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Torre de las Telecomunicaciones

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Torre de las Telecomunicaciones, Montevideo, Uruguay.
Torre de las Telecomunicaciones, Montevideo, Uruguay.

La Torre de las Telecomunicaciones, también conocida como Torre de ANTEL o simplemente Torre ANTEL, sede de la compañía estatal de telecomunicaciones ANTEL, es 2007|actualmente el edificio Rascacielos más alto del Uruguay. Su altura total es de 158 metros. Tiene 35 plantas y 20.000 m² aproximadamente.

Es un edificio de estilo futurista, uno de los que integra el Complejo de las Comunicaciones, finalizado en 2002, dirigido por el arquitecto Carlos Ott. La misma fue realizada bajo duras críticas especialmente por la inversión final que requirió el proyecto. Analistas señalaron que el costo se multiplicó, los defectos de seguridad están pendientes, las discusiones de su resistencia estructural continúan, la falta de espacio y las prohibiciones agobian a los empleados.[1] Domina la bahía de Montevideo con su silueta característica y es visible desde muchos puntos de la ciudad. Cuenta con el Museo de las Telecomunicaciones, un mirador panorámico y una sala para realizar teleconferencias, eventos y convenciones.

A pesar de su nombre, no porta por el momento, antenas de radio o televisión.

Historia de la Torre

(Basado en texto original de http://tips.org.uy) Cuando se adjudicó, en 1997, su presupuesto inicial fue U$S 65,3 millones. Al quedar inaugurada se conoce que su costo final fue de más de U$S 102 millones.

En 2003 el ex presidente Luis A. Lacalle (presidente del Directorio del Partido Nacional), agregó una nueva propuesta sobre el destino para la torre de Antel, planteando instalar en ella "un centro de negocios internacionales" y una "zona franca", que "se licite" entre quienes quieran venir a instalarse. Sin embargo, el proyecto no fue nunca llevado adelante. En 2000 y a poco de asumir el presidente Jorge Batlle, propuso venderla debido a su alto costo de mantenimiento. El senador del Foro Batllista, Pablo Millor, la criticó y dijo que se trataba de una idea "mediocre" y que quizás "se origina en el hecho de que era una de las obras emblemáticas del gobierno del doctor Julio María Sanguinetti".

Más cerca en el tiempo, también impulsó la venta de la torre el ex ministro de Industria y Energía, Sergio Abreu. "Este no es un acto demagógico sino de responsabilidad (...) hay que enviar señales claras de sensibilidad a la población que la está pasando muy mal".

Batlle se manifestó de acuerdo en vender la torre si Abreu le presentaba a los compradores, pero aclaró que le hubiera gustado enterarse de esas ideas por boca del secretario de Estado y no por la prensa.

Mientras tanto, varios voceros del Foro Batllista salieron al cruce de la iniciativa planteada por Abreu en lo que respecta a la venta de la nueva sede de Antel, al entender que es un proyecto "emblemático" y que pone al ente en carrera hacia su modernización.

Años antes, cuando el Directorio de Antel aprobó la construcción de la torre, la iniciativa fue respaldada por sus cinco integrantes: los tres colorados -Ricardo Lombardo (presidente) Tabaré Viera y César Ausqui-, y los nacionalistas Francisco Gallinal y Andrés Arocena.

Los blancos respaldaron la obra a cambio de que se produjera una rebaja de tarifas y que la misma no implicara endeudamiento para el ente.

Empero, a instancias de una propuesta impulsada por el conductor de Desafío Nacional, Juan A. Ramírez, la Convención nacionalista mandató a los directores partidarios para que solicitaran la revisión de la votación por la que se aprobó la construcción de la torre.

Cuando Gallinal y Arocena replantearon el asunto en el Ejecutivo de Antel, la construcción del edificio fue ratificada pero en esa oportunidad por la mayoría colorada por tres contra dos.

La cinta inaugural la cortó, el doctor Jorge Batlle, uno de los más acérrimos opositores de la obra, y quien mencionó que el destino para la torre debía ser el erradicar los asentamientos irregulares.

La entrega de la "primera torre inteligente de Sudamérica", debía ser el 27 de febrero de 1999, pero el proyecto final se finalizó más de cuatro años después.

Concebida para ser un ejemplo de seguridad total, aún continúan en los Juzgados las denuncias entre los ingenieros que la avalan y los que denuncian los peligros estructurales que alberga.

Un obrero de la construcción, y un sereno, murieron en el obrador.

Los sistemas de evacuación de aguas "inteligentes", ya sucumbieron a principios de 2001, cuando la mayor tormenta del verano inundó la sala de máquinas del subsuelo, provocando daños por U$S 4 millones. Las juntas en los vidrios de la torre también están bajo observación permanente, ya que en muchos casos dejaron pasar la lluvia, afectando enduidos y yesos interiores.

A un costo de U$S 500 mil, su sistema de prevención de incendios es único en el país. No obstante lo cual la Dirección Nacional de Bomberos advirtió la imposibilidad de un plan de emergencia, al no disponer de infraestructura como para enfrentar un siniestro en los pisos altos.

A su vez, las características de su aguja, impiden eventuales rescates aéreos, si la contingencia lo exigiere.

A propósito de las comodidades para los funcionarios, cabe recordar que la torre inteligente no admite "ningún tipo de electrodomésticos" en las oficinas. Cafeteras, heladeras, ventiladores y demás están prohibidas, habiéndose anunciado que habrá un servicio de kitchnettes en cada piso, con máquinas expendedoras "con cargo".

El primer gran problema que enfrentó la empresa constructora, ya que el estudio para una torre de 160 metros frente a la bahía efectuado en el "túnel de viento" diseñado por la Facultad de Ingeniería, no incluía eventuales errores en la introspección del suelo. Hubo que cavar 35 metros y llenarlos de hormigón, pero así y todo, el lugar no en vano se llama La Aguada.

Sin licitación ni concurso, se eligió para la obra al arquitecto Carlos Ott, que venía de ganar el plan de remodelación de la parisina Opera de la Bastilla. El 15 octubre de 1996, Ott presentó el diseño de vidrio y hierro, cuyos 160 metros de altura y su particular "aleta" modernizarían el paisaje capitalino.

El proyecto original, sobre un área de 18.484 metros cuadrados, incluía un mirador público, un edificio para atención de usuarios, un área de servicios con guardería, anfiteatro, así como parking para 350 vehículos. Además albergaría el Museo de las Telecomunicaciones, una sala de conferencias para 400 personas, áreas interactivas para el desarrollo de distintas tecnologías, un centro de capacitación, una terraza y una plaza pública.

Muchos de los elementos tuvieron que ser dejado de lado por falta de recursos.[2]

Referencias

  1. (en base a artículo del diario "La República" y "El País" de Uruguay)
  2. ANTEL
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