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Monasterio de las Descalzas Reales (Madrid)

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Monasterio de las Descalzas Reales (Madrid)
Fachada del Monasterio de las Descalzas Reales.

El monasterio de Nuestra Señora de la Consolación, más conocido como las Descalzas Reales es un monasterio de monjas de clausura, Clarisas franciscanas descalzas, fundado en 1559 por Juana, viuda del príncipe Juan Manuel, hermana del Rey Felipe II y madre del futuro rey portugués don Sebastián. Se encuentra situado en la actual Plaza de las Descalzas (en Madrid, España), zona cercana a la Puerta del Sol, plaza de Celenque y calle de Preciados. Es un edificio clasicista del siglo XVI que alberga en su interior importantes obras de arte. Parte del monasterio está en la actualidad dedicado a museo que se puede visitar.

El actual monasterio se encuentra ubicado en parte del solar donde hubo un antiguo palacio, uno de los primeros palacios que tuvo Madrid, que algunos investigadores creen que pudo ser de tiempos del rey Alfonso VI y otros dan una fecha mucho más tardía. En el siglo XIII el castiello o alcázar de que hablan los Fueros era un lugar de defensa y no se utilizaba como vivienda palaciega, por lo que los reyes de la época tenían que residir en casas nobles o palacios de amigos que ofrecían hospedaje. Las crónicas hablan de que en 1339 se celebraron en este palacio las primeras Cortes en Madrid. (En el patio plateresco de la clausura del monasterio se conserva como testimonio los escudos de un noble desconocido).

En el siglo XVI el antiguo palacio de que se ha hecho mención (posiblemente rehecho y rehabilitado) pertenecía al tesorero imperial Alonso Gutiérrez, que en más de una ocasión dio cobijo al emperador Carlos I. En esta casa nacieron varios hijos entre ellos la más pequeña, Juana, que más tarde fundaría en el mismo emplazamiento este monasterio de las Descalzas Reales.

Juana de Austria, princesa de Castilla, estaba casada con Juan Manuel, príncipe de Portugal; quedó viuda muy joven y tuvo un hijo que sería el futuro rey de Portugal, Sebastián. Al quedar viuda, su hermano Felipe II de España la reclamó para darle el cometido de Gobernadora del Reino. (La política de gobierno de los Austria era repartir y confiar los altos cargos entre miembros de la familia). Juana de Austria fue la fundadora del monasterio de las Descalzas Reales.

En 1558, Francisco de Borja‏‎ (duque de Gandía), envió desde el convento de Santa Clara de Gandía una comunidad de monjas clarisas, de acuerdo con el padre Andrés Insulano, general de la Orden de San Francisco. Eligieron como abadesa a sor Francisca de Jesús, tía del duque de Gandía que no llegó a habitar el convento de Madrid pues murió en Valladolid antes de finalizar las obras. La segunda abadesa tampoco llegó a pisar el nuevo monasterio pues murió cuando la comunidad habitaba aun la casa de Gutiérrez.

En 1559, día de la Asunción tuvo lugar la gran fiesta de inauguración del monasterio, aun cuando la iglesia estaba todavía sin construir. Hubo una procesión solemne en la que participó Felipe II y toda la familia real. En 1564 se concluyó la iglesia y el día de la Concepción se colocó el Santísimo Sacramento en el altar mayor.

En 1580 el monasterio acogió a María, viuda del emperador Maximiliano II de Habsburgo, que llegó con su hija Margarita. La emperatriz adoptó el régimen de la comunidad y su hija profesó como monja. María de Austria dio en el convento una grandiosa fiesta el día 22 de abril de 1602, de acuerdo con el Concejo de la Villa y los frailes de Atocha, para agasajar al rey Felipe III y persuadirle de que no trasladara la corte a Valladolid. El agasajo duró tres días, con gran complacencia del rey, pero el traslado de la corte se hizo realidad. María de Austria murió el 21 de febrero de 1603, pidiendo en su testamento‏‎ ser enterrada al pie del altar de la Oración del Huerto, en el claustro bajo, con una piedra llana y lisa como lápida. Trece años más tarde Felipe III trasladó el cadáver a un sepulcro lujoso hecho de mármoles y bronce, colocado en el coro de la iglesia.

El espacio del monasterio era enorme y en él estaba comprendida una gran huerta además de la iglesia y las dependencias monacales. A lo largo de los años ingresaron aquí mujeres de la casa real y de la alta Aristocracia‏‎, haciendo importantes regalos y donaciones por lo que el monasterio llegó a a tener un verdadero tesoro en obras de arte.

Durante la Guerra Civil Española el monasterio fue privado de su comunidad. No obstante fue cuidado y protegido, poniendo sus obras de arte a buen recaudo. Cayeron sobre él algunas bombas que produjeron desperfectos sobre todo en la bóveda de la escalera y en el coro que fue destruido. Se realizó la restauración durante esos mismos años de la guerra en que, entre otras cosas, cambiaron la teja deteriorada del tejado por una nueva de pizarra. Acabada la guerra, volvieron las monjas.

En los últimos años del siglo XX se construyó en la plaza de las Descalzas un estacionamiento subterráneo cuyas obras afectaron levemente al edificio. Con este motivo fue restaurado y consolidado, acondicionando algunas de sus dependencias para ser visitadas en un recorrido turístico. Todo el proyecto fue dirigido y supervisado por el Marqués de Lozoya, Consejero de Bellas Artes del Patrimonio Nacional.

El edificio

El monasterio con todas sus dependencias ocupó en origen un espacio enorme con un gran terreno para huertas que llegaban hasta la actual calle de Preciados y que fue vendido por la comunidad en el siglo XIX, donde se alzó una manzana de casas para la Sociedad “La Peninsular”. La puerta de la iglesia y la portería del convento daban a la plaza. Otra puerta daba a la calle de la Misericordia y otra más a la calle llamada Postigo de San Martín.

La iglesia

Su arquitecto fue Antonio Sillero. La fachada fue obra de Juan Bautista de Toledo, en 1559, así como la cubrición del templo con bóveda de cañón y lunetos (1561). Las gradas del altar, el coro y la sacristía fueron obra de Juan Gómez de Mora en 1612. Gaspar Becerra realizó en 1565 el gran retablo mayor siendo el autor de toda su arquitectura, de sus pinturas y esculturas.

  • Historia del retablo mayor

En 1862 la iglesia sufrió un gran incendio que destruyó el retablo de Gaspar Becerra, las pinturas de la bóveda y los retratos de Pantoja de la Cruz. Se sabe cómo era aquel retablo gracias al dibujo arquitectónico conservado en la Biblioteca Nacional. En 1863 se sustituyó dicho retablo de Becerra por otro que estaba ubicado en el antiguo Noviciado de Jesuitas (en las calles madrileñas de San Bernardo y Noviciado) y que más tarde, en 1836 fue destinado a Universidad Central.

Dicho retablo fue creado en 1716 como una obra excepcional en homenaje a la Beatificación del jesuita francés Juan Francisco de Regis. La obra se llevó a cabo por orden del rey Felipe V y a instancias de su confesor el jesuita francés Daubenton. Con este fin fueron encargados seis lienzos para los laterales al pintor de cámara francés Miguel Ángel Houasse sobre la vida de Juan de Regis.

El resto arquitectónico y escultórico de este retablo estaba hecho con ricos mármoles y bronces dorados y todo fue llevado a las Descalzas, así como el gran relieve de la Apoteosis de Juan Francisco de Regis, cuyo autor es Camilo Rusconi. Para los laterales se encargó obra nueva al escultor José Bellver, cuyas representaciones estuvieron más de acuerdo con la orden franciscana del monasterio: San Francisco, Santa Clara, San Antonio, Santo Domingo de Guzmán y otros santos franciscanos.

Había también una estatua yacente representando a Francisco de Regis esculpida por el romano Cornachini, en distintos mármoles que fue guardada y custodiada por las mojas hasta que en el siglo XX pasó de nuevo a propiedad de los jesuitas en la Casa Profesa de la calle de Flor Baja de Madrid.

  • Otras obras de arte de la iglesia

En el lado de la epístola se encuentra la estatua orante de la princesa Juana, en mármol blanco, obra atribuida a Pompeyo Leoni o al escultor italiano Crescenci (afincado en Madrid en 1617). Por toda la iglesia se encuentran obras diversas de Gaspar Becerra y de la escuela de Gregorio Fernández.

En el altar mayor se colocó una pintura en tabla de la Virgen del Milagro cuyo autor es el prerrafaelista italo-valenciano Pablo di Sancto Leocadio de Reggio. Esta obra estaba guardada en una capilla del claustro de clausura mandada construir por Juan (hermano de Carlos II).

Antonio y Luis González Velázquez pintaron la bóveda que más tarde se quemó en el incendio de 1862. Antonio García la restauró en 1863 pintando de nuevo, aprovechando un dibujo que se había conservado. De esta misma época son los dos retratos del presbiterio de la emperatriz de Austria, María, y de la princesa Juana, su hermana, sustituyendo a los anteriores pintados por Pantoja de la Cruz, desaparecidos en el mismo incendio.

Claustro

Claustro.

El claustro de este monasterio (o patio de clausura) es famoso por las procesiones que tienen lugar en él durante la Semana Santa, sobre todo la de Viernes Santo en que sale la del Santo Entierro de gran nivel artístico, con música antigua del tiempo de la fundación del monasterio. En este evento procesiona un cristo yacente de Gaspar Becerra que es llevado a varas (sin urna). Se utilizan para la ocasión (igual que en la procesión del Corpus Christi) ricas ropas litúrgicas y a veces se cuelgan en los muros de las cuatro pandas del claustro los tapices de Raes y Geubels. El autor de los bocetos y cartones de estos tapices es Rubens que los hizo por encargo de la infanta Isabel Clara Eugenia, hija de Felipe II.

Después de las recientes obras de restauración pueden verse elementos originales de este espacio. Estudios recientes han venido a demostrar que este patio fue el núcleo de las casas de Alonso Gutiérrez y que se pueden sacar muchas explicaciones de cómo era el edificio original así como de la arquitectura madrileña del siglo XVI. El patio sufrió una primera modificación en 1679 cuando se cerraron las arquerías altas, seguramente por razones prácticas pues el edificio tenía fama de ser muy frío. En 1773, con Carlos III se hizo la misma operación con la parte baja, convirtiendo de esta manera al corredor claustral abierto en una galería cerrada.

En una capilla del claustro alto colgó durante siglos La Anunciación de Fra Angélico, famoso retablo que en 1862 fue trasladado al Museo del Prado. Aún se conserva el hueco de donde fue extraído.

El patio cuenta con un total de sesenta y seis piezas de mármol. Los fustes de las columnas son cilíndricos y delgados y muestran una influencia de los palacios sevillanos que sin duda conocía el propietario del edificio Alonso Gutiérrez.

Por las mismas fechas se llevó a cabo la ornamentación de la gran escalera con pinturas murales. De esta obra queda testimonio en una inscripción de la pared que dice:

«Restauro esta escalera Sor Ana Dorotea, Marquesa de Austria, hija del Emperador Rodolfo II, religiosa de este convento. Año 1684|MDCLXXXIIII».

Otra obra que se efectuó en este tiempo fue la construcción de la capilla del Milagro.

En el claustro se encuentran las tumbas de Alfonso y de Gonzalo de Borbón y Dampierre, y del hijo mayor del primero, Fran.

  • Capilla del Milagro

Esta capilla y su decoración de deben a la voluntad de Juan José, hermano de Carlos III (según la inscripción que puede verse In situ) que tenía una hija bastarda en el monasterio, Sor Margarita de la Cruz (1650-1686), que profesó como monja en 1666. Las pinturas son del mismo estilo que las de la escalera. En esta capilla se guardaba una tabla de la Virgen del Milagro cuyo autor es el prerrafaelista italo-valenciano Pablo di Sancto Leocadio de Reggio. Dicha tabla se encuentra en la actualidad en el altar mayor de la iglesia.

Bibliografía consultada

  • de RÉPIDE, Pedro (1981), El antiguo Madrid. Primera parte., Madrid: Editorial Afrodisio Aguado S.A.. ISBN 84-202-0001-8.
  • TORMO, Elías (1985), Las iglesias del antiguo Madrid, Editorial Instituto de España. ISBN 84-85559-01-0.
  • de MESONERO ROMANOS, Ramón (1925), El antiguo Madrid. Primera parte., Madrid: Editorial Renacimiento.
  • TOAJAS ROGER, M. Ángeles (2003): «Capiteles del primer Renacimiento en las Descalzas Reales de Madrid: Estudio del Patio del Tesorero», en Anales de Historia del Arte, vol. 13. págs. 97-130, ISSN 0214-6452 [1]


Referencias

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