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Bóveda de cañón

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Bóveda de Cañón.
Foto de: Rob Crowbert

La bóveda de cañón o bóveda de medio cañón es la bóveda de sección semicircular, generada por la prolongación de un arco de medio punto a lo largo de un eje longitudinal. Sus paramentos presentan la forma de media superficie cilíndrica.

Bóveda de cañón sobre pilares

Como todas las estructuras basadas en el arco, el empuje se dirige hacia los muros que la sostienen, que deben soportar una gran presión, no sólo vertical, sino también lateral. Para contrarrestarla, se utilizan varios procedimientos. La primera solución consiste en aumentar el grosor y el peso de los muros: para ello, la bóveda de cañón se construye generalmente con arcos de refuerzo, denominados arcos fajones o torales, apoyados generalmente en pilares o pilastras, y reforzados al exterior con contrafuertes. Otra posibilidad es construir dos o más bóvedas de cañón en paralelo, de modo que se contrarresten sus respectivos empujes: a menudo se utilizó este método para la construcción de iglesias de varias naves; no obstante, los muros exteriores requieren igualmente de refuerzos. El tercer método para soportar la presión vertical de la bóveda consiste en interseccionar, en ángulo recto, dos bóvedas de cañón, creando una bóveda de arista.

Aunque fue conocido ya por los antiguos Egipcios y en Mesopotamia, construidas con adobe, solo se utilizó de forma sistemática a partir del Imperio Romano, en piedra. En el románico fue el principal sistema para conformar cubiertas, reforzadas con arcos fajones. Ha sido empleada en monasterios, castillos, torres y otras estructuras. También se ha empleado para abovedar sótanos, criptas, vestíbulos, claustros e incluso grandes salas.

Por extensión todas las bóvedas que se consideran generadas por un arco directriz, sea rebajado, carpanel, ojival, etc. se denominan, impropiamente, bóvedas de cañón corrido.

Historia

La bóveda de cañón fue conocida y utilizada por algunas civilizaciones antiguas, entre ellas las del Antiguo Egipto y Mesopotamia, pero fue un sistema de construcción con adobe, utilizado preferentemente en edificaciones auxiliares, como almacenes. La técnica surge, probablemente, de la necesidad de cubrir edificios construidos con elementos de albañilería, como ladrillos o bloques de piedra, en lugares donde escaseaba la madera. El ejemplo más antiguo conocido es una bóveda de cañón construida con ladrillos cocidos, descubierta en un ziggurat sumerio, en Nippur, que data de 4000 a. C. Las más antiguas bóvedas de cañón en Egipto se encuentran en Requagnah y Dendera, y datan de 3500 a. C. En estos primitivos ejemplos, la bóveda de cañón fue utilizada principalmente para construcciones subterráneas, tales como desagües y alcantarillas, aunque algunos edificios del período egipcio tardío fueron abovedados también de este modo.[1] Las bóvedas eran generalmente de pequeño tamaño. Restos arqueológicos hallados recientemente en el yacimiento de Morgantina (en la provincia de Enna) demuestran que la bóveda de cañón fue también utilizada para construcciones subterráneas en Sicilia durante el Período helenístico, en el siglo III a. C., lo que indica que esta técnica constructiva fue también conocida por los antiguos griegos.

Los antiguos romanos heredaron probablemente el conocimiento de la bóveda de cañón de los etruscos. Los romanos fueron los primeros en hacer un uso sistemático de este método en proyectos de gran envergadura, y fueron también probablemente los primeros en utilizar cimbras para facilitar la construcción de bóvedas de longitud muy superior a las que antes se habían realizado. Sin embargo, los constructores romanos fueron gradualmente abandonando la bóveda de cañón en beneficio de la bóveda de crucería; aunque de construcción más compleja, este tipo de bóveda no requería muros tan gruesos como soporte, lo que permitía construir edificios más espaciosos, con vanos más amplios y mucho más luminosos, como las termas.

Tras la caída del Imperio Romano, pasaron varios siglos sin que se llevaran a cabo construcciones cuyo tamaño requiriese abovedamiento. A comienzos del Románico, se regresó a la bóveda de cañón para cubrir las grandes catedrales; sus interiores eran bastante oscuros, debido a los muros gruesos y pesados necesarios para sostener la bóveda. Una de las mayores y más famosas iglesias románicas cubiertas con bóveda de cañón fue la abadía de Cluny, construida entre los siglos XI y XII.

En los dos siglos siguientes, con el avance del estilo gótico, la bóveda de cañón cayó en desuso, y apenas se utiliza en las construcciones de las catedrales góticas; las bóvedas de crucerías, reforzadas por nervios de piedra, fueron las más utilizadas al principio, y más tarde se desarrolló una gran variedad de soluciones abovedadas, de gran espectacularidad y abundante riqueza ornamental. Sin embargo, en el Renacimiento y el Barroco, con el renovado interés por el arte y la arquitectura de la Antigüedad, la bóveda de cañón se introdujo de nuevo a una escala verdaderamente grandiosa, y se empleó en la construcción de varios edificios célebres, como la Basílica de San Andrés de Mantua, de Leone Battista Alberti, San Giorgio Maggiore, de Andrea Palladio, y, el más conocido de todos, la Basílica de San Pedro, en Roma, donde una enorme bóveda de cañón cubre la nave de 27 metros de anchura.[2]

Aspectos constructivos

Fuerzas laterales en una bóveda de cañón apuntado.

En comparación con otras bóvedas, La de cañón es más inestable, ya que ejerce sobre sus elementos sustentantes una fuerte presión, no solo vertical, sino también transversal.[3] Por ese motivo, puede fácilmente derrumbarse si no se refuerzan convenientemente los elementos constructivos que la sustentan. Por ejemplo, en el castillo de Muchalls, en Escocia, los muros adyacentes a las estancias abovedadas tienen un grosor de 4,6 metros, con lo que aportan el peso suficiente para contrarrestar las tensiones laterales ejercidas por las bóvedas.[4] Además de aumentar el grosor de los muros, en la arquitectura románica era común el empleo de contrafuertes para contrarrestar estas tensiones laterales.

Debido a la dificultad de horadar el muro sin que afecte a la estructura, los espacios cubiertos por bóvedas de cañón están en general poco iluminados, como suele ocurrir en la arquitectura románica.

Notas

  1. Dietrich Wildung, Egypt, From Prehistory to the Romans, Taschen, 2001.
  2. http://www.stpetersbasilica.org/Interior/Nave/Nave.htm
  3. Mount Holyoke college, The Art of Cathedrals: Stresses in barrel vaulted design
  4. C.Michael Hogan, History of Muchalls Castle, Lumina Press, Aberdeen (2005)
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