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Exposición Internacional de las Artes Decorativas e Industriales Modernas

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Exposición Internacional de las Artes Decorativas e Industriales Modernas
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La Exposición Internacional de las Artes Decorativas e Industriales Modernas (Exposition Internationale des Arts Décoratifs et Industriels Modernes) fue una Exposición Internacional celebrada en París en el año 1925 que tenía como finalidad mostrar los adelantos en la industria y en las artes decorativas, donde el Art Déco (abreviatura de la especialidad de la exposición) se convirtió en un fenómeno de masas democratizándose y extendiéndose uno de los estilos más exquisitos y elitistas que había cultivado con veneración el objeto de lujo y el detalle al situarse todo el catálogo de lo construido y exhibido dentro de la órbita de dicho estilo.

En Francia, desde 1912, se había planeado una exposición internacional que se iniciara en 1915 con el fin de exponer los productos franceses salidos de las casas de diseño, así como invitar a los países europeos a que mostrasen sus adelantes en materia de diseño y decoración. Sin embargo, el advenimiento de los conflictos que desataron la I Guerra Mundial impidieron que esta exposición se llevara a cabo.

Una vez terminada la guerra, en 1918, se anunció que dicha exposición se celebraría en 1922, mas los problemas financieros y la reconstrucción económica hicieron que la exposición se celebrara hasta 1925.

Para ubicar esta magna muestra se pensó que el Grand Palais sería el lugar ideal para su exhibición dada su amplitud de 33,000 metros cuadrados, pero realmente fueron 220,000 metros cuadrados en un pabellón en donde participaron 21 países, incluyendo colonias francesas.

El director arquitectónico fue Charles Plumet y para la arquitectura de paisaje Louis Bonnier, mientras que para acondicionar el Grand Palais estuvo al frente Charles Letrosne.

Para conectar el pabellón con el otro lado del río Sena, el puente Alejandro III, que había sido inaugurado en la exposición de 1900, fue investido de nuevos diseños hechos por Mauurice Dufrene (1876-1955) para boutiques individuales, entre las que destacaban las de Sonia Delunay, Rene Lalique, Jacques Heim y Gilbert Gireau. El puente parecía salido de una fantasía o de un cuento de hadas, pues la iluminación que recibía en diversos colores asemejaba piedras preciosas de gran tamaño.

A los lados del puente pequeñas embarcaciones flotantes funcionaban como elegantes restaurantes, mientras que Paul Poiriet (1879-1944) en tres barcos montó su Ateleier Martine, con atractivos y lujosos interíores.

Y no podía faltar el símbolo de la ciudad de París, la torre Eiffel, en la cual se montaron juegos de luces que formaban círculos, formas geométricas, estrellas, cometas y hasta un zodiaco, publicitando la marca de automóviles Citroén.

Las perspectivas de la exposición, que reflejan las fotografías de la época, dejan ver un conjunto armónico y equilibrado con arquitecturas simétricas de geometrías puras que barajaban las formas cúbicas y aristadas en contraste con las curvas y circulares, abundando los óvalos, las superficies estriadas y acanaladas, los diseños rectilíneos, las esferas, los arcos poligonales, las decoraciones triangulares y romboidales, las composiciones en damero, las fuentes y la escultura.

En esta Exposición, fue decisiva la colaboración y diálogo entre la escultura y la arquitectura. La escenografía de la luz fue otro de los aspectos más cuidados e innovadores del certamen. La exposición de noche se convertía en un espectáculo con luces indirectas y controladas que descubrían detalles nuevos de las arquitecturas.

Planta de conjunto

Puertas de acceso

Especialmente significativas y cuidadas fueron las puertas de acceso al recinto, diseñadas por diferentes autores, que impusieron el sello particular de su estilo en perfecta sintonía con el espíritu de la arquitectura interior de la que hacían de reclamo. La Puerta de Honor hacía gala a su carácter de entrada principal a la muestra. Sus autores fueron los arquitectos Henry Favier y A. Ventre. El esquema estaba basado en una ordenación en perspectiva de parejas de pilares unidos por relieves escultóricos en los frentes y en los laterales por paneles de rejas, dando lugar a un juego de angulaciones y geometrías muy propias del Art Déco.

La Puerta de la Concordia fue diseñada por el arquitecto Pierre Patout. Su composición y ordenación era completamente diferente de la de Honor. Formada por un círculo de diez pilares monumentales acogía en el centro un gran árbol del jardín, ya que no se podía cortar ninguna de las plantas existentes. Los accesos estaba en los laterales; los pilares eran en realidad un símbolo monumental. Los pilares se iluminaban por la noche en la parte superior como enigmáticos faros.

La Puerta de Orsay, que, fue diseñada por Louis Boileau ostentaba un gran panel a modo de cartel pintado por Louis Voguet. Existían otras diversas puertas, pero sin la monumentalidad de las citadas.

Pabellones franceses

El Pabellón de Turismo era un centro de información y bancario que se encontraba enfrente a la Puerta de Honor. Fue diseñado por el arquitecto Robert Mallet-Stevens (1886-1945) y se caracterizó por tener poca decoración y resaltar la funcionalidad de la arquitectura. Contaba con un reloj en forma de cruz y con unos paneles con relieves obra de Jean y Jˆel Martel (1896-1966); un diseño cubista en las ventanas afirmaba la contemporaneidad de la glamorosa exposición.

Para mostrar el camino conservador, pero a la vez la finura, distinción y donaire del gusto francés Emile-Jacques Ruhlmann (1879-1933) organizó el pabellón La Casa de Un Rico Colecccionista, (LHotel du Collectionneur), en el cual también incluyó su mobiliarío, que consistió en la fantasía extrema de las piezas que un coleccionista pudiera tener. El diseño como tal se debió a Pierre Patout. En la arquitectura del pabellón un medio cilindro con vanos rectangulares está acompañado de tres niveles ascensionales lo cual remite ya sea a la arquitectura mesopotámica de los zigurats o bien, a la arquitectura mesoamericana. Escaso de decoración exteríor, en el remate del medio cilindro tres paneles en bajo relieve de Joseph Bernard (1866-1931) representan escenas de mujeres en movimiento donde hay una fuerte referencia a la plástica helénica.

El pabellón de las manufacturas de Sèvres, obra de P. Patout y A. Ventre, era un sencillo y elegante edificio de lisas superficies con revestimientos de cerámicas en planos exteriores y refinados interiores.

Los cuatro almacenes más importantes de París hicieron gala con sus pabellones colocados en cada esquina del pabellón general

El pabellón Studium de los almacenes Louvre fue un diseño de Albert Laprade (1883-1978) con planta poligonal de siete lados. Compuesto por dos plantas, en la primera, tanto la puerta de acceso como los vanos de las ventanas, presentan estrías lineales que se van conformando hacia dentro, dando un efecto de movimiento; obviamente los diseños son geométricos. En la segunda planta se abre una terraza con jardineras, que entre columnas cuadradas y pareadas resguardan grandes macetones. El conjunto se remata por una linternilla octagonal en cuyo tambor y en cada cara aparecen tres ventanas cuadradas. Tanto en la terraza como en la linternilla, aleros salientes recubren las techumbres.

El pabellón de Au Printemps llevó el nombre de Primavera y su diseño fue concebido por Henri Sauvage y Georges Wybo. La planta era circular cubierta con una cúpula, la cual estaba decorada en su exteríor con una simulación de piedras incrustadas y líneas que formaban una especie de caminos ascendentes que desembocaban en pequeÒos vanos elÌpticos. En la entrada dos enormes columnas estriadas remataban con una especie de capitel que funcionaba a la vez como jardinera circular, y entre las dos columnas, una techumbre circular a manera de celosÌa permitÌa el paso de la luz. Un efecto de fuerza dinámica fue concebido en este pabellón.

Los almacenes Au Bon Marché presentaron su pabellón Pomone con el diseño arquitectónico de Louis-Hippolyte Boileau y el interíor de Paul Follot( 1877-1941). Una intersección de tres cubos forman el primer cuerpo del edificio. En la fachada, la puerta de acceso está realizada como un gran vitral que se dispone con formas curvas, líneas oblicuas y vidríos de diversos colores, asemejando un gran caleidoscopio; a los lados de la puerta habían tres prismas en forma empinada y con decorados ascendentes dentro de un rectángulo. Las escaleras presentan líneas verticales y horizontales. En el friso del remate del primer cuerpo caen unos pequeños triángulos dobles con un sentido de armonía que se contraponen a la decoración arrÌtmica de la superficie de todo el primer cuerpo. El segundo cuerpo es un poliedro octagonal de menor tamaño que emerge espontáneamente del resto del edificio; las caras ochavadas se oponen a las esquinas angulosas del primer edifico, dando así un efecto de movilidad.

La Maitrise fue el nombre que recibió el pabellón de los almacenes Lafayette, el cual se hizo merecedor al primer lugar entre los cuatro pabellones de las tiendas. Diseñado en su arquitectura por Joseph Iriart, Georges Tribout y George Beau, el interíor fue decorado por el director de la tienda Maurice Dufrene (1876-1955). También de planta poligonal, destacaba la parte central por tener más altura. Pero la decoración a base de estrías en cuatro tectónicas columnas circulares y en las jambas de la entrada, así como el enorme vitral que daba la idea de luz irradiada y que conectaba a la escalinata con el interíor, le dio a este pabellón un denso sentido decorativo geométrico, aunado a la disposición de rectángulo, cuadrado, círculo en su construcción.

Pabellones internacionales

  • El pabellón austríaco, obra de Josef Hoffmann, estaba construido en hormigón con paredes moldeadas horizontalmente. Estaba iluminado cenitalmente excepto en el vestíbulo.
  • El pabellón belga, obra de Victor Horta, sugería en su fachada la construcción en madera, y recordaba al Palacio de Justicia de Bruselas.
  • El pabellón checo, de Josef Gočár, sorprendía por su concepción. La parte delantera tenía la forma de una proa de nave con una figura impresionante en cabeza. El resto tenía la apariencia de un almacén de grano o de un edificio de almacenamiento en frío.
  • El pabellón holandés, de Jan Frederik Staal no daba la sensación de una galería o sala de recepción, sino más bien de un mausoleo. Era de un carácter monumental pesado ​​y el interior estaba en penumbra.
  • El pabellón italiano, de Armando Brasini, de estilo esencialmente barroco, fue construido principalmente con materiales permanentes y en una escala muy grande. Tenía columnas de travertino y ladrillos de colores.
  • El pabellón polaco, de Joseph Czajkowski se desarrollaba sobre un largo eje y tenía un octógono central coronado por una linterna de cristal.
  • El pabellón español, de Pascual Bravo Sanfeliú, recordaba una villa con un sabor tradicional. Fue construida en torno a un "patio" y tenía torres y torreones de carácter interno.
  • El pabellón sueco, de Carl G. Bergstein, tenía un caracter neogriego, y sin llegar a la aceptación de molduras o detalles griegos, el arquitecto creó una atmósfera jónica arcaica.

Referencias

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   » Alberto Mengual Muñoz   »  Iñaki M.B.

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