Inscríbete y crea tu propia colección de obras y artículos

Castro de Noega

Saltar a: navegación, buscar
Statusbar3.png
    Artículo        Incluir información complementaria        Incluir artículos relacionados        Incluir Bibliografía y Enlaces         Metadatos    

U.135x135.gris.jpg
Castro de Noega
Castro de Noega

El castro de la Campa Torres u Oppidum de Noega es un asentamiento fortificado típico de los astures, situado al oeste de la ciudad de Gijón, en el Principado de Asturias, España, y más concretamente en el promontorio de la Campa Torres, fácilmente reconocible por ser el elemento topográfico que protege la ensenada del actual puerto de El Musel; para los marineros gijoneses, su perfil recortado en el horizonte recibe el nombre de La Muyerona. Fue fundado por los Cilúrnigos, una gens de los astures.

Oppidum Noega o el castro de la Campa Torres es uno de los castros más significativos e importantes de Asturias, no sólo porque su investigación ha permitido recuperar valiosos datos para entender la génesis y desarrollo evolutivo del pueblo de los astures‏‎, sino porque constituye un caso particular y único en la región, ya que es un yacimiento de singular significación histórica, que ha quedado fijo en la memoria colectiva de un pueblo y conserva su prestigio a lo largo del tiempo.

Historia de la investigación

Han sido numerosos estudiosos y viajeros ilustres como Ambrosio de Morales (1572), Luis Alfonso Carvallo (1613), Tirso de Avilés (1517-1599), Alfonso de Marañon Espinosa (1613), Gaspar Melchor de Jovellanos (1795), Estanislao Rendueles LLanos (1871), Julio Somoza (1908), etc. los que han mencionado o relacionado en sus trabajos a la Campa Torres como lugar donde se asentó el antiguo monumento a Augusto conocido como Aras Sestianas, y por tanto identificando el yacimiento arqueológico con el lugar donde debió ubicarse la antigua Noega.

Este yacimiento fue excavado por primera vez en 1783, por el arquitecto Manuel Reguera González a petición de Gaspar Melchor de Jovellanos. Tras esta intervención, la Campa Torres pasó por diversos avatares y fue prácticamente olvidada hasta 1972. Fue en ese año, cuando el profesor José Manuel González y Fernández Valles reconoció el terreno estableciendo que se trataba de un castro con dos fases de ocupación: prerromana y romana. El mismo autor, lo identifica con el Oppidum Noega de las fuentes clásicas (Estrabón, Pomponio Mela y Plinio) y ubica en el castro el monumento dedicado a Augusto, conocido tradicionalmente con el nombre de las Aras Sestianas. En 1980 se inician los trámites para ser declarado Bien de Interés Cultural (B.I.C.), declaración que se haría efectiva en 1994.

En 1982, dentro del Proyecto Gijón de Excavaciones Arqueológicas, con el apoyo del Ayuntamiento de Gijón y el Ministerio de Cultura, se planifican nuevas intervenciones que fueron dirigidas por José Luis Maya González y Francisco Cuesta Toribio. Tras los resultados obtenidos en las primeras campañas de intervención arqueológica, se plantea la creación de un parque arqueológico. La situación privilegiada del yacimiento desde el punto de vista paisajístico y natural, propició que además adquiriese el carácter de Parque Arqueológico-Natural.

En 1987 se inicia la redacción del Plan Director del Parque, encargado a los directores de las investigaciones arqueológicas, por la Subdirección General de Arqueología del Ministerio de Cultura. Cuatro años después, se firma el convenio de inicio de las obras entre el Ayuntamiento de Gijón y el Ministerio de Cultura al que se unirá posteriormente la Consejería de Educación y Cultura del Principado de Asturias. El Parque Arqueológico-Natural de la Campa Torres fue inaugurado en 1995 en el marco de la exposición Astures, pueblos y culturas en la frontera del Imperio Romano junto con el yacimiento-museo de las Termas Romanas de Campo Valdés y Centro de Interpretación de la Torre del Reloj. y forma parte de los Museos Arqueológicos de Gijón, dependientes del Ayuntamiento de Gijón.

Una de las últimas actuaciones en el Parque ha sido la puesta en servicio, como equipamiento museístico, del Faro del Cabo Torres, inaugurado en 2005.

Estructura del poblado

En el yacimiento arqueológico, hoy día, se puede diferenciar dos grandes áreas: el conjunto defensivo y la llanada interior o "campa" o poblado.

El conjunto defensivo del castro está compuesto por: un foso en forma de V y excavado en la roca base, contrafoso o muralla inferior, antecastro y muralla. Todos estos elementos forman uno de los conjuntos de arquitectura más espectacular y absolutamente desconocida en fechas tan antiguas en la fachada atlántica peninsular, ya que su contrucción puede datarse a fines del siglo VI a. C. o inicios del siglo V a. C.

Tal vez el rasgo más original, propio y particular de los astures, es la compartimentación de lienzos de muralla en tramos yuxtapuestos o 'módulos', que en esencia consiste en la realización de tramos oblongos e independientes que se solapan unos a otros conéctandose, aunque sin entrelazarse entre sí. El método requiere unidades ceñidas por un parámento externo a lo largo del todo el contorno, de ángulos redondeados y un relleno de bloques de piedra de disposición irregular en su interior. Este sistema de "murallas de módulos" fue definido por primera vez por el arqueólogo José Luis Maya González. Tanto en el intramuros de la muralla, como en el del contrafoso, se puden observar varias cajas de escaleras para acceder a la parte superior de la estructura.

En la llanada interior o poblado se deben distinguir dos tipos de arquitectura doméstica: las cabañas astures y las viviendas romanas. Cronológicamente hay que precisar que las indígenas aparecen en el castro con su fundación y perduran en los primeros momentos de la romanización; el cambio de era es el punto de partida para las primeras construcciones romanas, que verán su decadencia en los finales del siglo III e inicios del IV d. C.

Se han localizado cabañas astures en dos zonas del yacimiento, inmediatamente detrás de la muralla y en la campa propiamente dicha. Todas las casas astures estaban construidas com materiales de carácter perecedero (madera, barro, hierba, paja, etc.), presentan planta circular o semicircular, hogares decorados o no y pavimentos de arcilla compactada. Las viviendas son modestas, en ellas, sólo debían desarrollarse unas pocas actividades, como dormir, guarecerse de las inclemencias del tiempo y guardar sus enseres más preciados.

Las casas romanas son de planta cuadrangualr; existen desde los modelos más sencillos de un cubiculum a las de varias habitaciones. Estaban construidas con piedra del lugar, utlizando barro como argamasa y en algunos casos trozos de tegulae y ladrillos. Los pavimentos los constituían arcillas y diminutos cantos rodados. Los tejados podían ser de dos o cuatro aguas y estaban construidos mediante estructura de madera a la que se fijaban las tejas (tegulae e imbrices).

Los primeros habitantes de Noega (astures‏‎) descubrieron la existencia de manantiales subterráneos y captaron sus aguas mediante la construcción de pozos y aljibes para abastecer al poblado.

Los pobladores de Noega

Los primeros pobladores de Noega se llamaron a sí mismas Cilúrnigos, nombre de raíz céltica que signigica los caldereros, y que tal vez hacía referencia a una de sus actividades más importantes: la fundición de metales.

La metalurgia

Los astures de Noega se dedicaban fundamentalmente a la fundición del bronce (aleación de cobre y estaño), oro, plata y siderurgia del hierro. Esta labor exigía unos profundos conocimientos sobre la metalurgia, ya que los indígenas obtuvieron un gran rendimiento, convirtiendo al poblado de Noega en uno de los asentamientos más ricos de toda la costa Cantábrica. En el yacimiento, se han recuperdo gran número de objetos como prueba de esta actividad: crisoles, toberas, moldes de fundición, lingoteras, Fíbulas, pendientes, pasadores, agujas, anzuelos, anillos, cuentas, etc.

La agricultura y recolección

La agricultura es una de las actividades peor constatadas en el registro arqueológico de la Campa Torres, pero se han conservado restos de trigo vestido o Escanda (Triticum dicoccum) y cebada (Hordeum vulgare). El primero pnaificable, que es preciso descascarillar, y con paja aprovechada como alimento para ganado o cubrimiento de los tejados; la segunda, se debía consumir en forma de gachas, como las tradicionales Fariñes o Farrapes asturianas, y también se pudo usar para obtener diversas bebidas, como la cerveza o el agua de cebada. La escasez de cereales en el norte obligó a sus habitantes a buscar otro tipo de recursos vegetales par suplir esta deficiencia, siendo uno de ellos la bellota, que permite tras su tostado y machacado obtener una harina que podía ser consumida como la cebada. Posiblemente se consumió la berza silvestre (Brassica Oleracea).Las avellanas y nueces completarían el panorama alimenticio de origen vegetal constatado en Noega.

La ganadería

Por los análisis faunísticos realizados en la Campa Torres se sabe que los astures eran ganaderos. Destaca en su cabaña la abundancia de Bóvidos (Bos taurus), que debió ser el animal más aprovechable para consumo cárnico, utilizado también por sus productos lácteos y como animal de tiro, ya que parece clara la existencia en estas fechas del carro. El hecho de que se haya observado que buena parte de los restos de vacuno sacrificados posea menos de dos años de edad implica un despilfarro, denotador de una riqueza suficiente como para no esperar al período de plenitud del animal, pues es en esta época ciando ha alcanzado el peso óptimo y la madurez reproductora.

Le siguen por importancia los Ovicápridos (Ovis aries y Capra hircus), dominando las ovejas sobre las cabras; su carne se consumía cuando los animales contaban entre año y medio y dos año, es decir, después del primer parto, aunque no de descarta su uso como fuentes de recursos cárnicos, lácteos y de lana. El cerdo‏‎ (Sus scropha) ocupa el tercer lugar en la cabaña ganadera de los Cilúrnigos, aunque es difícil diferenciar los restos del cerdo doméstico del jabalí. No se descara la posibilidad del mestizaje entre ambos, al poseer una cierta semilibertad este tipo de animales.

El Asturcón o caballo (Equus caballus) cuenta con una presencia relativamente escasa: en un principio se pensó que los animales de la Campa Torres habían sido cazados, pero el análisis meticulos de los restos se observó que se trataba de caballos viejos y domésticos, al aparecer lesiones en las patas delanteras, características de animales de monta por cargar el peso sobe dichas extremidades, a diferencia de los de tiro, que las padecen en las patas traseras. En algún ejemplar aparecen marcas de descarnamiento en edades anteriores a los cinco años, de lo que se deduce un fin alimentario o sacrificial. El perro (Canis familiaris) es un animal pocas veces aludido en la prehistoria cantábrica, pero en Noega, se cuenta con restos de tres ejemplares de buen tamaño que debieron ser utilizados en el pastoreo, así como en la caza, y no consumidos habitualmente.

La caza, la pesca y el marisqueo

La práctica cinegética por parte de los Cilúrnigos era considerada como una actidad lúdica, deportiva o de obtención ocasional de carne al margen de los animales domésticos criados en el poblado. La especie más cazada era el ciervo (Cervus elaphus), que debía encontrarse en los bosques al sur de la península de Torres, generalemente ejemplers jóvenes (menos de cinco años), pero no siempre, ya que también se han encontrado restos de cuernas trabajadas de animales mayores. El resto se especies cinegéticas se completa con Jabalíes (Sus scropha), Cabras montesas (Capra Ibex), Corzos (Capreolus capreolus) y varios tipos de aves.

La pesca era una actividad que se realizaba en el litoral inmediato, en especial en zonas rocosas próximas y en menor grado en playas. Entre las capturas más frecuentes se pueden destacar la maragota, el sargo (la chopa), el pargo, la breca, la dorada, la lubina, el mújol y el chicharro. Excepcionalmente se han encontrado restos de caballa o verdel, especie pelágica, pero se puede asegurar que hayan realizado pesca de mayor altura, ya que esta especie se aproxima a la costa estacionalmente. Todo hace suponer que la pesca se realizaba bien desde tierra o bien desde pequeñas embarcaciones muy rudimentarias, al haberse encontrado anzuelos de varios tipos y tamaños, pero ningún tipo de pesas perforas o entalladas, como ocurre en otros yacimientos del noreste y que nos informarían del uso de la red.

Se han encontrado restos del aprovechamiento de de diversos tipos de moluscos, principalmente de roca y también de arena. Han aparecido concheros en el interior de la muralla con restos de lapas, monodontas, mejillones, berberechos, percebes, caracolas y erizos de mar, Es indudable que fueron destinados al consumo, apareciendo entremezclados con espinas de pescado e incluso con marcas de fuego, pero también tuvieron un uso ornamental o como menaje. De entre los crustáceos sólo el consumo de buey de mar o ñocla ha dejado constancia. Un hallazgo excepcional en el castro, fue la aparición de restos de Ballena gris (Eschrichtius robustus) en niveles muy antiguos astures, probablemente se trató de un animal varado en la costa del que debieron aprovechar tantos su carne, grasa y huesos.

El comercio

El comercio se realizó utlizando rutas marítimas y terrestres, ambas complicadas pero viables, dada la especial orografía del norte peninsular. La navegación tuvo que resentirse necesariamente de las condiciones particulares del mar Cantábrico, sobre todo en estaciones de climatología desfavorable, con inconvenientes tales como las tormentas del noroeste y norte, combinadas con puertos abietos hacia esta última dirección, También eran obstáculo las costas altas y escabrosas, la movilidad de barras arenosas en ríos y rías que favorecen los embarrancamientos y las corrientes marinas, muy variables en la costa, pero con direcciones predominates de este a oeste en profundidad, que dificultan la travesía en sentido contrario. A pesar de esto debieron existir intercambios mediante el uso de gran cabotaje. La ensenada dond hoy se encuentra El Musel. Otro factor importante es la cercana situación de las minas de cobre, estaño, oro, hierro y plomo. Hoy en día se desconoce quién canalizaba todo este tráfico. Debemos suponer que no eran los astures, ya que a partir del estudio del la ictiofauna se deduce que pertenecen a especies costeras, y por tanto no tendrían los suficientes medios naúticos par afrontar esta empresa. También es dudoso que los fenicios, poseedores del cobre andaluz, recurrieran al asturiano, dada su lejanía y mayores dificultades de control. Adem´s no hay testimonios de ánforas ni de otro tipo de cerámicas fenicias en Noega.

Queda, por tanto, la posibilidad de que fuesen las propias gentes del noreste las que intentasen paliar sus deficiencias metálicas obteniendo metales y aleaciones astures. O, por otro lado, pobladores de las costas atlánticas francesas, lo que podría justificar la aparición de cerámicas griegas pero o fenicias. Las relaciones comerciles de los habitantes de la Campa Torres con otros asentamientos humanos próximos se realizaron, probablemente, en base a la preponderancia de Noega sobre el resto, debido a su mayor tamaño e importancia. Es posible que castros mejor situado de cara la producción de cereales y otros recursos vegetales contribuyeran al abastecimiento de estos bienes de primera necesidad, de los que el poblado seguramente era deficitario. También exite una dependencia respecto al cobre y estaño, por lo que es necesario establecer una serie de conexiones terrestes. Estos lazos comerciales hicieron del castro de la Campa Torres uno de los pocos puertos bien conocidos de la costa cantábrica: ello generaría un cierto entendimiento que pudo haber sido argumento suficiente como para que los Cilúrnigos no presentasen resistencia a los romanos, incorporándose a la órbita del Imperio Romano de manera pacífica, a diferencia de lo que hicieron los pueblos de las montañas o La Meseta.

La romanización del castro

En Noega se levantó un importante monumento al emperador Augusto conocido por Aras Sextianas. El texto de este monumento epigráfico dice: Al Emperador César Augusto, Hijo del Divino (César), Cónsul por decimotercera vez, Emperador con veinte salutaciones, Pontífice Máximo, Padre de la Patria, investido de Tribunicia Potestad treinta y dos veces..........le consagró este monumento. El espacio borrado corresponde a un castigo o damnatio memoriae para personajes caídos en desgracia, hoy día suponemos que el nombre del dedicante era Cneus Calpurnio Piso, legado de la provincia Citerior entre los años 9-10 fecha de la erección del altar. El nombre de Aras Sestianas quizás derive de L. Sestius Quirinalis, que pudo ser gobernador de la Hispania Citerior, a la que pertenecía Asturias, entre el 16 a. C.|16-14 a. C., e inspirador de la colocación del monumento al emperador en el lugar que se erigiría más tarde y cuyo significado es la rápida asociación de Noega con Roma.

Los romanos en Noega modificarán sustancialmente las formas tradicionales de vida, de manera que, apartir del siglo II se inicia un proceso lento e irreversible de abandono del poblado, en favor de un nueva ciudad surgida al abrigo del cerro de Santa Catalina, para desaparecer definitivamente alrededor del siglo IV. El importante Oppidum Noega de otro tiempo sólo sera recordado como un lugar de ruinas y no como el emplazamiento donde unas gentes iniciaron la génesis del actual Gijón.

Enlaces externos

Bibliografía

  • Maya González, J.L. y Cuesta Toribio, F. El castro de la Campa Torres. Período prerromano. 2001.
  • Maya González, J.L. y Cuesta Toribio, F. Guía de la Campa Torres. 1995.
    Urban-plan.azul.1.jpg
    LineaBlanca.jpg
Mosaico.deg.jpg

Pulsar sobre el icono correspondiente para compartir, enviar o imprimir (ayuda) el artículo:


Editores y colaboradores de este artículo ¿?
    


   » Alberto Mengual Muñoz   »  Iñaki M.B.

Artículo procedente de Urbipedia.org. Con licencia Creative Commons CC-BY-NC-SA excepto donde se indica otro tipo de licencia.
Origen o autoría y licencia de imágenes accesible desde PDF, pulsando sobre cada imagen.
https://www.urbipedia.org/index.php?title=Castro_de_Noega&oldid=470712