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Panteón de San Fernando

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El Panteón de San Fernando es el cementerio más antiguo de la Ciudad de México que se conserva hasta nuestros días; es uno de los ejemplos más representativos de la arquitectura y arte funerarios del siglo XIX en México, y funcionó entre 1832 y 1871.

Durante la época virreinal en México, la gente tenía la costumbre de ser enterrada en el interior de los templos, pues era esa la mejor manera de resucitar y llegar al cielo después del Juicio Final. Las personas con mayores recursos económicos, benefactores de la iglesia y gente con gran linaje y puestos públicos, eran enterradas más cerca del altar mayor. Mientras menos dinero tenía el difunto, su lugar dentro de la iglesia se alejaba poco a poco del presbiterio. En la Iglesia de San Fernando, junto al altar mayor, están sepultados los virreyes Matías (1784) y Bernardo de Gálvez (1786), padre e hijo, quienes ordenaron la construcción del Castillo de Chapultepec, entre otras obras.

Durante muchos años, era común que los muertos fueran sepultados dentro de las iglesias, detrás de los muros o debajo del suelo, apenas cubiertos con tablas de madera y casi al nivel de la superficie, lo que producía muy malos olores y espectáculos muy desagradables para los visitantes de templo. Sin embargo, una costumbre tan arraigada como esa era muy difícil de suprimir entre la sociedad.

A fines del siglo XVIII, el arzobispo de México, don Alonso Núñez de Haro y Peralta, manifiesta la necesidad de que se dejen de hacer sepulturas dentro de los templos para evitar contagios y enfermedades, y que de ahí en adelante, los difuntos debían ser enterrados en cementerios ubicados en lugares elevados, alejados de las casas y con buena ventilación. El primer cementerio utilizado de esta manera, Santa Paula, fue abierto al público en ocasión de una epidemia de viruela.

En el Colegio Apostólico de San Fernando, de misioneros franciscanos de Propaganda Fide, poco a poco se fue evitando la sepultura de cadáveres dentro de la iglesia y se comenzó a utilizar el espacio del atrio frente a la puerta. Este cementerio atrial fue utilizado ampliamente durante más de medio siglo, y las tumbas ahí localizadas no tenían nombres ni fechas; eran simplemente, lápidas anónimas. En un principio, los únicos con derecho a ser sepultados en el panteón fueron frailes fernandinos, benefactores de la iglesia y personas de altos recursos económicos. El uso del panteón atrial de San Fernando en esos años aún era esporádico, por lo que el panteón tuvo una extensión muy reducida.

Hacia 1832 se comenzó la construcción del actual Panteón de San Fernando, mediante la gestión del Síndico del convento, Don Ignacio Cortina Chávez, y gracias a los cobros que ya se realizaban. Al ser el Panteón de San Fernando el más caro de la ciudad, rápidamente pudo financiar su construcción.

En 1833, el general Antonio López de Santa Anna decretó que todos los cementerios privados de la ciudad debían ser abiertos al público en general, debido a la fuerte Epidemia de cólera que azotó a la población. A partir de entonces, San Fernando inició sus servicios como panteón público, aunque se prohibió aquí el Entierro de enfermos del cólera.

Durante las siguientes dos décadas, la fama del panteón de San Fernando fue subiendo. Como era un cementerio pequeño, limpio y ordenado, pronto fue escogido por las familias de clase alta como el sitio adecuado para su sepultura. Debido a esto, los precios de los servicios fúnebres en San Fernando fueron subiendo, y en pocos años, sólo la gente más rica y poderosa de la sociedad podía pagar su Inhumación en este lugar. Es por esto que en San Fernando observamos aún las tumbas de políticos, militares, gobernantes y personalidades de la sociedad del siglo XIX.

La mejor época de San Fernando estuvo entre 1850, cuando otra epidemia de cólera incrementó los entierros en el panteón, y 1870, época en que ya existían otros panteones en distintos puntos de la ciudad, como los de Campo Florido, Los Ángeles, La Piedad y San Antonio de las Huertas, cementerios todos desaparecidos en la actualidad.

El Panteón de San Fernando había sido propiedad de los frailes fernandinos, quienes se encargaban de realizar los entierros, las misas, los altos cobros y de mantener limpio y en orden al pequeño panteón. Su fama fue mucha entre la sociedad de la ciudad de México. Sin embargo, el 31 de julio de 1859, el gobierno liberal de Juárez expidió una de sus leyes de Reforma: la de Secularización de Cementerios, mediante la cual todos los panteones del clero pasaban a ser propiedad del Gobierno. Esta ley se pudo aplicar hasta 1860, cuando terminó la Guerra de Reforma y el gobierno de Juárez entró a la ciudad.

A partir de entonces, el Ayuntamiento administró este panteón, y al ver que ya se encontraban aquí enterrados grandes personajes ilustres, el Gobierno lo declaró como Panteón de Hombres Ilustres de la ciudad. Desde ese año, otros grandes héroes y políticos fueron enterrados en San Fernando, como Melchor Ocampo, Miguel Lerdo de Tejada, Ignacio Comonfort e Ignacio Zaragoza. San Fernando fue el primer panteón de hombres ilustres que hubo en toda la ciudad de México. Con el tiempo, San Fernando se encontraba prácticamente a la mitad de su capacidad, y se pensaba en ampliarlo, cuando un decreto del presidente Juárez ordenó la clausura de todos los cementerios que se hallaran dentro de los límites de la ciudad. Esto sucedió en 1871, y el último entierro registrado en el panteón sucedió en 1872, cuando precisamente Juárez fue sepultado en este sitio.

Después que el presidente Sebastián Lerdo de Tejada ordenó la construcción de la Rotonda de Hombres Ilustres en el Panteón de Dolores, San Fernando quedó cerrado y su finalidad era sólo la de conservar los restos de las personas ilustres ya enterradas ahí; así permaneció durante el Porfiriato, hasta que en 1900 se planeó su destrucción para construir un monumental “Panteón Nacional”, a espaldas de él, en la actual calle de Héroes, que tomó su nombre de este proyecto. Parecía que el Panteón Nacional sería terminado con éxito, pero el estallido de la Revolución y una mala cimentación de la cripta central impidieron que fuera construido en su totalidad. San Fernando perdió algunos muros por esta obra, pero sobrevivió al pasar los tiempos de caos en el país.

En 1935, el Panteón de San Fernando fue declarado monumento histórico por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, y en 1968 recibió una magna restauración en ocasión de los Juegos Olímpicos celebrados en México. Durante los años setenta y ochenta, el Panteón sufrió diversas modificaciones ligeras, por la celebración de los centenarios luctuosos de Juárez y de Francisco Zarco, así como por el terremoto de 1985. En la actualidad, San Fernando se mantiene como uno de los monumentos más interesantes del Centro Histórico, al haber sido remodelado y convertido en un novedoso museo de sitio a partir del 18 de julio de 2006.

El Panteón de San Fernando es un espacio que se ha conservado a través de los años y nos muestra en su distribución, su arquitectura funeraria y en los personajes que fueron aquí sepultados toda una época de la historia del país: el proceso de creación del Estado Mexicano. Una visita a San Fernando es como mirar una fotografía que retrata al México de mediados del Siglo XIX; al recorrerlo nos acercamos a los protagonistas de las luchas que dieron origen a la Nación, no importa que actualmente muchos de los restos que fueron aquí inhumados se encuentren en otros sitios.

Para dar cuenta de la gran fama e importancia que tuvo este panteón en el siglo XIX, a continuación tenemos una lista de personajes históricos sepultados aquí. Algunos de ellos (indicados con un *) ya fueron trasladados a otros sitios, y otros aún permanecen en este pequeño panteón. Los difuntos marcados con una “?” no se sabe cuál es su tumba o si aún se encuentran sepultados aquí.
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