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Convento de Santa Clara (La Parra)

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Convento de Santa Clara (La Parra)
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El convento de Santa Clara se sitúa en la calle Santa María, 16, de La Parra, Badajoz, ocupando una parcela de aproximadamente 2.500 m2. No se trata de un edificio exento, sino que se sitúa entre medianeras dentro de una manzana cerrada. La única fachada del inmueble se localiza en la citada calle, y un espacio libre anejo al convento que sirve de aparcamiento, da a la calle Luís Chamizo.

Originalmente, la superficie del convento fue mayor, pero durante el siglo XX este vio reducido su perímetro, al ceder la comunidad porciones de terrenos libres de la edificación, sobre todo en su zona norte, a distintos vecinos. Además, en la segunda mitad del mismo siglo se demolieron la panadería del convento, donde se sitúa uno de los dos accesos del hotel en la actualidad, con fachada a calle Santa María; y unas cochiqueras hacia la calle Luís Chamizo.

El convento, estilísticamente, se encuadra dentro de un cierto barroco popular correspondiente a los siglos XVII y XVIII, siendo la sencillez, tan propia de la arquitectura franciscana, una de sus características más notables.

En la fachada del convento el elemento más destacable es la portada adintelada de piedra, en la que se inscriben un arco apuntado rematado en una flor de lis y algunos elementos decorativos, como pomos, que aluden a un lenguaje gótico muy retardatario en el momento de su fundación en el siglo XVII. Remata la portada una cornisa barroca. Tras la puerta de entrada se ubica un pequeño zaguán donde se sitúa el torno y desde donde se accede al convento. También en la fachada principal se encuentra el acceso principal a la Iglesia o Capilla del Santísimo Cristo de las Misericordias y San Juan Bautista del convento, destinado a los fieles. El mismo consiste en una sencilla puerta situada bajo una moldura corrida y una hornacina, actualmente vacía. También en esta fachada es visible una ventana ojival de aspecto neogótico. Además, en este frente se localiza uno de los dos accesos al hotel, realizado durante la remodelación del edificio, el cual se realizó aprovechando el solar creado tras la desaparición de la panadería del convento.

El edificio conserva sustancialmente su estructura original. Está construido en su mayor parte mediante muros de carga; bóvedas de arista y de cañón; viguería de madera -o de materiales contemporáneos en las zonas más reformadas-; y cubierta de teja curva. El material de construcción es, sobre todo, mampostería y ladrillo. En todo el convento son apreciables elementos de interés patrimonial bien conservados como el torno original, carpinterías, solados, rejas, etc. También molduras y algunos restos de pinturas murales. Sin embargo, es el blanco de la cal el elemento distintivo de la edificación.

Todo el edificio se articula en torno a un claustro de dos plantas, tal vez el elemento más destacado del convento. El mismo se compone merced a cuatro crujías cubiertas con bóveda de arista en planta baja. Los arcos son rebajados en planta baja, y de tipo escarzano en la primera. Una de las crujías, la orientada hacia el norte, solo tiene arquerías en la planta baja, siendo visible en la planta alta una ventana con reja decorativa. Tal vez la planta alta de esta crujía pueda corresponder a una fase posterior a la fundación original. Desde la planta alta del claustro es visible la espadaña barroca. En las campanas son visibles las fechas de 1733 y 1849.

Hacia el norte, junto a la última crujía citada, se sitúa el refectorio de las monjas. La estancia está cubierta por bóveda de cañón. Su estructura se conforma mediante pilares y arcos adosados a los muros, que posibilitan la existencia de bancos corridos muy sencillos, donde se sentaban las monjas a comer. Elementos de interés en el refectorio son el púlpito de fábrica cuadrangular muy sencillo, desde el que se hacían las lecturas sagradas, y una pequeña hornacina vacía. El refectorio actualmente comunica directamente mediante dos arcos de medio punto con otra estancia, tal vez la cocina original, cubierta igualmente mediante bóveda de cañón. Estas dos estancias conforman actualmente el restaurante del hotel.

También hacia el norte debieron de estar en un principio los corrales, los servicios de las monjas, y tal vez el huerto. También el lugar de enterramiento de las monjas. En esta zona ahora se localiza un patio con piscina, pero sí se siguen conservando los restos de una pequeña edificación con arcos y espadaña.

La crujía en la que se sitúan las celdas es la sur, la más soleada. En esta se situaban las celdas en las plantas alta y baja. La restauración del convento para su uso como hotel conservó el sabor original de la zona, al haberse conservado huecos originales de puertas y ventanas, así como las pequeñas alacenas de las celdas, si bien, dadas las reducidas dimensiones de las estancias originales, cada una de las nuevas habitaciones del edificio restaurado pasó a ocupar dos celdas. Próxima a esta zona pudo haber dependencias relacionadas con la enfermería.

En la zona este en planta baja se sitúan actualmente dependencias relacionadas con la cocina del restaurante, lavandería, vestuario, etc.; y en la alta, algunas habitaciones del hotel construidas con posterioridad a la reforma original.

En la crujía oeste pudo ubicarse en el espacio en el que actualmente, de forma desafortunada, se sitúan los servicios de las zonas comunes del hotel, la sala capitular. Se trata de una amplia estancia cubierta con bóveda de cañón. Un relieve con una representación del espíritu santo es el único elemento destacable de la estancia. Esta sala se llamaba también «de profundis». En la sala «de profundis» se llevaban a cabo diferentes actos vinculados a la vida monacal: se rezaba el salmo del mismo nombre antes de entrar en el refectorio; se velaban los restos de las monjas fallecidas; y se celebraba capítulo.

Junto a esta estancia se sitúa el espacio más importante del convento: la Iglesia o Capilla del Santísimo Cristo de las Misericordias y San Juan Bautista. La misma posee dos naves: una lateral, pequeña, cubierta mediante bóveda de arista, que tiene además un banco de fábrica perteneciente a un retablo desaparecido. Y la principal, cubierta mediante bóveda de cañón.

La zona absidial está cubierta con cúpula, y separada de la nave por un arco toral de medio punto rebajado. En la nave también es de interés el púlpito de forja, así como la pila bautismal. En la iglesia se ubican tres retablos barrocos.

Parte igualmente destacada de la iglesia es el coro, desde el que las monjas asistían a los actos litúrgicos, con sus rejas y puertas originales. En la parte superior del coro, en lo que hoy es un salón, se localizan los restos de varias pinturas murales muy degradadas, siendo irreconocible su iconografía. En el coro hubo una sillería hasta que las monjas abandonaron el convento.

El acceso a la iglesia desde la calle se producía mediante una puerta muy sencilla. Una ventana ojival correspondiente a finales del siglo XIX o comienzos del siglo XX nos indica que el templo sufrió algunas modificaciones por estas fechas. El pasamanos del púlpito y la baldosa hidráulica pertenecientes a la misma época apuntan en la misma dirección.

En la iglesia existen tres retablos en la zona absidial. Ninguno conserva ni imágenes ni pinturas originales. Se trata de tres retablos barrocos de un solo cuerpo. El retablo principal, situado en el testero del templo, podemos datarlo en la segunda mitad del siglo XVII, tal y como parecen atestiguar las columnas salomónicas con ramos de vid tallados en ellas. Los otros dos retablos se sitúan a ambos lados del primero, y parecen corresponder al siglo XVIII, tal y como indican los característicos estípites de este período. Los únicos elementos iconográficos visibles en los retablos son emblemas franciscanos, un angelote, así como la representación de un pelícano, símbolo eucarístico, tallado en la puerta del sagrario de uno de ellos.

Situación


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Coordenadas y enlace con otros sistemas:38°31′19″N 6°37′30″O / 38.521948, -6.624934
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Referencias

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