrado ni nombre, siendo identificadas por números, lo que conferían un aspecto de provisionalidad a la zona. Sin embargo el comercio y la industrialización de Cataluña estaban creando una clase burguesa que se acomodó en el nuevo espacio.

Finalmente la densificación acabó siendo mayor de la que se diseño inicialmente, ya que se edificó en los cuatro lados de las manzanas, en los patios interiores y se aumentó el número de pisos, aunque se mantuvo el trazado Ortogonal.

El Ensanche de Madrid

Ya a finales del siglo XVIII Jovellanos propuso la compra de suelo en la periferia de Madrid para urbanizarlo de forma racional y ampliar la ciudad. En 1846 Juan Merlo presentó un nuevo proyecto que también se frustró. En 1857 el Ministerio de Fomento ordenó el estudio de un ensanche para Madrid bajo la dirección del arquitecto e ingeniero Carlos María de Castro y Carlos Ibáñez de Ibero. La memoria del plan fue publicada en 1860. Se le señaló un límite, que Castro convirtió en una ronda para la nueva ciudad.

Por primera vez se introdujo la zonificación, delimitando los terrenos dedicados a la industria, la vivienda intensiva, zonas de media densidad o parque urbanizado. Todo ello se extiende en un trazado ortogonal (de forma similar a los trabajos de Cerdá) con orientaciones Norte, Sur, Este y Oeste y vías de distintas anchuras (30, 20 o 15m) según su jerarquía.

Sin embargo presentaba algunas diferencias con el plan de Cerdá para Barcelona, como el hecho de que estaba limitado en su extensión, presentaba una clara zonificación, una morfología variada y trataba de respetar e integrar la ciudad antigua de Madrid.

La ciudad de Castro estaba segregada socialmente desde el principio, con su barrio aristocrático en el eje de la Castellana, la zona burguesa en el actual barrio de Salamanca, y barrios obreros como Chamberí o el situado al sur del Retiro. Esto se lograba con tres tipologías de manzana diferentes:

  • Manzanas de edificaciones aisladas en jardines, de alta calidad.
  • Manzanas de viviendas en grupos de 3 o 4
  • Manzanas rodeadas totalmente de edificaciones, que incluían un espacio cerrado para jardines. Destinadas a las clases medias, era el tipo genérico de manzana.

Inicialmente se fijó una altura de tres plantas de las edificaciones y una ocupación del 50%. Sin embargo el Marqués de la Ensenada propuso en 1863 aumentar la altura edificable a baja más cuatro plantas. Finalmente se abusó del sistema, lo que reforzó el rechazo a la idea del ensanche.

Otros ensanches

Bilbao

Bilbao tenía el problema de que su término municipal era exiguo. El primer proyecto de ensanche data de 1801 y fue planteado por las autoridades del vecino municipio de Abando. Se redactó por Silvestre Pérez y quedó paralizado por las guerras.

En 1861 recibió la autorización de la reina Isabel II para confeccionar un plan de ensanche, que se encomendó al ingeniero Amado Lázaro. Este proyecto abarcaba 229 hectáreas y fue rechazado por las autoridades.

En 1873 se elaboró un nuevo plan por el arquitecto Severino de Achúrcarro y los ingenieros de caminos Pablo de Alzola y Ernesto de Hoffmeyer. Su proyecto fue aprobado en 1876 e incluía una plaza elíptica como centro (Plaza Federico Moyúa), atravesada por una gran avenida de 30 metros de anchura y varias calles de menor tamaño. Al igual que Cerdá proponían manzanas achaflanadas.

Este ensanche se quedó pequeño y en 1896 el ayuntamiento de Bilbao encargó a Enrique Epalza un proyecto para su ampliación, que no vio la luz pero sirvió de base para el proyecto de Federico de Ugalde que ganó el concurso de ideas de 1904 para la ampliación del ensanche. El ensanche bilbaíno se hizo en el margen izquierdo de la Ría, sobre el terreno en el que Silvestre Pérez diseñó el Puerto de la Paz.

San Sebastián

También San Sebastián elaboró su propio proyecto de ensanche en 1854, labor que se encomendó al arquitecto Antonio Cortázar. Su proyecto estuvo muy influido por el modelo de Cerdà. El proyecto comenzó a construirse en 1864 y se basaba en la prolongación de la calle Mayor y una serie de calles ortogonales a partir de ésta. El proyecto diferenciaba zonas para las clases pudientes, los obreros y los turistas, delimitadas por calles jerarquizadas.

Valencia

Valencia derribó sus murallas en 1865 y en su lugar se creó una ronda. El primer ensanche fue planteado en 1858 y comenzó en 1877 siguiendo el proyecto formulado por los arquitectos José Calvo, Joaquín María Arnau y Luis Ferreres y también se basaba en la cuadrícula de Cerdá, con grandes manzanas y casas destinadas para las clases burguesas. Rodeaba el casco antiguo por el sur. En 1907 se llevó a cabo una ampliación.

León

La Ciudad de León aprueba su plan de Ensanche en 1904, el cual tenía como Eje principal la Gran Vía de San Marcos, la cual confluía en la Plaza de Santo Domingo. La Calle Ordoño II unía esta plaza con la de Guzman el Bueno, encargada de distribuir el tráfico de la estación de ferrocarril por las calles de Roma y República Argentina. A partir de estos grandes ejes se delimitaron manzanas de 100m de lado y 1 ha de superficie, solo variadas al NE para conectar con el casco antiguo. Sin embargo, el trazado fue variado, con la creación de calles diagonales, con el fin de crear más línea de fachada que revalorizaran los inmuebles. El Resultado Final fue la pérdida del trazado original, el aumento de las intersecciones, la desaparición de jardines y perspectivas.

Pamplona

El Ensanche de Pamplona, no se construyó en la misma época que otras muchas ciudades españolas, pues se construyó entre los años 20 y se concluyó en los años 50. De todos modos, estaba inspirado en el Plan Cerdá: está conmpuesto por manzanas octogonales achaflanadas. Las calles son restas, y una gran calle en diagonal lo cruza: la Avenida de la Baja Navarra.

Durante el siglo XIX, Pamplona ve aumentada su población. Ante la negativa de tirar las murallas, se construyen nuevas plantas de viviendas sobre viviendas antiguas, es decir, se eleva la altura de los edificios. Con la desamortización de Mendizábal, se aprovechan espacios, antes de conventos o iglesias para construir. En la segunda mitad del siglo XIX, Pamplona pide abrir las murallas, para poder crecer, y no seguir viviendo en situaciones de insalubridad, y con tales necesidades de vivienda. Las peticiones no son aceptadas. Finalmente, el Ejército tras negociación, accede a tirar dos de los Baluartes en 1884, para construir el Primer Ensanche, donde se construirán los cuarteles de infantería y unas seis manzanas de edificios para la burguesía, por lo que no se solventaba el problema para la mayoría de la población. De todos modos, fue la primera reforma urbanística destacable en mucho tiempo. Como ya se ha dicho, el problema no se había solucionado, con lo que se sigue insistiendo para tirar las murallas, hasta que finalmente se accede a principios del siglo XX. Parte de las murallas son tiradas en 1915, y el 29 de noviembre de 1920, se colocó la primera piedra.

Pamplona, pudo disfrutar de su primer ensanche, tras largas negociaciones con los militares.

Plano de Reforma y Ensanche de Miranda de Ebro por Federico Keller (1903)

Otras Ciudades

De igual forma, es muy notable la impronta de los trabajos de Cerdà en los ensanches de Tarrasa, Sabadell o el de Villanueva y Geltrú, de Gumá Ferran. Otros arquitectos como Federico Keller siguieron el plan de Cerdà a imagen y semejanza para otras ciudades de España como Miranda de Ebro entre otras.

Bibliografía

  • Jürgens, Oskar: "Ciudades españolas. Su desarrollo y configuración urbanística". MAP, 1992.
  • Terán, Fernando de: "Planeamiento urbano en la España Contemporánea". Alianza Universidad, Madrid, 1980.
  • Varios autores: "Cerdá. Ciudad y Territorio. Una visión de futuro". Electa, Barcelona, 1994.
  • Saura Carulla, Magda: "Historia de L´Eixample: una metodología de disseny". Edicions UPC, 1997
  • El Ensanche de la Ciudad de Valencia de 1884. COAV, Valencia, 1984.
  • Vicente Blasco lbañez: la aventura del triunfo:”El Crecimiento de Valencia: los ensanches”. Diputación de Valencia. 1986

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