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Arquitectura rococó

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Arquitectura rococó

El Rococó es un Movimiento artístico nacido en Francia que se difundió por Europa, y más tarde por América, desarrollándose de forma progresiva entre los años 1730 y 1760.

Se suele situar su inicio a partir de la muerte del rey francés Luis XIV, quien había sido el máximo exponente el absolutismo monárquico, cuando los nobles y la alta burguesía francesa se liberaron de la rigidez y formalidad que había impuesto el rey en la corte.

Como consecuencia de dicha liberación, las clases altas se dedicaron a buscar el disfrute de los placeres de la vida. Así, surgió un estilo artístico que, además de reflejar estas búsquedas, decoraba los palacios con escenas de intimidad hogareña, romances, fiestas, representaciones teatrales, paseos al aire libre, entre otros.

El Rococó se define por el gusto por los colores luminosos, suaves y claros. Predominan las formas inspiradas en la naturaleza, en la Mitología, en la belleza de los cuerpos desnudos, en el Arte oriental y especialmente en los temas galantes y amorosos. Es un arte básicamente mundano, sin influencias religiosas, que trata temas de la vida diaria y de las relaciones humanas. Es un estilo que busca reflejar lo que es agradable, refinado, exótico y sensual.

Historia

Contexto histórico y social

Su precedente se sitúa en los inicios del siglo XVIII coincidiendo con la regencia de Felipe de Orleans, cuando empezaron los tímidos cambios que anunciaban el final del estilo tardo barroco y su evolución hacia la expresión de un gusto más contemporáneo, independiente y hedonista, contrapuesto al arte oficial, inflexible y ostentoso del reinado de Luis XIV. La transición del Rococó, también conocido como el «estilo Luis XV», a nuevas formas y expresiones artísticas, empezó hacia el 1720. Las excavaciones entre 1738 y 1748 de Pompeya y Herculano y su divulgación despertaron una verdadera fascinación por el «gusto a la griega», embrión del que, una vez consolidado, conoceríamos como Neoclasicismo y que coincide con el reinado de Luis XVI.

Este estilo, llamado en su tiempo «del gusto moderno», fue despreciado por sus críticos y detractores neoclasicistas con la palabra Rococó, que es una composición de «rocaille» (piedra) y «coquille» (concha marina), puesto que en los primeros diseños del nuevo estilo aparecían formas irregulares inspiradas en rocas marinas, algas y conchas. Otras versiones buscan el origen en rocaille, un tipo de ornamentación de los decoradores de grutas de los jardines barrocos y que se distinguía por su profuso ensortijamiento. A pesar de la intención peyorativa de esta denominación, que pocos historiadores actuales todavía apoyan, el Rococó es un ejemplo de cómo el arte es la inmediata expresión de la vida social y de cómo un estilo se hace a medida del individuo, de cómo las viviendas y los objetos se diseñan para los hombres y no sólo para dioses y monarcas.

El estilo se expresa sobre todo en la pintura, la decoración, el mobiliario, la Moda y en el diseño y producción de objetos. Su presencia en la arquitectura y la escultura es menor, puesto que su ámbito natural van a ser, fundamentalmente, los espacios interiores y en menor grado las composiciones monumentales.

Del Barroco al Rococó

Durante el reinado de Luis XV, la vida de la corte se mantiene en el palacio de Versalles, extendiendo el cambio artístico del palacio real y permiten su difusión a toda la alta sociedad francesa. La delicadeza y la alegría de los motivos Rococó han sido vistos a menudo como una reacción a los excesos del régimen de Luis XIV.

Si lo Barroco estaba al servicio del poder absolutista, el Rococó está al servicio de la Aristocracia‏‎ y la burguesía. El artista deja de ser un servidor del poder y trabaja con más libertad y se inicia el mercado del arte. El Rococó se presenta como un arte al servicio de la comodidad, el lujo y la fiesta. Las escenas de su pintura recogen este nuevo estilo de vida, y la arquitectura se transforma y se modifica la forma de vivir.

Con respecto a la vertiente social, se inicia un cambio en el papel de la mujer, que se convierte en organizadora de reuniones para hablar de literatura, política, juegos de ingenio o para bailar. Este entorno de alta actividad social dentro la alta burguesía es el lugar adecuado para que los artistas se promocionen y hagan clientes. Los motivos del Rococó buscan reproducir el sentimiento típico de la vida Aristocrática, libre de preocupaciones, o de novela ligera, más que batallas heroicas o figuras religiosas.

Desarrollo y extensión

En el desarrollo y extensión del nuevo estilo dentro la sociedad francesa, jugó un papel clave la influencia de Jeanne Antoinette Poisson, marquesa de Pompadour y amante del rey. Su interés por el arte que, como aficionada, practicaba asesorada por François Boucher o Quentin de La Tour, se transmitió a las clases acomodadas de París. 1730 fue el periodo de mayor vitalidad y desarrollo del Rococó en Francia. El estilo se inició en la arquitectura y llegó al mobiliario, la escultura y la pintura (de entre los trabajos más significativos, encontramos los de los artistas Jean-Antoine Watteau y François Boucher). El estilo Rococó se difunde sobre todo gracias a los artistas franceses y a las publicaciones de la época.

Fue rápidamente acogido en la zona católica de Alemania, Bohemia y Austria, donde se fusiona con el Barroco germánico. En particular al sur, el Rococó germánico fue aplicado con entusiasmo en la construcción de casas y palacios; los arquitectos a menudo adornan los interiores con «nubes» de estuco blanco.

En Italia, el estilo tardoborroco de Francesco Borromini y Guarino Guarini evoluciona hacia el Rococó en Turín, Venecia, Nápoles y Sicilia, mientras el arte en la Toscana y en Roma se mantiene todavía fuertemente ligado al barroco.

En Inglaterra, el nuevo estilo fue considerado como «el gusto francés por el arte». Los arquitectos ingleses no seguirían el ejemplo de sus colegas continentales, a pesar de que la platería, la porcelana y las sedas sí estuvieron fuertemente influenciadas por el Rococó. Thomas Chippendale transformó el diseño del mobiliario inglés mediante el estudio y la adaptación del nuevo estilo. William Hogarth contribuyó a crear una teoría sobre la belleza del Rococó; sin referirse intencionadamente al nuevo estilo, afirmaba en su obra Análisis de la belleza (1753) que la curva en S presente en el Rococó era la base de la belleza y de la gracia presente en el arte y en la naturaleza.

Declive

El fin del Rococó se inicia en torno al 1760, cuando personajes del nivel de Voltaire y Jacques-François Blondel extienden la crítica sobre la superficialidad y la degeneración del arte. Blondel, en particular, se lamentó de la increíble mezcla de conchas, dragones, cañas, palmas y plantas del arte contemporáneo. En 1780 lo Rococó deja de estar de moda en Francia y es reemplazado por el orden y la seriedad del estilo Neoclásico impulsado por Jacques-Louis David.

El Rococó se mantuvo popular fuera de las grandes capitales y en Italia hasta la segunda fase del Neoclásico, cuando el llamado Estilo Imperio‏‎ se impone gracias al impulso del gobierno Napoleónico.

Un renovado interés por el Rococó aparece entre 1820 y 1870. Inglaterra es la primera en revalorar el estilo Luis XIV, que es como se denominaba erróneamente al comienzo. Con esta moda, se llegaron a pagar cifras importantes para comprar objetos Rococó de segunda mano que se podían encontrar en París. En Francia, sólo artistas importantes como Delacroix y mecenas como la Emperatriz Eugenia redescubren el valor de la gracia y de la ligereza aplicada al arte y al diseño.

Características

Una de las características del estilo Rococó será la marcada diferencia entre exteriores e interiores. El interior será un lugar de fantasía y colorido mientras la fachada se caracterizará por la sencillez y la simplicidad. Se abandonan los órdenes clásicos y las fachadas de los edificios se distinguirán por ser lisas, teniendo, como mucho, unas molduras para separar plantas o enmarcar puertas y ventanas. La forma dominante en las edificaciones rococós era la circular. Un pabellón central, generalmente entre dos alas bajas y curvas y, siempre que era posible, rodeado de un jardín o un inmerso parque natural. Otras edificaciones podían tomar la forma de pabellones encadenados, en contra del típico edificio «bloque», propio de la etapa anterior.

En este momento la ventana aumenta progresivamente de medida, hasta la puerta-ventana o «ventana-francesa», obteniendo una interrelación entre interior y exterior que consigue la ideal fusión con la naturaleza, con el paisaje y el entorno. Se descartan los marcos en ángulo recto, demasiado rígidos y se adoptan ventanas arqueadas. Se elimina o reduce el uso de esculturas monumentales, limitándolas a la ornamentación de los jardines.

En cualquier caso, el aspecto más destacable de los interiores rococós es la distribución interna. Los edificios tienen estancas especializadas para cada función y una distribución muy cómoda. Las habitaciones se diseñan como un conjunto que, con una marcada funcionalidad, combinan la ornamentación, colores y mobiliario.

Por su misma naturaleza, estas tendencias arquitectónicas tuvieron muy poco reflejo en las construcciones oficiales, fueran laicas o eclesiásticas. En cambio, el nuevo estilo fue perfecto para las residencias de la nobleza y la alta burguesía, las clases más ansiosas de cambiar según los nuevos cánones y las más dotadas de medios económicos para conseguirlo.

En Alemania, especialmente en Baviera, el Rococó entra con mucha fuerza y supera las fórmulas barrocas. Destaca, a diferencia de Francia, la capacidad de adecuar el estilo a construcciones religiosas que consiguió el Rococó alemán. Entre los autores de las obras más destacadas encontramos a artistas franceses y alemanes como François de Cuvilliés, Johann Balthasar Neumann y Georg Wenzeslaus von Knobelsdorff, que realizaron la preparación de Amalienburg cerca de Múnich, la Residencia de Würzburgo, Sanssouci en Potsdam, Charlottenburg en Berlín, los palacios de Augustusburg y Falkenlust en Brühl (Westfalia), Bruchsal, el Palacio Solitude de Stuttgart y Schönbrunn en Viena.

El Rococó en Francia

Francia es la cuna del estilo y desde aquí se extiende al resto de Europa, especialmente a los países de lengua germánica donde adquiere una fuerza extraordinaria, debido a las fuertes relaciones de Federico II de Prusia con la Corona de Francia.

Con el alejamiento de la cultura de los palacios de la corte, las construcciones características de esta época fueron las casas alejadas del centro de ciudad o en medio del campo: «folies», «bergeries», «bagatelles» o «ermitages». En residencias urbanas, el «hôtel» o mansión en la ciudad, la planta se divide en unidades espaciales relativamente pequeñas con lo cual se obtienen ámbitos especializados, de diferente medida según su función: salón, comedor, cuarto, antecámara, galería, gabinete.

De esta forma apareció una distribución más práctica que el anterior de «enfilade», ahora las habitaciones serían independientes y con acceso individual. Se cortaron oblicuamente las esquinas de las habitaciones para colocar escaleras secundarias en los espacios ganados y estos se comunicaron entre sí mediante pasillos, corredores y galerías.

Entre los representantes más destacados encontramos a Jean Courtonne y a Robert de Cotte nombrado arquitecto de la corte y que durante 30 años intervino en la casi totalidad de las obras importantes que se hicieron en Francia.

El Rococó en Italia

Las Guerras Italianas tuvieron como resultado la hegemonía del poder español sobre Italia. Aunque muchos estados, como por ejemplo Venecia, no pertenecieron a la corona española, Italia dependió de España para recibir protección de las agresiones externas. El control de España fue reemplazado con la hegemonía austriaca en el siglo XVIII a excepción de algunos pocos estados que permanecieron bajo el control español.

También en Italia, siguiendo el ejemplo francés, creó el Rococó una notable renovación, sobre todo en el sector de la decoración de interiores y en la pintura. Se dio sobre todo en la región del norte (Liguria, Piamonte, Lombardía y Véneto), mientras que en la Italia central, por la influencia de la iglesia, el estilo no se desarrolla de forma sensible.

En cambio en Sicilia se desarrolló una evolución del barroco de carácter propio, de gusto más españolizante, muy similar al plateresco.

Los mayores representantes estilo rococó en la arquitectura italiana son Guarino Guarini, muy activo en el Piamonte y en Mesina, y Filippo Juvarra que trabaja mucho en Turín como arquitecto de la Casa de Saboya.

Las obras más importantes de Guarino Guarini son: la iglesia de San Filippo, la iglesia de los Padres Somaschi y la casa de los padres Teatini, todas en Mesina, la capilla del Santo Sudario en Turín y el Palacio Carignano también en Turín.

Entre las realizaciones más importantes de Filippo Juvarra tenemos: la cúpula de la Basílica de Santa Andrea en Mantua, la cúpula de la catedral de Como‏‎, el campanario de la catedral de Belluno, la basílica de Superga cerca de Turín, el castillo de Rívoli, el palacete de caza a Stupinigi, el Palacio Real de Venaria Reale y el palacio Madama en Turín.

El Rococó en España

La evolución del Barroco hacia el recargamiento ornamental engendró en España el estilo Churrigueresco, en cierta manera emparentado con el Rococó, pero de raíz autóctona: José Benito Churriguera (1665-1725), arquitecto y escultor español, y sus hermanos Joaquín y Alberto, también artistas que cultivaron el mismo estilo, le dieron nombre.

Con todo, el nuevo estilo no llegó a difundirse demasiado, por ser elitista y estar alejado de los temas religiosos.

Este estilo, plasmado sobre todo en la arquitectura y en los retablos, no fue exclusivamente de la familia Churriguera, sino que también destacaron otros artistas, como Pedro de Ribera, que trabajó en Madrid construyendo el antiguo hospicio de San Fernando (1722-1729, hoy Museo Municipal), el Cuartel del Conde Duque (1720) y el puente de Toledo (1723-1724). En Toledo trabajó Narciso Tomé y en Sevilla Leonardo de Figueroa, un arquitecto y decorador muy diestro que hizo la portada del Palacio de San Telmo (1724-1734). Francisco Hurtado Izquierdo realizó los sagrarios de la catedral de Granada (1704) y de la Cartuja de El Paular (Madrid, 1718). En el Levante destacan el palacio del Marqués de Dos Aguas (1740-1744) de Valencia, remodelado por Hipólito Rovira, y la fachada de la catedral de Murcia (1741-1792), del valenciano Jaime Bort. En Galicia hay que citar la gran fachada del Obradoiro (1738-1749), de Fernando Casas y Novoa.

Coexistiendo con este posbarroco autóctono, el Rococó francés llegó a la corte de Felipe V a través de sus esposas. No llegó a difundirse demasiado, por ser un estilo elitista y estar alejado de los temas religiosos. En arquitectura, un claro ejemplo de Rococó en España es la Catedral de Cádiz.

El Rococó y la Iglesia católica

Una visión crítica del Rococó en el contexto eclesiástico fue sostenida a la Enciclopedia católica. Para la iglesia, el estilo Rococó se podía asimilar a la Música profana, contrapuesta a la Música sacra. La carencia de simplicidad, la exterioridad y la frivolidad tenían el efecto de distraer del recogimiento y de la plegaria.

Con todo, eliminada su exterioridad más explícita, el resultado pudo ser aceptado como en consonancia con un ambiente dedicado al culto. En el desarrollo del Rococó, encontramos una decoración compatible con el aspecto sagrado de las iglesias.

Los artistas franceses parecen no haber considerado nunca la belleza de la composición del objeto principal, mientras que los alemanes hacen de la potencia de las líneas su característica principal. En el interior de las iglesias, el Rococó pudo ser tolerado, dado que los objetos eran pequeños como un vaso, una mesita de un corazón, una luz, una barandilla o una balaustrada y no eran demasiado evidentes a la vista. Resulta estar más en consonancia en la sacristía y en ambientes no propiamente de culto, más que en la iglesia propiamente dicha. El estilo Rococó se adapta muy mal al oficio solemne de la función religiosa, con el tabernáculo, el altar o el púlpito.

En el caso de grandes objetos, la escultura rococó resulta bella, pero a la vez se encuentra un parecido con el barroco. Los elementos fantasiosos de este estilo no se adaptan a las grandes paredes de las iglesias. En cualquier caso, todo tiene que ser según la situación local y las circunstancias. Hay piezas del Rococó auténticamente bellas, mientras que algunas otras no responden a los cánones e intentan asimilarse a objetos sacros.

Entre los materiales utilizados en el estilo Rococó figuran la madera tallada, el hierro y el bronce, utilizado en la construcción de balaustradas y portales. Un elemento distintivo es el dorado que cubre los fríos materiales metálicos, más aceptables para la implantación en ambientes no profanos.

Referencias

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Alberto Mengual, .

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