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Ciudad histórica fortificada de Carcasona

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Vista de la Ciudad fortificada de Carcasona y del Puente Viejo, construido en el siglo XIV, que atraviesa el río Aude.
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Columnadorica 3.jpgObras relevantes


La Ciudad histórica fortificada de Carcasona es un conjunto urbano y arquitectónico fortificado singular que constituye la parte más antigua del núcleo poblacional de la comuna francesa de Carcasona, también conocida en francés como Cité de Carcassone y, en occitano, como Ciutat de Carcassona.

Constituida en gran parte por elementos conservados desde la Edad Media, tras un período de abandono la ciudad fue restaurada con fines monumentales a partir de la segunda mitad del siglo XIX, con intervención de Eugène Viollet-le-Duc, siendo declarada Patrimonio de la Humanidad por el programa de la UNESCO en 1997[1] y catalogada como Grand site national por el Estado francés, siendo uno de los centros turísticos más visitados de Francia.

La ciudad fortificada está situada sobre una elevación en la orilla derecha del río Aude, frente a la ciudad moderna, y muestra en sus diferentes edificios y elementos arquitectónicos defensivos la huella entre el período prerromano, su abandono en el siglo XVII y su posterior recuperación, pasado en el que ha sido sucesivamente un enclave protohistórico, una ciudad galo-romana, una plaza fuerte visigoda, ocupada por los musulmanes, capital del Condado de Carcasona, del Vizcondado de Carcasona, para pasar finalmente a ser cuartel general del ejercito real francés, en tanto que Senescalía de Carcasona.[2]

Rodeada por una doble muralla de 3 km de longitud, en su interior se conserva el aspecto de las ciudades medievales europeas con calles angostas y tortuosas, edificaciones de fachadas con entramados, barrios de artesanos y gremistas, junto con elementos propios, como el castillo de los condes de Carcasona y la basílica de Saint-Nazaire.
Croquis topográfico de Viollet-le-Duc representando el emplazamiento de la Cité de Carcasona.

Situación geográfica

La Cité de Carcasona, en una vista parcial.

La Cité se encuentra emplazada al sudeste de la ciudad moderna de Carcasona existente a sus pies, ocupando un pequeño promontorio encarado a un vado natural del río Aude (la ciudad actual se ubica al otro lado del río), aunque con posterioridad se construyó un puente sobre el mismo. La posición del oppidum fortificado permitía así no sólo un fácil acceso a una fuente segura de suministro de agua potable, sino que además permitía el control eficiente de las vías de comunicación en la zona, que confluían en dicho vado.

Adyacente a la Cité se encuentra la llamada ciudad baja o bastida de Saint-Louis, en realidad un barrio de la ciudad moderna de Carcasona, que ocupa el espacio que queda libre entre la Cité y el río Aude, junto al Pont vieux o Puente viejo, que la conecta al resto del casco urbano.

Por su parte, el castillo, auténtico núcleo del lugar, está ubicado al norte, enfrentando directamente el vado y el actual puente.

Historia

De la Edad del Hierro a los Visigodos

Excavaciones arqueológicas, restos de cerámica (ánforas, vasos, platos,…) y el legado de manuscritos de autores Latinos clásicos manifiestan la existencia de un oppidum fortificado con importante actividad comercial, Carcaso, en la loma del montículo donde está emplazado el castillo condal. Datado del siglo VI a. C.,[3] aproximadamente en el 3000 a. C. fue ocupado por los volcos tectósagos,[4] pueblo tribal celta proveniente de Europa central,[5] que conquistó la zona a los íberos Languedocienses.

El opiddum, por su situación estratégica en relación con las vías de comunicación, con recursos inmediatos y control visual del entorno se convirtió en una de las plazas fuertes de los Volcos, desde donde dominaban la región, cultivaban las tierras y extraían oro de la mina de Salsigne para fabricar lingotes y joyas como ofrendas a sus dioses. El autor romano Plinio el Viejo menciona este emplazamiento proto-urbano en su escrito Naturalis Historia bajo el nombre de Carcaso Volcarum Tectosage.[6]

En el año 122 a. C., el poder de la Roma republicana llega a estas tierras, que muy pronto quedan incluidas en la provincia de la Gallia Narbonensis, que bajo el emperador Augusto pasa a ser una provincia senatorial, es decir, puesta bajo el control del Senado romano, en el 22 a. C.

Bajo la pax romana, la ciudad de Carcaso, ahora Colonia romana con el nombre de Colonia Julia Carcaso, conoce un importante auge económico, motivado por su situación al borde de una de las vías romanas, la vía Aquitania, que comunicaba Narbo con Burdigala, pasando por Tolosa. Por otra parte, el río Aude (el río Atax en esa época) permitía por entonces la navegación con embarcaciones de fondo plano, lo que contribuyó al despegue comercial de la colonia.

Durante el siglo III, en al marco de lo que la historiografía denomina como invasiones bárbaras de los Pueblos germánicos, especialmente de los francos, la inseguridad hizo que los habitantes de la ciudad diesen inicio a la construcción de fortificaciones, o tal vez a una importante ampliación de las pequeñas obras ya existentes con anterioridad. En cualquier caso, las fuentes conservadas (en concreto el texto de un Peregrino) hablan de la existencia de un sistema de fortificaciones consolidadas ya en el año 333, al citar el castellum de Carcasona. Las obras de esta época son todavía visibles en algunos lienzos de la muralla, a la vez que sirven como cimiento en la mayor parte del trazado de la muralla actual, más moderna. También son ejemplos de este período algunas de las 52 torres existentes, como la de la Marquière, la de Sansón o la del Molino de Avar. Las obras de fortificación dotaron de seguridad a los habitantes de la ciudad, a la vez que ayudaban a la protección del vado sobre el río Aude y de las rutas comerciales y de comunicación.

Extensión del Reino visigodo de Tolosa hacia el año 500, indicando su capital en la actual Toulouse.

Durante el período de Decadencia del Imperio Romano, la ciudad de Carcasona logró resistir a los asedios sufridos con motivo de las incursiones de los pueblos germánicos pero, hacia mediados del siglo V, Carcasona quedó incluida en el llamado Reino visigodo de Tolosa, con capital en Toulouse, tras la ocupación del Languedoc por el Pueblo visigodo. De este modo, la ciudad de Carcasona pasó a ser una de las fortificaciones que protegían la frontera norte del nuevo reino, tras la pérdida ante los francos de las zonas septentrionales del reino. Durante el período, se continuó con las obras de fortificación de la Cité, habida cuenta de su nuevo papel como fortaleza de frontera, que quedó acrecentado tras la derrota del rey visigodo Alarico II en la batalla de Vouillé el año 507 ante las tropas del rey franco Clodoveo I, lo que conllevó la pérdida de la mayor parte del territorio hoy francés, salvo la Septimania y la ciudad de Carcasona.

Todavía en el año 508, la Cité de Carcasona sufrió un nuevo asedio franco, nuevamente fracasado. No obstante, en 585, Gontrán I, rey de Burgundia (la actual Borgoña) sí logró ocupar la ciudad, aunque fue rápidamente expulsado de la misma por los visigodos, que la mantuvieron en su poder hasta el año 713, en que su reino se hundió definitivamente ante la Invasión musulmana de la Península Ibérica‏‎ del año 711.

En otro orden de cosas, durante el siglo VI y bajo el dominio visigodo se fundó la diócesis de Carcasona, al igual que las de Agde y Maguelonne (esta última en una ciudad, Maguelonne, arrasada en 737 por los francos, junto a la actual Villeneuve-lès-Maguelone). Como sede de la nueva diócesis, los visigodos construyeron en la Cité una catedral, hoy desaparecida.

Busto de la Dama Carcas, situado frente a la puerta de Narbona.

Época feudal

En el año 725, Carcasona fue ocupada por los árabes, tras el hundimiento del Reino Visigodo a raíz de la invasión árabe de la península Ibérica. Los árabes mantuvieron en su poder la ciudad hasta el 752, fecha en la que la ciudad fue tomada por un ejército franco al mando de Pipino el Breve, dando así inicio a la relación de la ciudad con el antecedente político de la actual Francia. La conocida leyenda de la Dame Carcas tiene muy posiblemente su origen en este episodio de la historia bélica de la ciudad.

Vinculada pues al reino franco, la ciudad siguió las vicisitudes de éste, incluyendo la expansión del feudalismo. Durante el período feudal la ciudad gozó de un período de crecimiento económico, pero también vio cómo las defensas y fortificaciones de la ciudad crecía, habida cuenta de la situación de frontera con el mundo islámico en que se encontraba la ciudad en esa época.

Así, en el año 1096 se iniciaron las obras de la catedral de la Cité, para poco después darse inicio (siglo XII) a la edfificación de un castillo como núcleo central de la defensa del lugar. El castillo comenzó su construcción con dos edificios separados ubicados paralelamente entre sí y destinados a residencia (logis señorial), añadiéndose hacia 1150 una capilla que los unía, quedando así un edificio en forma de U alrededor de un patio central. No sería hasta 1240 cuando se dotó al castillo de un segundo piso.

El período feudal es igualmente la época en la que tuvo lugar el nacimiento del Condado de Carcasona, como entidad político-administrativa dotada de una personalidad propia dentro del reino carolingio de Carlomagno. El primer conde conocido fue Belló, procedente de una familia de origen visigodo, que ocupó el cargo entre 790 y 810. Es importante destacar la elección para el cargo de alguien vinculado al territorio sobre el cual ejercía su función, y cuyos sucesores mantuvieron siempre vínculos con los territorios hispanos. La función del comes (conde) era la de administrar la ciudad y el territorio que la rodeaba en nombre del reino carolingio. En cualquier caso, la familia de esta primera dinastía condal rápidamente se vinculó a los Condes de Barcelona y a los condes de Tolosa. Así, por ejemplo, Bernardo de Septimania, hijo de Guillermo I de Tolosa fue conde de Barcelona entre el 826 y el 832 y, de nuevo, entre el 835 y el 844, que fue conde de Carcasona entre el 837 y el 844. De este modo, a pesar de la conquista franca un siglo atrás, Carcasona retomaba su interrumpido contacto con la tradición visigoda y con la Península Ibérica.

Por otra parte, a partir del siglo IX el uso de la expresión latina Cives Carcasso se hace habitual en la documentación.[7] Cabe recordar que de la primea parte, Cives (ciudad) es de donde deriva directamente el apelativo de La Cité (en francés) por el que se la conoce habitualmente, que no es sino la traducción al francés del occitano La Ciotat.

En el año 1082 el territorio de Carcasona pasa a manos de la familia Trencavel, que hizo de este modo la entrada en la Historia del lugar. La familia Trencavel era la titular del Vizcondado de Albi, y pretendía tener derecho al condado ya que Bernardo Aton IV Trencavel era hijo de Ermengarda de Carcasona, a su vez hija de Ramón II de Carcasona. No obstante, puesto que en realidad los derechos pertenecían a la Casa condal de Barcelona, los Trencavel no asumieron el título de condes, sino que se contentaron con crear el Vizcondado de Carcasona, aunque gobernaron de hecho un amplio conglomerado de vizcondados, que llegaba hasta la ciudad de Nîmes‏‎.[8] Sin embargo, Bernardo Aton prometió entregar Carcasona a Ramón Berenguer III tras la muerte del padre de éste, Ramón Berenguer II, en el marco de los acuerdos pactados para superar el enfrentamiento.[9]

Bajo el dominio de Bernardo Aton IV, vizconde de Albi, Nîmes, de Béziers, Rasez, Agde y Carcasona, la ciudad conoció un nuevo período de frenesí constructivo, simbolizado con la autorización en el 1096 por parte de Bernardo Aton para la construcción de una catedral, la de Saint-Nazaire, cuyos materiales bendijo el papa Urbano II. También es la época en la que se produjo la llegada al lugar de una nueva religión, el catarismo, a quien rápidamente la Iglesia Católica calificó de herejía, religión que marcaría profundamente el devenir histórico de Carcasona.

Tras que Bernardo Aton IV no cumpliese su promesa de devolución a la Casa de Barcelona de Carcasona, apovechando en cambio para ir afianzando y asegurando su dominio, Ramon Berenguer III hizo un primer intento de recuperación de la ciudad, fracasado, en el 1093.

En el 1101 murió Ermengarda de Carcasona y su hijo Bernardo Aton IV Trencavel fue proclamado formalmente vizconde de Carcasona. Ese mismo año partió rumbo a las Cruzadas. Los carcasoneses, constatando que no iban a cumplirse las cláusulas de los acuerdos por los que la ciudad debía ser devuelta a Barcelona, hicieron una primera sublevación en el 1107, rebelión que fue sofocada por Bernardo Aton, regresado poco antes de Palestina, con la ayuda de Beltrán de Tolosa, conde de Tolosa y de Trípoli, aunque por un tiempo la ciudad estuvo en manos de Ramon Roger III. En el 1112 un ejército barcelonés se dirigió hacia Carcasona, pero Bernardo Aton logró que regresen haciendo pública su disposición al diálogo. Sin embargo, en el 1120 los carcasoneses negaron a Bernardo Aton el acceso por las puertas de la ciudad, aunque de nuevo logró imponer su autoridad. Para el 1130, Bernardo Aton ordenó la construcción de un castillo, al que denominó palatium.[10] También ordenó la reparación de las antiguas murallas galo-romanas, con lo que, de hecho, la ciudad mejoró muy ampliamente sus capacidades defensivas. Esta construcción supuso que la ciudad quedaba rodeada por una fortificación continuada en todo su perímetro.

Época de dominio real

La Cité caída en el olvido

Tras la anexión del Rosellón a Francia por el Tratado de los Pirineos‏‎, el papel militar de Carcasona quedó muy reducido, pues la distancia hasta la frontera‏‎ española aumentó considerablemente. El papel de puesto de mando de la defensa de la frontera se trasladó a Perpiñán y la Cité quedó abandonada a la ruina. Pero el romanticismo puso de nuevo de moda el periodo medieval. Prosper Mérimée, a la sazón inspector general de Monumentos históricos, se interesó por las ruinas, al tiempo que Cros-Mayrevieille, historiador y periodista carcasonés, dedicaba sus esfuerzos a difundir su conocimiento. Fue así como se consiguió que en 1844 se encargara la reconstrucción de la Cité a Viollet-le-Duc, una reconstrucción que actualmente resulta controvertida, como muchas otras de las que hizo.

La leyenda de la Dama Carcas:origen del nombre

Según una tradición, el topónimo Carcasona deriva del nombre de una princesa sarracena protagonista de una anécdota cuya historia, elevada al rango de leyenda, remonta a los tiempos de la ocupación musulmana y del emperador Carlomagno a principios del siglo VIII.[11][12]

Tras ser ocupada por las fuerzas musulmanas que acababan de conquistar el reino visigodo de Hispania y sus posesiones de Septimania, la plaza fuerte de Carcaso se dispuso a afrontar un asedio emprendido por el ejército de Carlomagno que se extendió durante cinco años. Al frente de los caballeros que defendían la ciudad se encontraba la dama Carcas, pues su esposo había resultado muerto. Al debutar el sexto año del sitio, las provisiones de alimentos y agua comenzaron a escasear y Carcas ordenó entonces realizar un inventario de los recursos todavía disponibles. La población le presentó como únicos víveres un cerdo y un saco de trigo pero a pesar de ello, la dama Carcas ideó entonces una estratagema, ordenando que se cebara el animal con todo el trigo contenido en el saco y a continuación, que se lanzara al pie de las murallas desde la torre más alta de la fortificación.

La reacción de Carlomagno y sus tropas ante el espectáculo del animal lleno de trigo que acababa de ser desperdiciado fue la de interpretar que los habitantes disponían de víveres en abundancia por lo que cayendo en el engaño y considerando inútil el ataque, dispusieron retirarse poniendo fina al asedio. A la vista del ejército imperial en retirada, Carcas ordenó que se hicieran sonar todas las campanas de la ciudad y fue en ese momento que uno de los hombres de Carlomagno exclamó:

“¡Carcas sona!”
.

Arquitectura

Murallas y torres

La protección exterior de la ciudad la aseguran dos recintos amurallados Concéntricos, separados por una liza, con 52 torres, que suman en total 3 km de murallas. Por la parte alta de las murallas transcurre un camino de ronda, protegido por almenas y merlones y reforzado por cadalsos.

La muralla interna, cuyas partes más antiguas son de época galo-romana, de finales del siglo III, en época del llamado Imperio Galo, y que sirvió de defensa frente los visigodos en el siglo V, fue utilizada en la época feudal por la familia de los Trencavel, para ser posteriormente reconstruida cuando la ciudad fue ocupada por los reyes. Posee un perímetro de 1.070 m y se caracteriza por un paramento de piedra de gran tamaño y mortero duro, interrumpido por hileras de ladrillos que garantizan la estabilidad de la construcción, por sus propiedades de flexibilidad y recuperación, ante posibles impactos. Posee ventanas en Arco de Medio Punto recalcadas por claves de ladrillos. Está flanqueada por torres en forma de herradura, cuadradas en el lado interno, el de la ciudad, y en semicírculo en la parte externa que da a la liza. La pared de este recinto tiene de dos a tres metros de grosor.

Esta muralla interna fue reforzada por un recinto exterior, una segunda muralla, construida durante el siglo XIII, durante el reinado de Felipe III, fácilmente identificable por el uso de piedras en almohadilla en lugar de paramento. Durante esta época también se llevó a cabo la reconstrucción de la zona meridional de la muralla interior, de la Torre del Obispo y de la Torre de Saint-Nazaire.

Puertas de acceso

En las murallas se encuentran cuatro puertas principales de acceso al interior de la Cité, situadas cada una de ellas en uno de los puntos cardinales.

La puerta del Aude
Muralla y puerta del Aude.

La puerta del Aude, que se abre hacia el río Aude en el sector occidental del conjunto, por una de las zonas en las que el acceso al recinto fortificado resulta más difícil, se encuentra protegida por una barbacana, un castillete y un enorme matacán.

Emplazada en las cercanías del castillo condal, queda prolongada por la barbacana del Aude, que en 1816 fuera parcialmente destruida con motivo de la construcción de la iglesia de Saint-Gimer, subsistiendo únicamente la rampa de acceso, que queda rodeada por muros almenados.

La configuración de la puerta pone de manifiesto un complejo sistema defensivo, ya que existen arcos que aparentemente contienen puertas en realidad inexistentes, tratándose únicamente de un modo de burlar los esfuerzos del presunto atacante por penetrar las defensas de la fortificación. Por el mismo motivo, se encuentran diversos pasillos con recovecos, entrecruzamientos y trampas, que pretenden poder coger en una trampa a los atacantes, que quedaban expuestos a disparos desde todos los ángulos posibles. Es decir, se combinan con gran sofisticación en la puerta del Aude diversos sistemas de defensa activa y pasiva de la época.

La rampa de acceso se iniciaba en la barbacana hoy desaparecida, ascendiendo la pendiente no en línea recta sino mediante diversas curvas y giros, para penetrar en la fortaleza atravesando en realidad dos puertas sucesivas.

Se trata de una parte de la muralla de origen visigodo, que quedaba reforzada en ese lugar por el hecho de estar sobre elevada la propia muralla, que se reforzaba además con tres contrafuertes edificados en el siglo XIII.

La puerta es en forma de Arco de Medio Punto, en el que quedan alternados sillares de piedra y ladrillo, como medio de reforzar aún más el conjunto, por la capacidad de absorción de impactos del ladrillo.

El matacán hoy visible no forma parte de la construcción original, sino que es un añadido efectuado por Viollet-le-Duc durante su restauración.

La puerta del burgo o de Rodez
La puerta de Narbona

La entrada principal al recinto amurallado se encuentra en su sección oriental, por la llamada Porte Narbonnaise o Puerta de Narbona que recibe este nombre por estar orientada hacia esta ciudad de la costa mediterránea. Fue construida hacia 1280 durante el reinado de Felipe III y se compone de dos imponentes torres de tres niveles además de la planta baja, equipadas con un frente en forma de tajamar (bec) para el desvío de los proyectiles atacantes. La puerta de acceso está reforzada por un doble rastrillo y protegida por matacanes, desde donde se podían arrojar verticalmente objetos y materiales defensivos como aceite hirviendo, y por troneras, desde donde se podían disparar proyectiles de manera protegida.[13] La planta baja de las torres y su primer nivel disponen de techos abovedados mientras que el resto de los niveles se construyeron sobre suelo plano. Para poder soportar los períodos prolongados de asedio, en la torre norte se habilitó una estancia para la reserva de víveres mientras que la torre se equipó con una cisterna de agua.

Vista de la Puerta de Narbona, construida durante el reinado de Felipe III.

Una fortificación avanzada o barbacana, llamada de Saint-Louis, se encuentra justo enfrente de la puerta como puesto defensivo de vanguardia y que, a su vez, está defendido por su flanco derecho por un castillete o atalaya desde donde se podía hostigar directamente a los atacantes en caso de que estos hubieran tomado esta posición. Finalmente, el conjunto se encuentra rematado por un pequeño altar coronado en forma de trébol y donde se emplaza una representación de la figura religiosa de la Virgen María.

La rehabilitación emprendida por Viollet-le-Duc de 1859 a 1860 la dotó de una imitación de puente levadizo que no existía originalmente, mientras que el almenado y la cubierta fueron reconstruidos con pizarra.

La puerta de Saint-Nazaire

Torres

De entre las torres existentes, hay una serie de ellas que merecen especial atención:

  • Torre del Tresau (o del Tesoro). Situada al noroeste de la Cité. Con salas abovedadas y ventanas de estilo gótico.
  • Torre de la Justicia. Es una torre redonda con abovedado en ojiva, refugio durante la época de la familia Trencavel, fue reforzada posteriormente por los ingenieros reales de Luis IX. En ella se encontraban probablemente el Tribunal de la Inquisición y las mazmorras. Desde ella se accede a una galería que dirige a la puerta del Aude, y en la que se encuentra una serie de ventanas geminadas románicas y una construcción defensiva en voladizo, sobre la puerta de entrada, un saledizo de mampostería con función de lanzar proyectiles en vertical.
  • Torre del Obispo. Es una torre cuadrada construida en la liza existente entre las dos murallas, impidiendo la comunicación entre las murallas de la zona norte y las meridionales. Posee en cada una de sus cuatro esquinas construcciones en saliente, atalayas.
  • Torre de Saint Nazaire. Torre de planta cuadrada, con función protectora y defensiva de la basílica de Saint-Nazaire. Sólo se podía acceder a ella por una escalera de madera que se retiraba en caso de peligro.
  • Torre Visigoda.

Castillo condal

Basílica de Saint-Nazaire y Saint-Celse

Artículo con mayor desarrollo: Basílica de Saint-Nazaire y Saint-Celse

Restauración por Viollet-le-Duc y polémica

Busto de Eugène Viollet-le-Duc, arquitecto al que se debe la restauración y recuperación de la ciudad histórica
Vista del espacio entre las dos murallas (liza o intervallum), en el que se aprecia el uso en la reconstrucción por Viollet-le-Duc de las lajas de pizarra y la sustitución posterior con elementos más propios de la zona.

En el siglo XIX, el arquitecto Eugène Viollet-le-Duc dirigió una amplia restauración de la muralla y de las torres de la ciudad, así como del castillo que contienen.

Sin embargo, acostumbrado a reconstrucciones en territorios situados al norte de Francia, Viollet-le-Duc cometió errores que posteriormente se han revelado como de gran importancia. En efecto, no sólo se utilizaron para la reconstrucción materiales no propios de la zona en la que se enmarca la Cité, como pizarra en colores oscuros, en vez de la tradicional teja en colores ocres, sino que además se modificó la propia estructura de las torres tanto de la muralla como del castillo, que en vez de estar rematadas por una terraza como es propio de la región, pasaron a estar cubiertas por una cúpula recubierta de lajas de pizarra.

Ello ha obligado modernamente a una larga y costosa intervención, que pretende reintegrar la fortaleza en su entorno, mediante la sustitución del elemento visual de más impacto, la pizarra, por otros elementos constructivos más adecuados a su entorno.

Por otra parte, ya desde el primer momento de inicio de las labores de restauración la intervención dirigida por Viollet-le-Duc fue objeto de fuertes críticas por parte de sus contemporáneos. De estas antiguas críticas, deben destacarse las del historiador y político Hippolyte Taine, o la del escritor y político Nicolas-Louis François de Neufchâteau.

Las críticas de Hippolyte Taine están especialmente referidas a un punto de vista romántico de la historia, entendiendo que las partes del conjunto monumental que se encontraban en ruinas no debían ser reconstruidas, ya que ello privaría a la Cité de Carcasona de buena parte de su romántico encanto.

De mayor enjundia y calado son las críticas de François de Neufchâteau, dirigidas a cuestionar el estilo de las propias restauraciones, que llevan indudablemente la impronta personal del restaurador, Viollet-le-Duc, y su concepción mental de lo que debe ser un castillo o una fortaleza, acercando las restauraciones a un estilo gótico aunque con una reinterpretación de dicho estilo propia de la concepción decimonónica.

Otras críticas, referidas a detalles menores dentro del conjunto, pero que indudablemente afectan notablemente al resultado final, han sido expresadas a lo largo del tiempo.

Así, por ejemplo, se ha criticado la reconstitución del puente levadizo existente hoy junto a una de las puertas de la ciudad medieval, la puerta de Narbona, y que modernamente constituye el acceso principal al conjunto monumental.

No obstante, más allá de la mayor o menor importancia de las críticas acumuladas a lo largo de dos siglos, debe destacarse que gracias a la visión personal de Viollet-le-Duc ha sido posible llegar a la situación actual, en la que existe una presentación completamente coherente del conjunto, con independencia de que respecto de parte de los detalles de la reconstrucción posean mayor o menor fidelidad a la Historia. Prueba de ello es que algunas de las concepciones de Viollet-le-Duc han quedado plenamente incorporadas a la ciudad fortificada, ya que se entiende que la propia reconstrucción es parte indisoluble de la Historia del monumento.

La Cité actual y el turismo

La Cité de Carcasona es un lugar de gran atracción turística, no sólo a nivel nacional de Francia sino con un alcance europeo, en razón del excelente estado de conservación del conjunto monumental. Por ese motivo, la mayor parte de las plantas bajas del interior del recinto amurallado han sido convertidas en locales comerciales orientados al turismo, en forma de restaurantes, locales de venta de recuerdos turísticos, joyerías, pastelerías, librerías u otros.

Carcasona en el cine y la literatura

La ciudad histórica fortificada ha servido de escenario a diversos largometrajes cinematográficos que han aprovechado su estado de conservación para recrear las paisajes urbanos de la Edad Media. En 1908, Louis Feuillade dirigió la película Le retour du croisé,[14] Marc Allégret en 1934 Sans famille[15] y Serge de Poligny, La fiancée des ténèbres en 1944, mientras la ocupación Nazi, en la que se recordabala tragedia de los Cátaros.[16]

Tras la recuperación de la industria cinematográfica europea después de la Segunda Guerra Mundial, Gérard Oury filmó en 1965 El Hombre del Cadillac (Le Corniaud), una divertida comedia con Louis de Funès,[17] que fue seguida por realizaciones internacionales de carácter histórico, como El león en invierno (The Lion in Winter) del director británico Anthony Harvey en 1968 con Peter O'Toole y Katharine Hepburn quien ganó un oscar por su interpretación de Leonor de Aquitania.[18] Más tarde, fue filmada La prometida (The Bride) de Franck Roddam en 1985, una recreación de la obra Frankenstein con la colaboración de Sting y Jennifer Beals en los papeles principales.[19]

En los años 1990 Carcasona sirvió de escenario para dos grandes superproducciones que alcanzaron un gran éxito de taquilla: Robin Hood, príncipe de los ladrones de Kevin Reynolds en 1991, con la participación de Kevin Costner[20] y Los visitantes de Jean-Marie Poiré en 1992, con Jean Reno y Christian Clavier en el papel de los personajes principales.[21]

En 1997, el egipcio Youssef Chahine realizó El destino (al-Massir), con la que nuevamente la ciudad sirvió para recrear un ambiente medieval, esta vez, el de los tiempos del filósofo Averroes y del Al-Andalus.[22]

Referencias

  1. UNESCO:Ville fortifiée historique de Carcassonne
  2. (Mestre 1996: 30)
  3. (en francés) Site du ministère de la culture sur la Cité Consultado el 11/10/2007
  4. (MSM et de la Viera 2002:5)
  5. (en francés) Peuples galois: Régions et départements. Consultado el 09/10/2007
  6. (Lannoy 2004:4)
  7. Joseph Poux, La Cité de Carcassonne, précis historique, archéologique et descriptif, p. 19
  8. Jean Guilaine et Daniel Fabre, Histoire de Carcassonne, p. 46
  9. Jean Guilaine et Daniel Fabre, Histoire de Carcassonne, p. 47
  10. Nombre citado por el Web del Ministerio de Cultura de Francia
  11. (en francés) Philippe Giraud (2002). Les couleurs de l'Aude, Ed. du Pélican. ISBN 2-7191-0630-5, pág. 29
  12. (en francés) Ministère de la culture.La légende de Dame Carcas. Consultado el 08/10/2007
  13. (en francés) Site officiel de la ville de Carcassonne. La porte Narbonnaise. Consultado el 11/10/2007
  14. Le retour du croisé en IMDb
  15. Sans famille en IMDb
  16. La fiancée des ténèbres en IMDb
  17. El hombre del cadillac en IMDb
  18. El león en invierno en IMDb
  19. La prometida en IMDb
  20. Robin Hood, príncipe de los ladrones
  21. Los visitantes en IMDb
  22. El destino en IMDb

Bibliografía

  • (en catalán) Autores varios (1999). Cronologia d'història del món. Barcelona: Edic. 62 ISBN 84-297-4618-8
  • (en francés) François de Lannoy (2004). La Cité de Carcassonne. Ed. Heimdal ISBN 2-840-48-197-9
  • (en catalán) Jesús Mestre (1996). Viatge al país dels càtars. Itinerari històric i turístic pel Llenguadoc càtar. Barcelona: Edic. 62 ISBN 84-297-3937-8
  • (en francés) MSM et Antoine de la Vera (2002). Les châteaux du Pays Cathare. Vic-en-Bigorre: MSN ISBN 2-911515-52-8
  • Espéraza Rolf (1996). El románico. Arquitectura, escultura, pintura. Colonia: Könemann verlagsgesellschaft mbH ISBN 3-89508-547-2
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