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Santuario de Loyola

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Basílica de Loyola

El santuario de Loyola, en Euskera Loiola, es un complejo munumental y religioso construido alrededor de la casa natal de Ignacio de Loyola (para los católicos, San Ignacio de Loyola), fundador de la Compañía de Jesús, conocida como los Jesuitas. Se encuentra en el municipio guipúzcoano de Azpeitia‏‎ en el País Vasco (España). El santuario se ubica a orillas del río Urola entre las poblaciones de Azpeitia y Azcoitia.

Ignacio de Loyola, que en realidad se llamaba Iñigo de Oñaz, era hijo del señor de Loyola, Beltrán Ibáñez de Oñaz (cabeza de los Oñacinos) y de la ondarresa María Sánchez de Licona, miembro de una importante familia oñacina vizcaína. Nació en el año 1491 en la casa-torre familiar sita en Loyola.

La Compañía de Jesús se convirtió en una poderosa institución que tenía mucha influencia en la cúpula dirigente católica. Ignacio, su fundador, fue nombrado santo y, como era lógico, su casa natal paso a ser un lugar de devoción. Cuando en el siglo XVII la casa torre donde había nacido fue cedida a los jesuitas, estos construyeron allí, alrededor de la casa natal de su fundador todo un complejo religioso en el cual destaca su basílica.

Junto con el santuario de Aránzazu es el más importante de la comunidad autónoma del País Vasco.

Historia

En 1681 la Compañía de Jesús recibió la propiedad de la casa natal de su fundador. Ignacio de Loyola nació en 1491 y murió en 1556. en 1609 fue beatificado y en 1622 canonizado.

Los marqueses de Alcañices y de Oropesa de Indias que ostentaban el título de Señor de Loyola y eran titulares del Mayorazgo Real tenían entre sus posesiones la casa natal del que se había convertido en santo pocos años antes. El traspaso se realizó mediante la participación de la reina Mariana‏‎ de Austria, madre del rey Carlos II (último de esa dinastía).

Basílica de Loyola

Siguiendo el ejemplo de otros lugares "santos" se decidió realizar un santuario que rodeara la casa natal del Santo Ignacio. Esa casa fue considerada como una reliquia. La obra fue encargada por el Padre General de la Compañía, Juan Pablo Oliva (1664 - 1681) al prestigioso arquitecto italiano Carlo Fontana que era discípulo de Gian Lorenzo Bernini. Fue el sucesor de Oliva quien ejecutó la obra poniendo la primera piedra del complejo, que comprendía iglesia y Real Colegio, el 28 de marzo de 1689.

El proyecto era un gran edificio con una fachada de 150 metros de longitud en cuyo centro se hallaba un gran templo circular cubierto con una gran cúpula. El acceso al mismo se realiza mediante un pórtico de tres vanos y una gran escalinata. El equilibrio de los volúmenes es fundamental. El conjunto simula una gran águila que mantiene en su interior la Casa Santa. El destino que se le iba a dar a los edificios era el de colegio, el llamado Colegio de los Jesuitas de Loyola.

Fontana mandó el proyecto a Loyola y fueron los arquitectos y directores de la obra quienes lo ejecutaron. Él nunca viajó a Loyola.

Las obras comenzaron en 1688 poniéndose la primera piedra del complejo el 28 de marzo de 1689. Dirigió la obra el maestro Martín de Zaldúa y se introdujeron modificaciones a los planos de Fontana relativas a la iglesia y a los patios.

Se utilizó mármol del país, extraído de la cercana cantera del Izarraitz y llegaron a trabajar en las obras más de 600 canteros. Sobre la piedra de los muros se extendió una pátina que cubría y homogeneizaba los paramentos de la piedra dándole, además, un color dorado con los rayos del sol.

Entre 1688 y 1738 se realiza el ala sur, destinada a colegio, y la iglesia del Colegio de Loyola. Fue maestro de obra hasta 1698 José de la Incera, y arquitecto el padre jesuita belga Jean Begrand. Martín Zaldúa se hace cargo del proyecto en 1693 al morir Incera. Zaldúa proyecta y ejecuta la llamada Escalera de los Santos y el ala sur. La Escalera de los Santos es una gran escalera imperial que se ubica en uno de los patios interiores que había previsto Fontana. También introduce cambios relevantes en la basílica en donde las capillas radiales independientes que había diseñado Fontana son sustituídas por una nave circular, la cual se une a la principal, la que está bajo la cúpula, por ocho arcos.

La Guerra de la Sucesión hace que las obras se paren entre los años 1704 y 1717 pero aún así se termina el edificio de la hostelería. En 1708 se va ocupando el nuevo edificio.

En 1717 se reanudan las obras del ala sur y se comienzan las de la basílica. Zaldúa es sustituido por Sebastián de Lecuna e Ignacio de Íbero. Entre 1719 y 1733, cuando muere, Lecuna construye el tambor y parte de la cúpula. Le reemplaza Ignacio de Íbero que termina la cúpula rematándola con la linterna y diseña el altar Mayor.

En 1738 se inauguran la iglesia y el colegio que ocupaba el ala sur. Entre los años 1750 y 1758 se construye el Altar Mayor que había diseñado Ignacio Íbero y al año siguiente se instala la estatua del santo en él. Esta estatua es de plata y se realizó en Roma.

Terminadas el ala sur y el templo, tanto la edificación como la decoración y las puertas, se inaugura en 1738 pero la consagración del mismo y sus altares no sería hasta 1889.

El ala norte se construye entre 1760 y 1767, y avanzan las obras del ala norte, también destinada a colegio. En 1766 muere Íbero y lo sustituye Javier Ignacio de Echeverría que es familiar suyo.

Las obras sufren un fuerte contratiempo cuando en 1767 los jesuitas son expulsados de España por orden del rey Carlos III y todas sus propiedades confiscadas. El parón se extendió hasta 1816 después de que dos años antes el papa Pío VII hubiera restaurado la orden en todo el mundo y que Fernando VII autorizara su regreso a España.

Plano del santuario.

El siglo XIX fue muy complicado, la compañía fue expulsada de Loyola en seis ocasiones, 1820, 1835 hasta 1840, 1854, 1868, 1870 y 1876. En 1836 se decreta la llamada Desamortización de Mendizábal y el santuario de Loyola pasa a depender del gobierno español y de la Diputación de Guipúzcoa que mantiene su propiedad desde ese momento, a excepción de la llamada casa del Duque que está reservada a los herederos del Mayorazgo Real de Loyola y nunca se ha visto afectada por la confiscaciones. La Diputación devolvió la Casa Santa a la Compañía de Jesús en 1991.

Manteniendo la propiedad en manos de la Diputación se crea en 1885 la Compañía de las obras de Loyola para dar fin a las obras del santuario a la vez que el mismo es cedido a la Compañía de Jesús para su uso por 60 años y comprometiéndose la Diputación a que dichas instalaciones tuvieran siempre uso religioso. En 1945 y en 2005 se ha renovado dicho acuerdo.

Las obras del ala norte se culminan en 3 años, en buena parte debido al apoyo de los fieles y devotos católicos, en su mayoría de Guipúzcoa.

Entre 1904 y 1924 se realizan obras de remodelación y acondicionamiento en la Casa Santa. Estas obras son dirigidas por el arquitecto Manuel María de Smith. En estas obras se hacen 9 capillas en el edificio natal de Ignacio y una escalera, desvirtuando la estructura interior original. En 1989 se realizan obras de reforma de la Casa Santa y se recupera el ambiente original. Estas obras, que tenían como objeto la renovación y puesta a punto del conjunto monumental para la celebración del V aniversario, fueron parte de un programa más ambicioso que incluía la restauración del pórtico y la cúpula de la basílica. En el transcurso de las obras de restauración se observaron daños en la cúpula y el posterior estudio detectó graves deficiencias constructivas en la misma. Para atajar esas deficiencias se procedió a colocar sobre la parte exterior una red de cables de acero.

El 13 de diciembre de 2000 se comenzaban las obras de restauración de la cúpula interna en la cual eran apreciables grandes grietas. Las obras quedaron concluidas el 19 de julio de 2002. En la restauración, tanto del pórtico como de la cúpula, participó el experto restaurador catalán José María Cabrera. En la decoración de la cúpula interior hubo que tener en cuenta los cambios en la iluminación debidos a que en los tiempos que se diseñó y construyó la luz natural era, prácticamente, la única que se utilizaba.

Monumentos

El santuario de Loyola es un amplio conjunto de monumentos alrededor de la casa natal de Ignacio de Loyola. Ocupa una amplia extensión y entre los monumentos el que destaca por su relevancia es la basílica, coronada por una gran cúpula que esta flanqueada por dos edificios de 75 m de longitud cada uno de ellos y con un cuerpo trasero.

En el conjunto, que ocupa una extensión de 10.000m² de suelo y más de 40.000m² construidos, el estilo barroco es el más predominante y principal. La piedra caliza que procede del vecino macizo rocoso del monte Izarraitz es el material básico utilizado en su construcción.

El edificio principal

Concebido como Real Colegio de Loyola, el núcleo del complejo religioso es un gran edificio de mármol que desarrolla un color dorado con la luz de la puesta del sol y tonos gris y duquesa. Sus enormes medidas y su concepción, como relicario que contiene la Casa Santa y como gran águila de piedra en la que en la parte central de su fachada principal se alza la basílica circular cubierta con la gran cúpula esférica.

El barroco es el estilo predominante, la elevación en la que se sitúa la Casa Santa ha sido salvada por un zócalo de piedra. Sobre él se alzan los tres pisos en dos alas que flanquean la basílica en un cuidado equilibrio de volúmenes.

En el interior los tránsitos están acabados en bóvedas que se apoyan en arcos formeros transversales que apoyan en ménsulas y pilastras todo ello de mármol labrado blanco, al igual que los huecos de las puertas.

Hay cuatro áreas diferenciadas y referentes, las escaleras imperiales, una en cada lado; el refectorio y el ante-refectorio.

  • Escaleras imperiales

Una de las modificaciones sobre el proyecto original de Fontana fue la construcción en sendos patios de dos escaleras imperiales que comunicaban, verticalmente, los pisos de cada ala. Martín de Zaldúa ocupó dos de los patios interiores que había proyectado Fontana con unas escaleras de gran formato y varios tramos de las llamadas imperiales. La parte superior de las mismas están adornadas con las estatuas, la del ala sur de los primeros santos de la Compañía, la del ala norte con los papas que han tenido especial relación con los jesuitas.

La escalera del ala norte se llama escalera de los Papas y la del ala sur escalera de los Santos. La construcción de las escaleras entró en polémica cuando el Superior de Loyola, Andrés de Zúpide, mandó parar las obras en 1693 al tocar la estructura de las escaleras de la Casa Santa, cinco años después Zaldúa convenció al Padre Provincial de Castilla, Salvador de Ribadeo, y al padre General, Tirso González que las escaleras, en particular la del ala sur que fue la primera que se realizó, era el ascenso monumental a la capilla de la Conversión y una vez obtenido el visto bueno se reanudaron los trabajos hasta su terminación, aún durante el parón debido a la guerra de la Sucesión.

Las escaleras se configuran con la alternación, entre cada piso, de cuatro tramos laterales con dos centrales. La caja de la escalera esta cubierta por dos bóvedas de arista con una cúpula en el medio adornada con un florón de madera. En el último piso están los pedestales sobre los que se ubican las figuras, de los santos en el ala sur y de los papas en el norte.

  • Ante refectorio

Tanto el ante refectorio como el propio refectorio están cuidados marcando un determinado carácter que conjuga, en equilibrio, la elegancia y la sobriedad.

Los muros están calados en blanco y rematados por mármol del mismo color. En el ante-refectorio hay una fuente octogonal en mármol jaspeado bajo las bóvedas que se apoyan en columnas de mármol negro.

  • Refectorio

Una gran representación de la última cena cubre una de las paredes del refectorio. El cuadro fue pintado en Roma por Philadelphius Larganus, Siculus en 1758. La decoración es referente a la Compañía, San Ignacio, escribiendo sus ejercicios espirituales preside la sala en cuyas paredes cuelgan retratos de los cardenales que jerón jesuitas. Destacan también los dos armarios servilleteros del siglo XVIII.

La Casa Santa

La casa torre de los Oñaz y Loyola, fue donde nació, en 1491, el que después de entregarse a Dios en 1521, fundaría la Compañía de Jesús. Para los Jesuitas, la Casa Santa es una reliquia y el santuario, su relicario. En ese contexto se entiende como el resto de los edificios del conjunto envuelvan a la Casa Santa.

Se trata de un edificio medieval de traza típica del país. Los dos pisos inferiores son de piedra caliza, muy austeros y con evidente aire militar y fue edificada a finales del siglo XIV, los superiores están hechos de ladrillo al estilo mudéjar traído desde el destierro andaluz.

La casa torre data de finales del siglo XIV y fue mandada construir por Beltrán Ibáñez de Loyola (tatarabuelo de Iñigo). En el siglo XV se dieron las llamadas Guerras de bandos o banderizas que enfrentaron a importantes familias del país, los Oñacinos contra los Gamboínos. Los Oñaz eran la cabeza del uno de los bandos. Al terminar la contienda el rey de Castilla Enrique IV, para poner fin a la contienda, castigó a los Parientes Mayores llegando a desterrar a algunos de ellos a Andalucía y desmochando las Casa Torres de los bandos enfrentados.

A la vuelta del exilio muchos de los castigados traen el gusto mudéjar de la construcción con ladrillo. El Abuelo de Ignacio, Juan Pérez de Loyola, reconstruye, en 1460, la parte superior del edificio en este estilo arquitectónico y con características palaciegas en vez de militares.

Sobre la fachada esta el escudo de armas de los Loyola, que representa una olla colgada de los llares flanqueada por dos lobos rampantes, todo ello en un campo de plata. El escudo de los Oñaz es, sobre un campo de oro siete bandas en gules.

A la entrada de la Casa Santa hay un conjunto escultórico en bronce que representa la llegada de Ignacio de Loyola, herido en el cerco de Pamplona a la casa.

La Casa Santa

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Planta baja

La planta baja pertenece al periodo primitivo en el cual la Casa Torre tenía fines bélicos. Se mantiene la estructura medieval. Las paredes tienen casi 2m de ancho y en ellas se abren siete troneras. El piso es de losas de piedra y las columnas son de madera sobre unos basamentos de piedra.

Una vez que la Casa Torre dejó de tener finalidad guerrera la planta baja se convirtió en almacén, y bodega.

Primera planta

La primera planta, aún dentro de la parte primitiva del edificio, está dedicada a la cocina y a la servidumbre. En ella destaca el fuego bajo y la curiosa despensa excavada en la pared.

Segunda planta

La segunda planta, ya en la parte renovada del edificio y con características palaciegas, es la planta noble de la Casa Torre. En ella se ubican las estancias principales; los dormitorios de los señores, el comedor, el salón de honor...

La señora de la casa tenía su propia estancia. El señor tenía tres habitaciones para su servicio, su dormitorio, la armería y el despacho. En este piso también se encontraba la capilla, en ella destaca un retablo gótico con una piedad como tema principal flanqueada por las imágenes de San Juan y de María Magdalena. Bajo este motivo hay una tabla flamenca de la Anunciación atribuida a Jean Prévost (1460 - 1529) que parece ser que fue el regalo de boda de Isabel la Católica a su amiga Magdalena de Araoz, la cuñada de Ignacio. Esta tabla está flanqueada por las imágenes de Santa Catalina de Alejandría y Santa Catalina de Siena.

La estancia principal de la Casa Torre es el salón de honor. Esta estancia servía para recibir las visitas que llegaban a la casa. En ella se conservan ejemplares de libros religiosos que influyeron en el convaleciente Iñigo de Loyola a tal medida que lograron dar un cambio radical a su vida. Estos son Vida de Cristo y la Leyenda de los Santos de Santiago de Varazze.

Tercera planta

El tercer piso de la Casa Torre estaba destinado a la residencia de los hijos del matrimonio, en tiempos de Ignacio de Loyola eran 13 hermanos, y los posibles huéspedes. Según cuenta la tradición, Ignacio de Loyola fue ubicado el aposento del ángulo nordeste de esta planta.

En la actualidad aquí se ha instalado la llamada capilla de la conversión por ser este el lugar donde sucedió el revolucionario cambio en la vida del que fue fundador de los jesuitas.

La basílica

Si la Casa Santa es corazón interior del santuario de Loyola, la basílica es el exterior. Destacada en el centro de la gran fachada del edificio del Real Colegio está dominada por su gran cúpula y precedida por un amplio pórtico de tres vanos al que se sube por una gran escalera. El barroco dominante toma en el pórtico la variación churrigueresca llenando con multitud de adornos sus paredes. Un gran arco se abre sobre una magnífica escalera mostrando una simetría perfecta.

La casa de los Austrias fue la impulsora de la construcción del santuario, pero este se realizó bajo la casa de los Borbones, por ello sobre el pórtico se ubica un gran escudo Borbón. Bajo el techo en el pórtico se hallan las estatuas de San Ignacio, San Francisco Javier, San Francisco de Borja‏‎, San Luis Gonzaga y San Estanislao de Kostka realizadas por el escultor italiano Gaetano Pace y por el cántabro Miguel de Mazo a quien se le encargó la finalización del proyecto a la muerte de Pace en 1738.

Las puertas principales son de madera de Cedro del Líbano que se complementa, en el resto de la instalación, con madera de caoba. El conjunto de acceso está flanqueado por dos columnas salomónicas a las que se corona un frontón curvo partido.

En el interior el churrigueresco lo inunda todo. Esta realizado en mármol con mucho dorado con un piso del mismo material dibujando un gran mosaico.

La planta es circular con una diámetro de 33m que está rodeado por ocho arcos de dos tamaños diferentes dejando un espacio central de 20m de diámetro. El mármol de los arcos es negro y los capiteles de sus columnas son de orden Corinto. Todo ricamente adornado.

Sobre las claves de los arcos se marcan las siguientes letras y sílabas: en los mayores las iniciales del lema Ignaciano: AMDG, Ad Maiorem Dei Gloriam (a mayor gloria de Dios), y en los pequeños las silabas "VI", "VA", "JE" y "SUS" que forman la frase Viva Jesús.

Recorriendo todo el perímetro del templo se emplaza un balcón con barandilla de hierro forjado que descanso sobre una cornisa repleta de modillones separados por metopas, todo ello ricamente ornamentado.

El balcón tiene de fondo un friso en el que figuran dibujos con temas militares y las dos vidas de Ignacio, la alegoría de Íñigo soldado sobre la entrada y la de Ignacio fundador sobre el altar.

El cancel, que complementa las puertas de entrada, es de caoba. Sobre él esta el coro en el que hay un órgano fabricado por Aristide Cavaillé Coll en 1889. Tiene 2.172 tubos.

El templo se inauguró en 1738 y se consagró en 1888 y 1889, como testigo de esas consagraciones hay dos lápidas a ambos lados de la puerta principal.

El templo del santuario de Loyola fue declarado "basílica" en 1921 por el papa Benedicto XV.

En las reformas del año 2002, se adelantó el presbiterio hasta el umbral del arco que lo enmarca lograron que se pueda dar el giro total a la nave circular.

La cúpula

El tambor en el que descansa la cúpula es luminoso. En él se abren ocho grandes ventanas. Las paredes entre las ventanas están ricamente ornamentadas, lo mismo que las pilastras que separan cada paño y sobre las que se apoya la nervuda de la cúpula.

La cúpula tiene un diámetro de 20 m y una altura de 50 metros. Esta rematada en una linterna de 15 m con lo que la altura total, desde el suelo, es de 65 m.

La estructura de la cúpula es doble. Hay una cúpula externa, hecha de piedra caliza y otra interna de arenisca, mucho más blanda y fácil de trabajar. Entre ambas hay una separación de medio metro.

Cúpula

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Rodeando la base de la cúpula, sobre el tambor, hay un balcón con barandilla de hierro y en el que se ubica, en cada arranque de los nervios que conforman la cúpula, la representación alegórica de las ocho Virtudes realizadas en estuco por el italiano Gaetano Pace entre 1734 y 1738 bajo diseño del francés Juan de Lane realizado en 1732.

En los lienzos que componen las paredes de la cúpula están representados, labrados y policromados, los escudos de la casa de los Austrias y de los Borbones.

Por diversos motivos estructurales, achacados al diseño y a los problemas de la construcción, ambas cúpulas, la interna y la externa, han tenido que ser restauradas y reforzadas a finales del siglo XX y a principios del XXI con una compleja red de cables de acero, la exterior y con una compleja intervención la interior.

El proyecto original de Carlo Fontana preveía bajo la cúpula y rodeando ese espacio, una serie de capillas independientes, separadas por gruesas paredes que contribuían a mantener el empuje de la gran cúpula. Cuando Zaldúa decidió quitar esos muros de separación entre las capillas para crear una nave circular alrededor del espacio que cobija a cúpula, lo que dio más grandeza y originalidad al templo. El sustento de la cúpula se resintió dando lugar a los problemas estructurales que llegaron a poner en peligro la estabilidad de la construcción a finales del siglo XX, obligando a su reforzamiento.

El Problema de la cúpula

El proyecto original de Carlo Fontana con una gran cúpula apoyada sobre una serie de muros entre los cuales se abrían unas capillas, fue modificado por Zaldúa para conseguir una nave circular alrededor del espacio que se creaba bajo la cúpula, agrandando así el templo y dándole mayor grandeza.

Esta actuación menguó aguante a los elementos que debían de soportar el peso de la cúpula siendo este el problema original principal.

La guerra de la Sucesión obligó a parar las obras por 13 años y cuando estas comenzaron de nuevo en 1717 se hizo cargo de las minas el Maestro Sebastián de Lecuona. Fue Lecuona quien dirigió la construcción de los arcos que unen la nave central con la anular y que deben soportar el tambor, con muros de dos metros y medio de espesor, sobre el que se alza la gran cúpula. El problema fue ya entonces complejo y requirió la consulta a expertos y prestigiosos arquitectos como Joaquín de Churriguera. Lecuona murió sin terminar la obra y fue Ignacio Íbero quien la continúa y finaliza.

Una vez coronada la linterna con la bola de cobre y la cruz Íbero, se dio cuenta que la cúpula se había movido, sus palabras fueron que había hecho algún vicio y procedió a reforzarla poniendo dos grandes cinturones de hierro, zunchos, en su base.

En 1992, en los trabajos de restauración encaminados al V centenario de la creación de la Compañía se descubrió el grave problema estructural, ya se veían desde el piso del templo grandes grietas en la cúpula, y se procedió a su estudio, restauración y refuerzo. En la restauración participó José María Cabrera y se dedicó especial interés a la decoración interior y a su relación con la luz.

El Altar Mayor

Ignacio Íbero fue también quien diseñó el Altar Mayor que se realizó entre los años 1750 y 1757.

Es de estilo churrigueresco con un gran trabajo en mármol, en donde se incrustan diferentes tipos de mármoles en otros, utilizando la técnica de taracea. Dos grandes columnas salomónicas flanquean el altar. En la predela hay decoraciones, hechas también en mármol, basadas en simbología militar y con alusiones a los Sagrados Corazones de Jesús y de María.

El equilibrio de volúmenes, que es una constante en todo el conjunto, se mantiene en el altar en el que destacan el templete de exposición del santísimo y la estatua en plata de San Ignacio de Loyola. Esta estatua es el cumplimiento de un voto de la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas y fue realizada en Roma en 1741 por el valenciano Francisco de Vergara y ejecutada en plata por el platero alemán Josep Bauer (en esta obra firmó como Giuseppe Agricola poniendo marcas de platero "GA"). Se colocó en el altar en 1758. Se complementa el altar con la imágenes de San José y de San Joaquín.

Hay otros seis altares más dedicados al Corazón de Jesús, realizado por Granda; a la Virgen del Patrocinio, realizado por Luis Salvador Carmona; San Francisco Javier; San Francisco de Borja; San Pedro Claver y San Alonso Rodríguez, estos cuatro últimos santos jesuitas españoles.

Para adaptar el Altar Mayor a las normativas litúrgicas surgidas del Concilio Vaticano II‏‎, se ha dotado a la basílica de un altar portátil que se sitúa enfrente del altar Mayor.

Altar Mayor

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El carillón y el reloj

La basílica de Loyola mantiene campanas desde su inauguración. Como casi siempre, las campanas tienen nombre propio, en el campanario de Loyola tenemos las siguientes:

  • La campana San Luis Gonzaga, que se fundió en 1738 año de la inauguración de la iglesia. Es la grave de las medias.
  • La campana San Francisco Javier Apóstol de las Indias conocida como campana mayor de la Iglesia, de 113 cm de diámetro con la inscripción ET VERBUM CARO FACTUM EST. Se fundió en 1760 y es la que da las horas. Esta campana toca también nueve campanadas, distribuidas en grupos de a tres a las doce del mediodía.

El reloj esta sincronizado por radio asegurando así su precisión.

Los jardines

Al este del santuario, detrás de la basílica, se extienden los jardines privados del mismo. Se accede a ellos desde el colegio de Loyola y desde el centro de espiritualidad.

Estos jardines son de uso privado para la comunidad y usuarios de los centros de espiritualidad y formación el complejo, así como de los hospedados en el mismo.

En 1948 se adquirieron los terrenos pertenecientes a los caseríos Muniategui y Aldakaitz que estaba junto a las instalaciones del santuario. Entonces se construyó un gran parque de 25Ha (antes tenía solamente 5).

Una parte de estos terrenos tenían un carácter agrícola. Se utilizaban para huerta y como plantación de árboles frutales. Con las obras que se llevaron a cabo con motivo de la visita papal de 1982 se dieron los pasos necesarios para su transformación íntegra en jardín.

En el borde de monte Erlepater se colocó, en 1895, una imagen de hierro fundido que representa a Nuestra Señora del Sagrado Corazón traída de París.

Forma parte de los jardines el cementerio del monasterio que se sitúa en la ladera del monte Erlepater. Hasta 1867 los enterramientos de los jesuitas se realizaban en la planta baja de la Casa Santa. Desde ese año en adelante se realizaron en el nuevo cementerio que poco después de su construcción quedó sin uso al ser expulsada la comunidad de España. En el año 2002 se encargó a Barboa la colocación de dos mosaicos en algunos nichos.

En el año 2000 se acondicionaron varios caminos y se colocó un monumento de bronce, obra del Antonio Oteiza que recuerda la peregrinación al santuario de Aránzazu de un Ignacio de Loyola ya convertido.

Desde 2003 se ha venido ornamentando el jardín con diferentes elementos que estaban almacenados en el santuario, como columnas similares a las del altar mayor, pilas de agua bendita... todo esto forma un conjunto integrado en un exuberante paraje natural donde abundan árboles típicos del país como hayas y robles.

Casa natal del beato Francisco de Gárate

El 6 de octubre de 1985 el papa Juan Pablo II beatificó a Francisco de Gárate, nacido en 1857, jesuita, portero y sacristán de la Universidad de Deusto, cuya casa natal es el caserío Errecarte situado en la localidad de Azpeitia, en las inmediaciones del santuario, pocos metros al sur del colegio de Loyola.

Este caserío es una típica construcción rural guipuzcoana, bajo un pórtico se abre la puerta de entrada a la planta baja en la cual se halla la cocina, donde se realizaba la vida familiar, y a su lado una habitación. Frente a la cocina están las cuadras para el ganado, vacuno y equino y al lado de las cuadras otra habitación. Hoy en día en la estancia que hay al lado de la cocina se ha realizado un pequeña capilla y en la que está al lado de la cuadra se ha puesto una muestra de aperos de labranza antiguos. Seguido a estas estancias está la bodega.

En el primer piso esta el comedor y los dormitorios que no tienen ventanas al exterior, en el segundo dormitorio fue donde nació el beato Gárate. Trás los dormitorios esta el pajar al cual se puede acceder también desde el exterior, a nivel con el camino, permitiendo la entrada de carros con carga. Debajo del pajar están los establos que se comunican mediante una trampilla de manera que se podía echar la hierba desde el pajar directamente a las cuadras. En la actualidad se ha ubicado en el pajar la capilla. Al lado del pajar hay una solana bien orientada que servía para poner a secar diferentes productos. Hoy se expone una colección de argizaiolas, luces de difunto que son tablas labradas en las que se enroscan unas finas cerillas que se encienden en recuerdo de los difuntos.

Servicios e instalaciones

Grupo escultórico representando Ignacio de Loyola herido en el cerco de Pamplona.

El Museo Sacro

El complejo religioso de Loyola dispone de un Museo Sacro que se ubica en el ala norte del santuario. Consta de dos salas que guardan objetos litúrgicos, la primera de ellas y en la segunda se expone el altar y las puertas que lo flanqueaban de la capilla original de la casa natal del santo. Este altar es de estilo plateresco hecho en caoba por Saturnino López Gómez. El tema central es la representación de San Ignacio escribiendo el libro de ejercicios en la Cueva de Manresa. Las figuras de San Francisco Javier y del Beato Fabro, que estaban en este mismo altar, se han trasladado al salón de honor de la Santa Casa.

El contenido de esta segunda sala se completa con una colección de libros de ejercicios de diferentes épocas y en diferentes lenguas y con una selección de arquetas de bronce que hacen de relicarios hechas en 1912.

La biblioteca

La biblioteca del santuario posee tres secciones relevantes, una de ellas es un archivo histórico sobre la casa y el linaje de los Oñaz y Loyola, otra es un archivo sobre la Compañía de Jesús en España y la otra es una biblioteca musical denominada Nemesio Otaño.

La biblioteca cuenta con 150.000 libros de los cuales unos 30.000 son desde el siglo XV|siglo XV hasta el siglo XIX destacando algunos incunables.

La organización del depósito está realizada en tres secciones, en una de ellas los libros antiguos, del siglo XV al XVIII, unos 15.000 ejemplares. Otra la Biblioteca Ignaciana, con unos 6.000 ejemplares y especializada a la espiritualidad de Ignacio de Loyola. Y una tercera de cultura Vasca con unos 10.000 libros.

Los fondos antiguos están digitalizados y disponibles por Internet desde los servicios del ministerio de cultura español y de la conserjería de cultura del gobierno vasco.

La biblioteca musical Nemesio de Otaño esta conformada basándose en la obra de Nemesio de Otaño, prestigioso compositor y musicólogo miembro de la Compañía. Tiene un fondo de más de 120.000 libros y partituras.

Detalle interior.

Referencias y notas

  • Compañía, de Jesús, Loyola. Santuario de Loyola., Folleto de mano editado por el propio santuario.
  • Departamento de, Turismo, Un viaje al siglo XVI guipuzcoano. Tierra ignaciana., San Sebastián (Guipúzcoa, España) Turismo.

Notas

  • Las ocho virtudes son, empezando por la que lleva en sus manos la Eucaristía y en sentido retrógrado, las virtudes Fe, Caridad, Esperanza, Religión, Templanza, Justicia, Prudencia, y Fortaleza.

Enlaces externos

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   » Alberto Mengual Muñoz   » Arq   »  Iñaki M.B.

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